lunes, 26 de octubre de 2009

DOS MESES DE VIDA

Antes de que los comunistas ocuparan el territorio de China, fue llevada a un hospital cristiano en Cantón una mujer muy enferma. Allí la mujer oyó hablar de Cristo y le entregó su vida.
Un día la mujer le preguntó al doctor: —Doctor, ¿cuánto tiempo más puedo vivir si permanezco en el hospital?
—Más o menos cuatro meses —fue la respuesta.
—¿Y cuánto viviré si me voy a mi casa?
—No más de dos meses.
—Entonces, me voy a mi casa —dijo la mujer.
—Pero, usted perderá la mitad de la vida que le queda —añadió el doctor.
Una luz de gozo iluminó el rostro de aquella mujer y dijo con gran animación:
—¿Cree usted que no tendré gusto de dar la mitad de mi vida para decir a mis parientes y amigos la historia del amor de Cristo?
De acuerdo con su voluntad la mujer salió del hospital y se fue a su casa para pasar el corto tiempo de vida que le quedaba y emplearlo compartiendo las buenas nuevas que habían sido una fuente de consuelo para ella. En verdad, “ella amó mucho”.—Arnold.
La mejor decisión de nuestra vida, es invertir cada minuto de ella en alcanzar a quién aún no ha probado el dulce amor de Jesús. Cuando fue la última vez que le habló a alguien de el Señor? No crees que hoy es un buen día para hacerlo?
Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros.II Timoteo 2:2
Cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. II Pedro 1:16
Nosotros somos testigos de estos acontecimientos, y también lo es el Espíritu Santo que Dios ha dado a quienes le obedecen. Hechos 5:32

EL YO QUE MADURA

Lectura: 1 Pedro 5:8-11.
"Mas el Dios de toda gracia,... después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca" 1 Pedro 5:10
Durante sus primeros años de ministerio, el predicador inglés Charles Simeon (1759-1836) fue un hombre duro e insistente en cuanto a expresar sus propias opiniones. Un día estaba visitando a un amigo y compañero en la labor pastoral en una aldea cercana. Una vez que se despidió y se fue, las hijas del amigo se quejaron ante su padre de la manera de ser del predicador Simeon. Él llevó a las muchachas al jardín interior de la casa y les dijo: «Dadme algunos de esos melocotones». Era principios del verano y los melocotones estaban verdes. Las muchachas preguntaron por qué era su padre quería fruta verde y no madura. Él respondió: «Bueno, mis niñas, la fruta está verde ahora y debemos esperar; pero con un poquito más de sol y unas cuantas lluvias más, los melocotones estarán maduros y dulces. Lo mismo se aplica al Sr. Simeon».
A su debido tiempo, Charles Simeon efectivamente cambió. El calor del amor de Dios y las «lluvias» de malentendidos y decepciones fueron los medios por los que él llegó a ser un hombre gentil y humilde.
El Dios de toda gracia obra en todos Sus hijos, humillando a los orgullosos y exaltando a los humildes, a fin de hacerles maduros y dulces. Nuestra tarea es aferrarnos a la gracia de Dios para soportar nuestras aflicciones con paciencia, sin cansarnos.
Con el tiempo, Él nos «perfeccioUEUUUnará, afirmará y establecerá» (1 Pedro 5:10). Debemos «aguardar a Jehová» y «alentar nuestro corazón» (Salmos 27:14).
La salvación es el milagro de un momento; el crecimiento es la labor de toda una vida.