jueves, 16 de septiembre de 2010

LLEVA LA LUZ

Había una vez,
hace cientos de años,
en una ciudad de Oriente,
un hombre que una noche caminaba
por las oscuras calles llevando
una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura
en las noches sin luna como aquella.
En determinado momento,
se encuentra con un amigo.
El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno,
el ciego del pueblo.
Entonces, le dice:
- ¿Qué haces Guno, tú ciego,
con una lámpara en la mano?
Si tú no ves..
Entonces,
el ciego le responde:
- Yo no llevo la lámpara para ver mi camino.
Yo conozco la oscuridad de las calles
de memoria.
Llevo la luz para que otros encuentren
su camino cuando me vean a mi...
No solo es importante la luz que me sirve a mí,
sino también la que yo uso para
que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar
el camino para uno y para que sea visto
por otros, aunque uno aparentemente
no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros
no es tarea fácil...
Muchas veces en vez de alumbrar
oscurecemos mucho más el camino
de los demás... ¿Cómo?
A través del desaliento, la crítica,
el egoísmo, el desamor, el odio,
el resentimiento...

¡Qué hermoso sería
sí todos ilumináramos los caminos