viernes, 23 de diciembre de 2011

CUANDO EL SUBMARINO SE HUNDE

Llevaba allí cuarenta y nueve años, casi medio siglo, descansando sobre blandas arenas, recostado sobre un flanco en medio del silencio y de la oscuridad. Dentro de él estaban los cuerpos de cincuenta marinos alemanes: la tripulación completa.

¿Qué era? Un submarino alemán de 80 metros de eslora, identificado como U-1226. Fue hundido en acción de guerra frente a las costas del Canadá, y fue descubierto casi medio siglo después. Lo halló el buceador Edward Michaud el 5 de junio de 1993.

El submarino debió de haber sufrido uno de los tantos dramas del mar que en su caso se tradujo en tragedia. Navegando frente a la costa atlántica del Canadá, fue cañoneado en octubre de 1944. Se hundió lenta e irremisiblemente, transformándose en la sepultura de sus cincuenta tripulantes. Pronto lo rodearon el silencio, la oscuridad y la eterna calma del fondo de los mares.

Fue un final trágico para esos cincuenta hombres. No hubo forma de salvarse. Eran prisioneros dentro del casco de acero que terminó siendo su sepultura. Así es la guerra, y así es la vida.

¿Qué hace uno cuando, aunque no se encuentre dentro de un submarino hundido, de todos modos se encuentra dentro de una situación adversa que parece tragárselo vivo? Ve uno, poco a poco, hundirse su vida en el mar de la desesperación, y no hay nada que puede hacer para detener el naufragio. ¿Qué hace uno? ¿A quién acude? ¿Hay alguna solución?

Probablemente la mayoría de nuestras adversidades tienen una causa humana y, por lo tanto, una solución humana. Gran parte del tiempo somos nosotros mismos los que provocamos nuestras tragedias. Volviendo sobre nuestros pasos podemos, muchas veces, hallar dónde y cómo comenzó nuestro mal. Y si en humildad nos despojamos de toda rebeldía y pedimos perdón a quien hemos ofendido, allí queda resuelto nuestro problema.

Sin embargo, otras veces parece no haber solución. Todas las puertas están cerradas y no hay escape. Es en esos momentos y para esas situaciones que tenemos que deponer nuestro orgullo y confesarle a Dios nuestra inhabilidad. La obstinación es nuestro enemigo número uno, ya que no nos deja encontrar a Dios. Y sin embargo, es Él quien puede librarnos del naufragio.

Humillémonos ante nuestro Creador. Dios nos ama. Él sólo espera escuchar nuestra oración. Digámosle: «Señor, te necesito. ¡Ayúdame, por favor!» De hacerlo así, Él nos rescatará.

Hermano Pablo

¿INMUNES FRENTE A LA NAVIDAD?

En algunos países de tradición cristiana puede observarse que los preparativos de la Navidad comienzan muy temprano. Por ejemplo, particularmente en un país de Europa Central pueden verse desde mediados de septiembre algunos productos típicos en los estantes de los supermercados, que sugieren que la Navidad se acerca. En los sucesivos meses, esa aparición tímida de figuras y personajes “navideños” se va transformando en el centro de atención del consumidor. En los programas radiales es posible escuchar al locutor hacer la cuenta regresiva –con más de un mes de anticipación– de los días que faltan para la celebración de dicha festividad.

Tanto derroche de personajes de chocolate y mazapán pareciera no significar debidamente la Navidad, ya que paradójicamente, esa socie dad preocupada por cumplir con todas las tradiciones, se encuentra inmune al verdadero significado de la Navidad. ¿Será tal vez que el exceso sin significado inmuniza?

Contrariamente al ejemplo anterior pueden verse en otras latitudes del mundo personas que, con marcado desinterés, festejan la Navidad solo porque así lo indica el calendario.

Sea por exceso o por desidia, muchas personas se están perdiendo de festejar y disfrutar el verdadero significado de la Navidad.

“Pero el ángel les dijo: No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11, NVI). ¡Cuán confortantes son las palabras de esta cita bíblica! En ellas podemos encontrar claramente el verdadero sentido de la Navidad: El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Y no solo eso, sino que también podemos ver todos los beneficios q ue trajo a la humanidad: buenas noticias, alegría, salvación…

Probablemente nos encontremos inmunes al mensaje de Navidad, pues después de haber escuchado tantas veces las mismas frases –sin conocer de manera personal su significado–, se nos han hecho huecas. Pero hay buenas noticias para todo aquel que quiera volver a descubrir la importancia de esta festividad. Jesús, el Hijo de Dios, nació, vivió, murió y resucitó para que toda la humanidad tenga vida y en abundancia: “…yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10, NVI). Ese bienestar interior que todos anhelamos es la vida abundante que Jesús nos ofrece; Él hace posible que todo alrededor nuestro vuelva a tener sentido, aún aquello que creíamos perdido. Él puede restaurarnos de ese estado de resistencia –muchas veces infundado– que teníamos a las cosas de Dios.

