viernes, 9 de octubre de 2009

LE BAJARON LOS HUMOS

Un hombre que acababa de ser elegido al Parlamento Británico llevó su familia a Londres. Se sintió importante mientras les contaba de su nuevo empleo y los llevó a hacer un recorrido por la ciudad. Cuando entraron en la Abadía de Westminster, su hija de 8 años se quedó pasmada por el tamaño de la magnífica estructura. Su orgulloso padre le preguntó: «Querida, ¿en qué estás pensando?» Ella contestó: «Papi, estaba pensando en lo grande que eres en nuestra casa, y lo pequeño que te ves aquí.»
Sin saberlo, aquella niña dijo algo que su padre necesitaba escuchar. El orgullo puede infiltrarse en nuestra vida muy fácilmente, y de vez en cuando, es bueno que a uno «le bajen los humos». Necesitamos recordar que no hemos de tener un concepto de nosotros más alto que el debido (Romanos 12:3). Es fácil llegar a ser orgulloso cuando nos quedamos en nuestros propios círculos de la vida. Pero cuando nos arrojan en situaciones más grandes, con mayores demandas, presiones y competencia, nos impactamos al darnos cuenta de que los peces grandes de lagunas pequeñas se encogen rápidamente en un océano grande.
Santiago dijo: «Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes» (4:6). Así que pidamos al Señor que nos ayude a vernos como realmente somos. Con su ayuda, aprenderemos a deshacernos del necio orgullo. –Richard De Haan
. . digo . . . a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar. . . . –Romanos 12:3.

PRESENTANDOME

Lectura: Salmos 116.
"Porque ha inclinado a mí Su oído; por tanto, Le invocaré en todos mis días" Salmos 116:2
Leonardo da Vinci pasó diez años dibujando orejas, codos, manos y otras partes del cuerpo en muchos aspectos diferentes. Luego, un día puso a un lado los ejercicios y pintó lo que veía. De manera similar, los atletas y los músicos jamás llegan a ser grandes sin la práctica periódica.
Durante años me resistí a una rutina periódica de oración, pues creía que la comunicación con Dios debía ser espontánea y libre. Pero descubrí que necesitaba la disciplina de lo periódico para hacer posibles esos momentos excepcionales de comunicación libre con Dios. Finalmente aprendí que la espontaneidad a menudo fluye de la disciplina.
La autora Nancy Mairs dice que ella asiste a la iglesia con el mismo espíritu con que va a su escritorio cada mañana para escribir, para que, si llega una idea ella esté allí para recibirla. Yo me acerco a la oración del mismo modo. Continúo orando si siento que estoy obteniendo algún provecho o si no lo siento; me presento con la esperanza de llegar a conocer mejor a Dios, tal vez al saber de Él de maneras que sólo son accesibles por medio de la soledad.
La palabra en castellano «meditar» se deriva de una palabra en latín que significa «ensayar». A menudo, mis oraciones parecen una especie de ensayo. Repaso notas básicas (el Padrenuestro), practico piezas familiares (los Salmos) y trato unas cuantas nuevas tonadas. Principalmente, me presento.
La oración es la conversación íntima con nuestro Dios.