sábado, 31 de diciembre de 2011

viernes, 30 de diciembre de 2011

PROVERBIOS 18:14

ANDAR EN BICICLETA

Lectura: Hebreos 11:32-40.
"Y todos éstos, […] alcanzaron buen testimonio mediante la fe…" Hebreos 11:3
En una carta que le envió a su hijo Eduard, Albert Einstein le aconsejó lo siguiente: «La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio hay que seguir moviéndose». El consejo del gran físico es sabio y práctico.
Este mismo concepto puede aplicarse a la vida cristiana. Por fe, muchos creyentes siguen avanzando mientras atraviesan circunstancias difíciles y angustiantes. Pero, cuando experimentan alguna falla moral, pierden el equilibrio y se caen. Entonces, su pesar y el sentirse indignos del perdón de Dios puede llegar a mantenerlos en el suelo e impedirles seguir avanzando en su crecimiento espiritual.
La Biblia nos da numerosos ejemplos de personas que vivieron graves fracasos personales. Abram le mintió al faraón con respecto a su esposa Sara (Génesis 12:11-17). Jacob engañó a su padre para conseguir la bendición de Esaú (Génesis 27:18-29). Moisés desobedeció a Dios al golpear la roca en vez de hablarle (Números 20:7-12). A pesar de sus caídas, se nos dice: «… todos éstos, […] alcanzaron buen testimonio mediante la fe» (Hebreos 11:39).
Estos personajes bíblicos se elevan como ejemplos porque, después de haber caído, regresaron al Señor y comenzaron a seguirlo otra vez. ¿Has perdido tu equilibrio espiritual con una decisión pecaminosa que te impide seguir adelante? Arrepiéntete y vuelve a seguir al Dios de las segundas oportunidades.
Nuestro Señor es un Dios de segundas oportunidades.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

MATE0 18:23-35

EL ÚLTIMO SALTO DE TIFFANIE

La muchacha, esbelta, grácil y elegante, saltó del trampolín. Dio tres vueltas en el aire, en forma impecable, y cayó de cabeza en la piscina. Con ese salto magistral ganó el derecho de representar a Inglaterra, su patria, en los juegos olímpicos. ¿Quién era ella? Era Tiffanie Trail, joven de veintidós años de edad.

Lamentablemente Tiffanie no logró su sueño. Una lesión en la muñeca derecha la alejó de las competencias. Decepcionada, se fue a vivir a Sydney, Australia.

Un día, en Sydney, ensayó de nuevo el salto. Pero no lo hizo desde el trampolín de una piscina. Lo hizo desde el balcón de su apartamento, en el piso 23 de un rascacielos, a 69 metros de altura. La joven deportista, con una brillante carrera por delante, murió abrumada de tristeza.

¿Cuál será la decepción que tanto deprime a una persona que decide quitarse su propia vida? En el caso de Tiffanie fue, primero, el divorcio de sus padres. Esto la dejó devastada. Después fue la muerte de su novio, que pereció ahogado en el mar. Y finalmente fue la lesión en el brazo, por la que tuvo que abandonar su carrera. Aun cuando no podamos aprobar el suicidio, podemos comprender al suicida. La vida trae, para ciertas personas, tal carga de angustias que a veces, sin querer, tornan sus pensamientos hacia el suicidio.

El filósofo alemán Federico Nietzsche lo expresó así: «El pensamiento de suicidio es una gran fuente de consuelo con el que podemos pasar en calma toda una noche.» Es de notarse que Nietzsche murió severamente enajenado. Su ideología existencialista fue insuficiente para sostenerlo en el momento de su angustia. El suicidio es un consuelo magro, sin esperanza, sin expectativa y sin destino, que nada bueno puede traer.

Cuando las cargas de la vida se acumulan, cuando los dolores se vuelven insoportables, cuando, como dijo el poeta, «sólo abrojos nuestra planta pisa,» no es en el suicidio que debemos pensar. Debemos pensar en Aquel que es fuente de vida, de fortaleza, de consuelo y de paz.

Habrá quien diga: «Aun Dios me ha fallado.» Pero lo dice porque nunca ha buscado realmente a Dios. Cristo, el Hijo de Dios, Dios hecho carne, es nuestra esperanza segura. Clamemos a Él desde el fondo de nuestra angustia. Jesucristo escucha nuestro clamor aun antes que sale de nuestra boca. No cedamos al suicidio. Sometámonos más bien a la voluntad de Dios. En Él hay paz, serenidad y concordia. En Él hay esperanza. En Él hay vida. Él, y no el suicidio, es nuestra única seguridad.

Hermano Pablo

domingo, 25 de diciembre de 2011

¡ASOMBROSO!