Simplemente tenemos que acercarnos a Jesús con un corazón sincero y decirle que reconocemos que hemos vivido sin Él y por lo tanto estábamos alejados de Dios a causa del pecado. Los brazos del Hijo de Dios están abiertos para recibir a todo aquel que se arrepiente de corazón y le entrega su vida. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3: 16, NVI).

Creer en Jesús es la clave para que la Navidad vuelva a tener significado.

Patricia Götz

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org
PCG

CARTA DE JESÚS

¿Como estás? sólo te envió esta carta para contarte lo mucho que te amo y lo mucho que pienso en ti. Como sabes nos acercamos a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo.
En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la TV, por todas partes no se habla de otras cosas sino de lo poco que falta para que llegue navidad.
Es agradable saber que, al menos, un día al año algunas personas piensan un poco en mi.

Como tú sabes, hace muchos años comenzaron a festejar mi cumpleaños; al principio parecían comprender lo mucho que hice por ellos pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no saben de qué se trata.
Recuerdo el año pasado. Al llegar este día, hicieron una gran fiesta en mi honor, pero, ¿sabes una cosa?. Ni siquiera me invitaron.

Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llego el día me dejaron afuera, me cerraron la puerta ¡y yo quería compartir con ellos!
La verdad, no me sorprendí porque en los últimos años me cierran la puerta. Como no me invitaron se me ocurrió entrar de incógnito, discretamente me quede en un rincón.
Estaban todos bebiendo, había algunos ya borrachos, contando chistes, carcajeándose; la estaban pasando en grande, para colmo llego un hombre vestido de rojo, de barba blanca y gritando jo, jo, jo,” parecía que había bebido de más se dejo caer pesadamente en un sillón y todos los niños corriendo hacia el saludándolo y luego lo abrazaron, ¡como si la fiesta fuera en su honor! llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse;

Yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara pero ¿sabes? nadie me abrazo. Comprendí: entonces que yo sobraba en esa fiesta, Salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retire.
Tal vez creas que nunca lloro, pero esa noche lloré, me sentía destruido, como un ser abandonado, triste y olvidado.

Me llegó tan hondo, y estaba tan desolado, pero al pasar por tu casa, tú y tu familia me invitó a pasar, además me trataron como un Rey, realizaron una fiesta en mi honor y cantaron las mañanitas; hacia tiempo que a nadie se le ocurría eso. Que mi Padre bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar con ellas. También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de su casa.
¿Sabes que hay países en los que se esta prohibido poner nacimientos?
Hasta se considera ilegal.

Otra cosa que me asombro, es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mi, se regalan unos a otros tu, que sentirías si el día de tu cumpleaños se dieran obsequios unos a otros y a ti no te tomaran en cuenta?
Una vez alguien dijo: como te voy a regalar algo si a ti nunca te veo.
Ya te imaginaras lo que le dije: regala comida, ropa y ayuda a los pobres, visita a los enfermos y a los que están solos y lo contare como si lo hubieras hecho por mí.
Voy a contarte un secreto: he pensado que como nadie me invita a su fiesta.
He decidido hacer mi propia fiesta, grandiosa como la que jamás nadie hubiera imaginado, una fiesta espectacular con grandes personalidades como Abraham, Moisés, El Rey David y otros.

Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que quizá no sea este año. Estoy enviando muchas invitaciones y hoy, querido amigo, hay una para ti. Solo quiero que me digas si quieres asistir y te reservare un lugar y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados.
En esta fiesta solo habrá invitados con previa reservación y se quedara afuera quien no haya contestado mi invitación.
Prepárate, porque cuando todo este listo, daré la gran sorpresa.
¡Hasta pronto! Te ama…….Jesús.

NAVIDAD: CURA DIVINA

Lectura: Juan 1:10-18.
"… la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" Juan 1:17
Si tu médico te llamara y te dijera con voz seria: «Por favor, venga lo antes posible. Tengo algo que conversar con usted», ¡sabrías que hay malas noticias! Tu primera reacción podría ser: «No, no quiero enterarme». Pero igualmente vas, porque sólo cuando averiguas el diagnóstico puedes saber cómo se cura.
Dios, nuestro gran Médico, también tiene malas noticias… pero sobre la condición espiritual del hombre. Cuando expresamente les advirtió a Adán y Eva que no comieran del fruto prohibido, el Señor le dijo a Adán que toda la humanidad moriría, tanto espiritual como físicamente. Esto sí que es una mala noticia.
No obstante, Él también dio la solución: prometió enviar un Salvador (Génesis 3:15). El apóstol Juan nos dice: «… la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Ahora bien, ¿cómo ayuda todo esto? Jesús vino aquella primera Navidad para traer la gracia de Dios, algo que ninguno de nosotros merece porque, como Adán, todos hemos pecado. Pero Él también vino para revertir lo que ese pecado había generado; para ser la verdad (Juan 14:6) que nos llevaría de regreso al Padre, y cumplir así las palabras de Mateo 1:21: «… él salvará a su pueblo de sus pecados».
Escucha lo que el gran Médico dice en la Biblia sobre tu condición espiritual. Después, acepta la cura que Él ha provisto: el regalo de la salvación por medio de Cristo.
El Médico celestial es el único que puede curar la ceguera del espíritu.