jueves, 22 de mayo de 2008

EMPUJA LA VAQUILLA

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aqui?
El señor calmadamente respondió:
- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los dias. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fué. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:
- Busca la vaquita, llévala al precipicio de alli en frente y empújala al barranco.
El joven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vió morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Asi lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fué recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía ahí hace unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo ahí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor:
- ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió:
- Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia la cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, el mundo casi se reduce a lo que la vaquita nos produce.
Descubre cual es tu vaquita para empujarla por el precipicio.

EL PARALITICO

Un predicador había estado dando conferencias en Hampshire, en un lugar alejado de la zona donde solía evangelizar. Al volver a su casa, pasó frente au pequeño grupo de casas que estaba oculto enre unas colinas y árboles. Una de las casas era una choza, desolada en extremo, y con muestras evidentes no solo de pobreza, sino también de descuido. El techo se caía a trozos, con agujeros por donde penetraba la luz del sol de día o la de las estrellas de noche. Cuando llovía, el agua encontraba un camino fácil por en medio de las goteras, y la nieve también se debía colar con facilidad. Había dos ventanas, una sobre otra, porque la casa era de un piso; pero había trozos de madera y paja rellenando los huecos en las paredes.
El pastor traspasó el humbral de aquella casa de miseria y encontró al ocupante de la casa. Éste tenía como 29 años de edad, y su aspecto era patético por lo desproporcionado de sus formas, producto de una crianza dolorosa por una madre borracha ¡Pobre Wiliam, sufrió mucho en su niñez! La influencia de esa madre malvada aún pesaba sobre él, y era ella quien remendaba las paredes. Tan repugnante era el estado de la casa, que el predicador estuvo a punto de marcharse, y dejar solo al pobre joven, que estaba sentado en u taburete bajo entre la mesa sucia y una silla rota. No había nada más en la habitación, excepto un libro abierto entre las piernas del pobre lisiado, que él estaba leyendo atentamente. El pastor le preguntó:
-¿Qué haces? ¿Qué lees?
-El nuevo testamento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo -fue la respuesta.
El predicador decidió que antes de presentarse y dar a conocer su oficio, intentaría conocer el verdadero carácter del hombre. Por lo tanto...
-¿Encuentras, como dicen muchas personas religiosas, que se deriva mucho bien de leer ese libro? ¿Crees que me haría mejor?
El joven miró con expresión de solemnidad y seriedad, lleno de significado y mostrando que ese cuerpo deformado era morada de un alma viva, dijo:
-Si el mismo Espiritu que movió a los santos hombres de antaño a escribirlo abre tu corazón, entonces te hará bien, sino no; porque "el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios; porque le son locura; ni las puede conocer, porque se deben discernir espiritualmente.
Este lenguaje era maravilloso para un hombre como aquel y en un lugar como ese. El pastor se olvidó entonces de las circunstancias, de la casa horrible y del aspecto externo de Wiliam, y se dio cuenta de que hablaba con uno que era de la generación escogida, real sacerdocio. El era un hermano amado; y al momento sintió los lazos de esa bendita comunión. Pero fiel a su plan original, decidió poner a prueba estas palabras, y le dijo:
-¿Cómo puedes saber eso? ¿Cómo llegaste a saberlo? Tú no eres un hombre de estudios...
El joven miró seriamente al predicador, como intentando descubrir su alma, y añadió:
-No sé quién es usted, señor, ni qué le ha traído aquí; pero este libro me dice que esté presto para dar a todo hombre que me lo pida la razón de la esperanza que hay en mí; y le pido a Dios que lo pueda hacer con humildad y temor. Usted ve, señor, que soy un lisiado, pero usted no sabe cuán gran pecador soy.
-¿Cómo es eso? No puedes emborracharte, apostar como otros hacen... ¿Cómo has pecado?
-Soy uno de los mayores pecadores del mundo. Yo pensé que porquye Dios me hizo un hombre lisiado y pobre, y me castigaba por nada, yo pensé que podría tener libertad para pecar; porque yo decía que Él no sería tan duro como para castigarme después de crearme paralítico. Y como era el pecado más fácil para mí, me dediquñe a jurar y a blasfemar horriblemente. Sin embargo, hace tres años, y bendito sea Dios por ello, un día cuando iba con las muletas a la puerta, me cogió muy fuertemente la luz del sol, y me doló, y clamé y caí al suelo. Entonces me vino un pensamiento: "¿Qué bien he hecho en toda mi vida? Ninguno. ¿Cómo pretendo ir al cielo? No iré allí, iré a otro lugar." Como ve no sabía de otra manera de ir al cielo que por mis buenas obras.
Bien -insistió el pastor- ¿hay otra manera aparte de las buenas obras para ganar el favor de Dios?
La cara del joven lisiado se iluminó mientras respondía:
Por las obras de la Ley nadie será justificado; porque por la Ley es el conocimiento del pecado; no por obras de justicia que hayamos hecho, sino según a su misericordia Él nos salvó por el lavamiento de la regeneración del Espíritu Santo, que Él derramó en nosotros abundantemente por Cristo Jesús nuestro Salvador. Pero en esta situación de desamparo, yo oré; y fueron oraciones muy extrañas, supongo, las más raras que usted haya oído en su vida. Pero Dios oyó mis oraciones. De alguna manera le agradaron. Orar es justo decirle a Dios lo que queremos de Él. Entonces me dediqué a leer el Nuevo Testamento que teníamos en casa. Al principio no encontré nada sino lo que me condenaba, palabras terribles: "serpientes y generación de víboras, ¿cómo escaparéis a la condenación del infierno? Entonces lo leí una y otra vez, y cuando llegué al bendito capítulo primero de la Primera Epístola de Juan, y leí esas preciosas palabras: "la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado", entonces sentí que su preciosa sangre me limpió, y me pareció estar en un mundo nuevo. Ahora podía arrepentirme, ahora podía creer, ahora podía amar a Dios; y si tuviera mil vidas, las habría entregado a Cristo.
-Bien -preguntó el pastor- ¿ya no has vuelto a pecar desde entonces?
Movió su cabeza con una sonrisa triste y contestó:
-Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
-Pero si ibas a pecar después de todo eso, ¿no será mejor seguir en ignorancia?
La rápida respuesta fue:
-Teniendo confianza que Él ha empezado la buena obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; si algún hombre peca, tenemos abogado con el Padre, Jesucristo el justo, y Él es la propiciación por nuestros pecados.
Este pobre paralítico, que nunca había leído otro libro salvo la Bibloia, nunco ayó un sermón, ni cruzó el umbral de una casa de oración, estaba, no obstante, por la enseñanza del Espíritu de Dios, aplicándose su Palabra, evidentemente haciéndose así sabio para salvación, rico en fe, un hijo de Dios y un heredero de su Reino. Él poseíabelleza espiritual, a pesar de su deformidad corporal; y aunque vestido de harapos, estaba cubierto con los gloriosos ropajes de justicia del Redentor.
Para probar a Wiliam en otra dirección, su desconocido amigo le preguntó:
-¿Piensas entonces que no te importa que peques, o como vivas, ahora que Él es tu Salvador?
Con santa indignación en su cara, exclamó:
-¡Dios lo prohiba! ¿Cómo nosotros que estamos muertos al pecado viviremos más en él? Porque el amor de Cristo nos constriñe; pensando esto, que si uno murió por todos, entonces todos murieron; y para que los que vivimos no vivamos para nosotros mismos sino para aquel que murió por nosotros, y resucitó.
Mientras decía esto con un espíritu muy serio, observó en la cara del predicador, y vió una lágrima. El pobre joven inmediatamente exclamó con gozo irreprensible:
-¡Estoy seguro de que usted no es lo que parece! Decidme ¿quién es usted?, y ¿por qué vino a verme?
La respuesta estaba madura ahora:
-Mi querido hermano cristiano, soy un pobre pecador que ha sido guiado como tú por el Espíritu Santo a confiar en que Jesús murió por los impíos. Acabo de decir a tus vecinos que "la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro".
El efecto de esta declaración sobre William fue inmediata. Se levantó como pudo de su asiento, cogió las manos del predicador, y cayendo sobre sus rodillas, exclamó una profunda y alegre acción de gracias:
-Oh, mi Dios te doy gracias. Has oído mi oración. Oré para que pudiera ver y hablar con uno de tu pueblo antes de morir.
Luego siguió una alegre charla sobre el Evangelio y los asuntos de Dios, y oraron y alabaron a Dios. Se volvió a visitar a William, que al poco eimpo, durmió en Jesús.