Lectura: Mateo 1:18-25.
"Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer" Mateo 1:24
La historia de la Navidad, registrada en Mateo y en Lucas, se ha vuelto tan conocida que me pregunto si llegamos a captar la importancia de lo que realmente sucedió: Un ángel le dijo a una muchacha virgen que ella concebiría un hijo por el poder del Espíritu Santo (Lucas 1:26-38). Después, ese ángel le dijo al novio de la joven que se casara con ella y que le pusiera al niño el nombre Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). Los pastores vieron ángeles en el cielo que les comunicaban que un Salvador nacería en Belén (Lucas 2:11). Unos hombres sabios viajaron miles de kilómetros para adorar a Aquel a quien denominaron «el rey de los judíos, que ha nacido» (Mateo 2:2). ¡Asombroso!
Así de sorprendente es también que María, José, los pastores y los sabios hicieran exactamente lo que se les había dicho. María se sometió a Dios; José la tomó por esposa y la llevó a su casa; los pastores fueron a Belén a buscar al bebé que estaba en un pesebre; y los sabios siguieron la estrella. Sin tener idea de lo que sucedería, todos ellos dieron el paso siguiente por fe en el Señor. ¡Asombroso!
¿Qué haremos nosotros en esta Navidad? ¿Confiaremos en Dios y seguiremos Su guía, aunque enfrentemos incertidumbres y circunstancias abrumadoras?
¡Cuando tú y yo obedecemos al Señor, el resultado es realmente asombroso!
La fe nunca sabe hacia dónde va, pero conoce y ama al Guía.

FELICIDADES


desde el blog de la iglesia la Paz queremos desearos unas muy felices fiestas dando honor a quien realmente se lo merece, porque en estas fiestas se celebra el nacimiento del hijo de Dios" Jesús" nuestro salvador bueno no solo nuestro sino que de todo el mundo y no solo nos salvara también sera nuestro guía y nos instruirá.

sábado, 24 de diciembre de 2011

¡PAZ EN LA TIERRA?

Lectura: Lucas 2:8-14.
"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da…" Juan 14:27
No querría provocar una pelea contra un cielo repleto de ángeles, pero debo admitir que siempre me he preguntado sobre la promesa de paz que la hueste angelical les hizo a los pastores en los campos aledaños a Belén. En los últimos 2.000 años, la paz en nuestro planeta ha sido, al menos, un ente extraño. Las guerras siguen cobrándose vidas inocentes, la violencia doméstica es una tragedia creciente, los divorcios aumentan terriblemente, las iglesias se dividen y la paz en nuestro corazón intranquilo y descarriado parece ser un sueño inalcanzable.
¿Dónde está la paz prometida? En realidad, pensándolo bien, podemos ver que Jesús trajo todo lo necesario para la paz mundial. Él enseñó el principio de la paz: llamó a las personas a amar a sus prójimos como se aman a sí mismas. Y cuando estaba yéndose de este planeta, dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy…» (Juan 14:27). El Señor nos dijo que pusiéramos la otra mejilla, que recorriéramos la segunda milla, que perdonáramos las ofensas, que evitáramos la codicia, que toleráramos las debilidades de los demás, que viviéramos para servirnos y amarnos, como Él nos ha amado.
Parece ser que, en gran medida, la paz depende de nosotros. Pablo lo confirma en Romanos 12:18: «… en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres». En esta Navidad, regalémosle la paz al mundo en que vivimos al ser un reflejo del Príncipe de paz.
Cuando experimentamos la paz de Dios, podemos compartirla con los demás.

NOCHE DE HOSANNA


Un hombre y una mujer llegan a Belén de Judá...
Sus rostros lucen cansados, en sus ojos se puede ver
el esfuerzo realizado por llegar.

Son ellos María y José...
Han venido desde Nazaret cumpliendo en humildad
con un edicto que ha sido promulgado,
y firmado por Augusto César, el emperador romano.
El ha decidido los tributos aumentar,
y los judíos viajan cansados -hasta su ciudad natal-
para ser empadronados.

María, que está embarazada, de momento es percatada
que el Hijo de sus entrañas está pidiendo nacer,
¡Y aún no tienen posada!
¡No hay lugar en el mesón!
Mas ella no siente temor -ella está confiada
en su Señor y su Dios.-
En ese Dios Onminpotente que le hizo sombra a su
vientre y en ella un Hijo engendró,
mediante su Espíritu Santo y no por obra de varón;
ese Dios Todopoderoso en esta noche Suprema
también hará provisión.

Y prosiguen su camino en espera de ese albergue
que los ha de cobijar.
Sus pasos van silenciosos... sus mentes en oración,
suplicándole a su Dios que El haga fuerte lo endeble.
Y caminando sin rumbo... y cansados de caminar,
pero con fe y esperanza ardiendo en su corazón,
de pronto se han detenido ante un humilde pesebre...
¡Dios ha hecho provisión!

Y en aquel humilde pesebre, comedero de ganado,
oliente a naturaleza y pobremente alumbrado;
en aquella noche fría...
entre el ruido de animales y unos dolores de parto
que le causan agonía...
a las doce de la noche nace el Hijo de María.

Nace el Hijo de María que nueve meses atrás
fue anunciado por Gabriel...
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo del