miércoles, 1 de abril de 2009

HOY..ENTENDERE LOS PROCESOS BUENOS DE DIOS

“Sabemos Que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman, y a los cuales él ha llamado de acuerdo a su propósito” Romanos 8:28.
Todo tiene una razón en la vida. Cada nube tiene un orillo plateado. Mirando hacía el infinito, Dios trabaja en maneras misteriosas. En una ocasión un Rey en Africa tuvo un amigo cercano con quién él creció.
El amigo tuvo una característica muy buena. El miraba en cada situación de la vida algo bueno. Siempre decía, Esto es bueno. Un día el rey y su amigo salieron a una expedición de cacería. El amigo cargó y preparó los rifles y revólveres para el rey.
El amigo hizo una carga equivocada en uno de rifles y cuando el rey disparó, perdió su dedo pulgar. Cuando el amigo vio lo sucedido al rey, dijo como de costumbre: “Esto es bueno”. El rey contestó, “No, no, esto no es bueno” y lo envío a la cárcel.
Al pasar un año, un día el rey cazaba un área de caníbales y de pronto los caníbales lo capturaron y lo llevaron a su aldea. Ataron sus manos y amontonaron madera y lo amarraron a una estaca. Cuando los caníbales estuvieron cerca para prender fuego a la madera y asar al rey notaron que al rey le faltaba el dedo pulgar.
Los caníbales eran muy supersticiosos y ellos nunca comieron alguien a quien le faltaba una parte y soltaron al rey y lo enviaron a su región. Cuando el volvió a su hogar, él recordó el suceso y sintiendo remordimiento por lo que el había hecho al amigo, fue de inmediato a la cárcel y le dijo al amigo: “Usted tenía razón, cuando perdí mi dedo eso fue bueno y ahora estoy muy triste y avergonzado contigo porque debido al hecho yo te encarcelé - He sido malo al hacer esto” Quiero librarte. Perdóname. El amigo le dijo: No, no te preocupes, aún esto es bueno.
El rey le dijo : Cómo te atreves a decir que aún esto es bueno. Si te he mantenido preso por un año. El amigo le dijo. Si no me hubieras metido preso yo habría estado con usted y los caníbales me hubiesen comido.
Esta anécdota corrobora lo dicho por el apóstol Pablo: “Sabemos Que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman, y a los cuales él ha llamado de acuerdo a su propósito”. Los hijos de Dios podemos ver por un cristal diferente y entender que nuestra vida no es un accidente, sino un propósito., Un propósito divino.
Hoy, quiero ver la vida de esta manera. La vida en esta perspectiva es una serie de hechos, eventos y personas para realización de vida en el propósito eterno de Dios.

Señor, Gracias por el diseño perfecto que le has dado a mi vida. Puedo ver en cada detalle y circunstancia la ejecución gloriosa de tu mano. Hoy quiero comprender que en cada situación tu obra y sacas provecho en el cumplimiento de tu propósito para mi vida. Amén

¡YA BASTA!

Después que Bob Ritchie se graduó de la universidad pasó las siguientes dos décadas atrapado en el amor al dinero y el progreso. Mudó a su familia cinco veces a causa de su carrera para poder ganar más dinero. Cada vez dejaban atrás cálidas iglesias locales y amigos.
Llegó un momento en que Bob y su familia raras veces tenían tiempo para estar juntos. A medida que Dios se volvió extraño para ellos, también el Señor se convirtió en un extraño. Bob se sentía desesperadamente solo y aislado. Puesto que cada vez estaba más descontento con su vida, dijo finalmente: “¡Ya basta!”
Hoy día, Bob testifica que Dios le enseñó el significado de la palabra reducción. Dejó de ir en pos del dinero, pasaba menos tiempo en el trabajo, compraba menos cosas y aprendió a estar contento con lo que tenía. La familia volvió a ser fiel al Señor y activa en la iglesia.
Santiago nos advirtió que no nos obsesionáramos con amasar riqueza (1:9-11; 5:1-6). Seamos ricos o pobres, el deseo del dinero puede apoderarse de nuestra vida sutilmente. Algunos personas han caído en sus garras sin ser conscientes de ello y se están marchitando en sus empresas (1:11).
¿Necesitas imitar el ejemplo de Bob? Tal vez sea hora de decir: “¡Ya basta!”
Santiago 1:11.. . . así también se marchitará el rico en medio de sus empresas.