EL NOBLE Y EL CAMPESINO

Fleming era un agricultor pobre de Inglaterra. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para proporcionar sustento a su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente, soltó sus herramientas y corrió hacia la ciénaga. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando, luchando con todas sus fuerzas por intentar liberarse del fango. El agricultor, sin pensárselo dos veces, salvó al niño de lo que pudo haber supuesto una lenta y agónica muerte.

Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés. Un noble inglés, elegantemente vestido, descendió del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.
- Yo quiero recompensarle, dijo el noble inglés. Usted salvó la vida de mi hijo.
- No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice, respondió el campesino, rechazando la oferta. En ese momento, el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la humilde casa familiar.
- ¿Es ése su hijo? preguntó el noble.
- Sí, respondió el agricultor lleno de orgullo.
- Le voy a proponer un trato: deje que me lleve a su hijo y le ofrezca una buena educación. Si él es parecido a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso.
El modesto labrador, agradecido, aceptó la propuesta.

Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming, el agricultor, se graduó en la escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres y se convirtió en un personaje conocido en todo el mundo, el distinguido Sir Alexander Fleming, descubridor de la penicilina. Algunos años después, el hijo del noble inglés cayó enfermo de pulmonía. ¿Qué fue lo que le salvó? La penicilina. ¿El nombre del noble inglés? Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill, quien fuera primer ministro de Inglaterra.

