sábado, 3 de enero de 2009

HOY..ESTARA CONMIGO EL COSOLADOR

Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Juan 16.
Hoy es un día hermoso para acercarme a Dios en entrega, devoción y oración. Hoy es día especial porque nuevamente tengo vida física y espiritual gracias a la misericordia y a la bondad del Señor. Al acercarme hoy en oración necesito recordar la lección hermosa que el Señor y Salvador nos enseñó a través de la escritura, la lección de que no estaríamos solos, pues él enviaría a nosotros el Consolador. Si hay alguna cosa en la tierra de la cual hoy puedo estar seguro es que el Padre Celestial desea que yo hoy sea lleno del Espíritu Santo y precisamente el Padre se deleita en darme el Espíritu Santo Hoy.
Si hoy aprendo la lección y me convenzo a mi mismo, de que la promesa del Padre es real. De que lo dicho por Jesús mi Salvador es verdad, de que él enviaría al Consolador y hoy aprovecho al máximo ese gran tesoro llegado de los cielos y que habita por la fe en mi corazón, entonces que libertad y poder para orar podré disfrutar a la vez seré un canal para que esa libertad y poder se derrame en la iglesia, sobre toda carne, sobre todo individuo y sobre cada esfuerzo especial. Quién aprende a conocer al Padre en la oración y apreciar la persona del Consolador en su vida, aprende a orar más confiadamente por otros y a moverse en dimensiones espirituales completamente nuevas.
La promesa de un Consolador es real y hoy la quiero aprovechar al máximo. El Padre nos da el Espíritu Santo y él es el compañero fiel y permanente. La persona del Espíritu Santo no vendrá hoy sobre mi, porque ya está en mi. Desde el momento que me humillo al Señor y entrego mi vida a él, desde ese momento la Escritura dice que el Espíritu viene a morar dentro de mi…y hoy quiere fluir a través de mi para revelar así la persona de Jesucristo a los demás. Hoy quiero ser un canal de bendición y de apoyo a otros. Quiero serlo a través de la oración y a través del amor que pueda compartir, porque el Consolador esta en mi y a través de mi operando.
Señor, Gracias por darme la hermosa persona del Espíritu Santo para ser mi Consolador y mi Ayudador. Es una gran promesa que ha llegado a mi corazón y esa promesa se hace realidad a través de mi, siendo el canal para el cual fluya el Consolador. Señor, en tu misericordia yo hoy puedo descansar y en tu misericordia yo hoy puedo confiar. Gracias por llenarme con tu poder y guiarme en el camino de tu sabiduría por tu Santo Espíritu. Hoy he aprendido en tu altar que no estoy solo, dentro de mi está el Consolador para guiarme a toda verdad. Gracias Señor por deleitarme con tus bondades y concediéndome la persona del Espíritu Santo como mi Consolador Amén.

IMPULSADO POR LA GRATITUD

Lectura: Hechos 20:22-24
Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. -1 Corintios 15:58
¿Cuál fue la novela más grande jamás escrita? Muchos lectores votarían por la obra de León Tolstoi, Guerra y Paz, la cual, dependiendo de la edición, bien puede tener más de mil páginas. Aun después de haber terminado su novela, Tolstoi siguió escribiendo -a menudo hasta el límite del agotamiento, incapaz de dormir, y al borde de un colapso.
Un día, un amigo le preguntó por qué seguía escribiendo y empujándose hasta el borde del agotamiento. le recordó a Tolstoi que era un rico conde ruso con siervos que siempre estaban a su ente-ra disposición, y que tenía un futuro asegurado.
Tolstoi le explicó que seguía escribiendo porque era el esclavo de una obsesión interna y un deseo que le consumía hasta lo más profundo de sus huesos. Sentía que tenía que seguir escribiendo o de lo contrario enloquecería.
El apóstol Pablo experimentó una obsesión similar, excepto que su impulso era motivado por Dios. Tal y como se lo explicó a sus amigos en Corinto, «el amor de Cristo nos constriñe» (2 Corintios 5:14). Esta era su pasión ardiente, un fuego emocional, una fuerza espiritual que le hacía compartir las buenas nuevas de Jesús y Su muerte y resurrección.
A lo largo de los años, ese celo dedicado ha caracterizado a muchos de los seguidores de nuestro Señor. Ojalá que una chispa de ese fuego arda en nuestros propios corazones.

La buena noticia es demasiado buena para que te la guardes.