UN SOLO SER

Él se llamaba Guillermo Durant; ella, Maggie da Silva. Como novios que eran, pasaron al altar. El ministro les hizo repetir los votos nupciales y luego pronunció las clásicas palabras bíblicas: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser» (Génesis 2:24). Acto seguido, los declaró esposo y esposa.

Guillermo no tenía trabajo, y pasaba el tiempo jugando póker. Maggie tenía título de maestra, pero tampoco tenía un empleo. No tenían auto, ni casa, ni muebles ni bienes. Durante doce años vivieron juntos, pero no unidos.

A los doce años de casados, el amigo que los había juntado, y que había presidido la boda, murió de un ataque cardíaco. Fue un golpe para los dos. Guillermo y Maggie se dieron cuenta de que si no se convertían de veras «en un solo ser», como dice la Biblia, ninguna fuerza tendrían ante los golpes de la vida.

Se dieron la mano. Se dieron un beso. Y se dieron, ellos mismos, el uno al otro. Comprendieron, al fin, el verdadero sentido del precepto: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.»

Esta es una novela basada en una historia verídica. Una pareja se casa en medio de la pobreza. Unen sus cuerpos, unen sus genes, unen sus actividades, pero no se unen ellos mismos. Cada hora del día se están peleando. No hay unidad. No hay armonía. No hay paz. Están juntos, pero no unidos.

Tras muchas pruebas, y tras la muerte súbita del mejor amigo, descubren el secreto. El esposo y la esposa deben ser un solo ser. Pueden tener distintos gustos, talentos, aficiones y características, pero Dios los diseñó para que fueran, allá en lo más profundo de su existencia, un solo ser: inconfundible, indestructible y eterno. Eso es amor como Dios lo prescribe.

¿Es ésta una descripción de la unión nuestra? ¿Hay paz en nuestro matrimonio? ¿Hay comunicación abierta? ¿Nos compartimos entre nosotros secretos, cuentos, gustos y placeres? ¿Hay armonía en nuestro hogar?

Si no lo hay, es porque no hemos comprendido que el amor no es sólo una emoción. Es una determinación. Tenemos que decidir amar a nuestro cónyuge, optar por ser dulces, determinar ser cariñosos y resolver ser comprensivos.

Comencemos hoy mismo a intercambiar palabras de amor. La más poderosa es: «¡Perdóname!» De hacerlo así, veremos que el amor genuino regresará a nuestro matrimonio. Es un misterio, pero es verdad. Dios desea ayudarnos a restaurar la paz en el hogar. Nos lo debemos el uno al otro, y se lo debemos a nuestros hijos. Determinemos amarnos, y veremos que el amor vendrá, tal vez más pronto de lo que nos imaginemos.

Hermano Pablo.

¿INMUNDO? ¡SE LIMPIO!

Lectura: Marcos 1:40-45
Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. —Marcos 1:41
Cuando leo Marcos 1:40-45 imagino la siguiente escena: Le vieron venir hacia ellos desde el otro lado del camino. Estaba agitando los brazos para advertirles que debían alejarse. Le reconocieron por el pañuelo que le cubría la nariz y la boca. Tenía las vestimentas rotas y la piel se le caía del cuerpo. Era un leproso, ¡un inmundo!
La multitud alrededor de Jesús se dispersó cuando el leproso se les abalanzó, poniéndose en medio de ellos. Todos tenían miedo de que les tocara porque entonces ellos mismos se harían inmundos. A los leprosos se les excluía de la vida religiosa de la comunidad, se les aislaba de la sociedad y se les obligaba a llevar luto por su propia muerte rasgando sus vestiduras.
Pero este leproso se echó a las pies de Jesús, clamando a Él en un acto de desesperación y fe para ser restaurado y volver a ser una persona íntegra: «Si quieres, puedes limpiarme» (v. 40). Teniendo misericordia de él, Jesús le tocó y le dijo: «Quiero, sé limpio» (v. 41). Jesús sanó al hombre de su lepra y le dijo que se mostrara al sacerdote del templo.
Jesús tiene el poder de limpiar, perdonar y restaurar a aquellos que han quedado atrapados sin esperanza e impotentes en su pecado y no pueden encontrar una salida. Confía en que Él te dirá: «Quiero, sé limpio».
Jesús es un especialista en la restauración.