Alguien dijo una vez: Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos.
Trabaja como si no necesitaras el dinero.
Sonríe como si nunca te hubieran herido.
Ama como si nunca nadie te hubiese defraudado.

EL ARBOL CONFUNDIDO

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: "No sabía quién era."
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. "¿Ves que fácil es?"
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y "¿Ves que bellas son?"
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: "No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... Sé tu
mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior."
Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió... Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión "Cúmplela".
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente felíz.

Yo me pregunto al ver a mí alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?
¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?
¿Cuántos naranjos que no saben florecer?
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar...

EL AMOR Y LA LOCURA

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los
hombres. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:

* ¿Vamos a jugar a las escondidas? La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó:

* ¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?

* Es un juego - explicó la LOCURA- en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA, la ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la VERDAD prefirió no esconderse. ¿Para qué?, si al final siempre la
hallaban, y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...

* Uno, dos, tres... comenzó a contar la LOCURA.

La primera en esconderse fue la PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO,que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos, que sí ¿un lago cristalino? Ideal para la BELLEZA. Que sí la ¿hendija de un árbol? Perfecto para la TIMIDEZ. Que sí el vuelo de la mariposa? Lo mejor para la VOLUPTOSIDAD. Que sí ¿una ráfaga de viento? Magnífico para la LIBERTAD.Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.

El EGOISMO, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes.

El OLVIDO... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es lo importante. Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

* Un millón - contó la LOCURA- y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la PEREZA solo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre Teología y la PASION y el DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.En un descuido encontró a la ENVIDIA y claro, así pudo deducir donde estaba el TRIUNFO.

Al EGOISMO no tuvo ni que buscarlo. Él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, el TALENTO entre la hierba fresca; a la ANGUSTIA, en una oscura cueva; a la MENTIRA detrás del arco iris...(mentira, si ella estaba en el fondo del océano), y hasta el OLVIDO... que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas, pero sólo el AMOR no aparecía por ningún sitio.

La LOCURA buscó detrás de cada árbol bajo, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al AMOR; la LOCURA no sabía qué hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez
se jugó a las escondidas en la Tierra:

¡¡¡ EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA !!!

PROTECCION

Al observar una película documental sobre la vida de los tiburones, un buzo descendía a las profundidades del mar, protegido por una jaula de barrotes de acero. Después de arrojar un cebo especial a las aguas, toda la zona se llenó de voraces tiburones que comenzaron a atacarlo.
Las escenas que siguieron evidenciaron la crueldad y fuerza de los escualos. Con gran violencia intentaban cercenar el cuerpo del hombre rana, y en su furia mordían los barrotes, perdiendo dientes en el intento. Entre el buzo y la muerte sólo estaban los barrotes de la jaula.
El Señor me mostró con claridad que debemos estar siempre revestidos de la armadura divina. Así nos ataca el enemigo: con furia y fuerza. Si nos cubrimos con la armadura de Cristo, se romperá los dientes sin conseguir tocarnos.
Salmos 3:3Mas tú, Dios, eres escudo alrededor de mí: Mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.Salmos 18:2Roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; Escudo mío, y la fuerza de mi salvacion mi refugio.Salmos 91:4Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad.

EL ASUNTO NO ES SER AMABBLE

Lectura: Romanos 3:21-28
Siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús. --Romanos 3:24.
Tus dos vecinos más cercanos son Ernestina Discusión y Jorge Sonrisa. Ernestina tiene una lengua mordaz y te informa rápidamente cuando la pelota de fútbol de tus hijos cae en su patio. Jorge, el hombre más amable que hayas podido conocer, siempre es amigable. Le encanta jugar pelota con los muchachos. Te regala verduras de su hortaliza y te ayuda siempre que lo necesitas.
¿No sería bueno que la señora Discusión se hiciera creyente en Cristo? Si Dios obrara en su vida podría llegar a ser tan amable como el señor Sonrisa. Es evidente que ella necesita al Señor, así que oras por ella. Nunca se te ocurre orar por el señor Sonrisa también.
Pero, ¿podría ser que no entendiéramos algo aquí? Jesús no murió en la cruz solamente para convertir a la gente difícil en gente amable. Toda persona, difícil o amable, necesita salvación. Él vino a pagar la pena por nuestros pecados con su muerte sacrificatoria (Romanos 5:6-8). Ofrece perdón a todos los que ponen su confianza en Él (3:28). Una vez que la persona nace de nuevo debe llegar a ser alguien más amable. Pero ese no es el propósito primordial del Señor cuando nos salva.
Tanto la señora Discusión como el señor Sonrisa necesitan a Dios. Sin Él están perdidos y necesitan Su salvación (tal como tú y yo). Fue por eso que vino Jesús, a ofrecernos nueva vida de arriba. TODOS NECESITAMOS SALVACIÓN, SEAMOS AMABLES O NO.