miércoles, 27 de agosto de 2008

CUANDO CONOCES LA VERDAD

El tren ha comenzado a moverse. Está cargado de gente de todas las edades, la mayoría obreros y jóvenes estudiantes de universidad, tanto hombres como mujeres. Cerca a la ventana se sentaba un anciano con su hijo de 30 años.
Mientras el tren se mueve, el hijo está sobrecogido de gozo, encantado por el paisaje fuera.
“Ve, papá, el paisaje de los árboles verdes alejándose es muy hermoso”.
Esta conducta del hijo de 30 años hizo que los demás se sintieran incómodos con él. Todos comenzaron a murmurar una cosa u otra acerca de este hijo.
“Este tipo parece estar loco”, el recién casado Anup le susurró a su esposa.
De repente comenzó a llover. Las gotas de lluvia cayeron sobre los pasajeros a través de la ventana abieta. El hijo de 30 años, lleno de gozo decía: “Ves, papá, cuán hermosa es la lluvia…”
La esposa de Anup se molestó con las gotas de lluvia, ya que caían sobre su nuevo vestido, dañándolo.
“Anup, ¿no puedes ver que está lloviendo? Usted, anciano. Si su hijo no se siente bien, llévelo a un asilo mental pronto y no moleste a los demás”.
El anciano titubeó primero y entonces contestó en tono bajo: “Regresamos a casa del hospital. Mi hijo fue dado de alta esta mañana. Nació ciego y no fue sino hasta la semana pasada que recobró la vista. La lluvia y la naturaleza son nuevas a sus ojos. Por favor, perdónennos la inconveniencia causada”.
Enviado por Kartik Bodawala, Indi
¡Cuán necesario nos es el empatizar con los demás y tratar de colocarnos en sus zapatos! Y es que muchas veces lo que aparenta ser la realidad a primera vista, simplemente no lo es. Tal vez la clave consista en siempre darle a los demás el beneficio de la duda, reconociendo que lo que hacen debe tener sentido en sus mentes y corazones, que tal vez sea motivado por un trasfondo distinto al nuestro y que tal vez sea solo una reacción transitoria. Dejemos de jugar a ser dios y aceptemos que nunca tendremos toda la información ni comprensión completa de situación alguna y que, al emitir juicio debemos estar conscientes de ello. Si así lo hacemos, podremos siempre extender una mano amiga y tierna a quien ha experimentado menos bendiciones que nosotros. Adelante y que el Señor les bendiga.

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparadopara los que lo aman». 1 Corintios 2:9

CAIDA LIBRE

Lectura: Deuteronomio 32:1-14
El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos. . . . --Deuteronomio 33:27.
En el tierno cántico de Moisés que encontramos en la lectura bíblica para hoy, a Dios se lo presenta como un águila madre dedicada en quien sus polluelos pueden confiar, incluso en la aterradora experiencia de aprender a volar (Deuteronomio 32:11-12).
Un águila madre construye un nido cómodo para sus polluelos y lo acolcha con plumas de sus propio pecho. Sin embargo, el instinto dado por Dios que construye ese nido seguro también obliga a los polluelos a salir de ahí al poco tiempo. Las águilas están hechas para volar, y el águila madre no deja de enseñarles. Sólo entonces llegan a ser aquello para lo que fueron creadas.
Así que un día, el águila madre desarregla las ramitas del nido haciéndolo un lugar incómodo. Entonces agarra a un aguilucho perplejo, se eleva en los cielos y lo deja caer. El avecilla comienza una caída libre. ¿Dónde está mamá ahora? No está lejos. Al poco rato baja en picada y atrapa al pichón sobre una fuerte ala. Repite este ejercicio hasta que cada uno de los aguiluchos puede volar solo.
¿Tienes miedo a la caída libre? ¿No estás seguro de dónde vas a caer o qué tan duro te vas a golpear? Recuerda, Dios volará para rescatarte y abrirá sus brazos eternos debajo de ti. También te va a enseñar algo nuevo y maravilloso a través de ello. No hay que tener miedo a caer en los brazos de Dios.
EL AMOR DE DIOS NO NOS EVITA LAS PRUEBAS, SINO QUE NOS SOSTIENE EN MEDIO DE ELLAS.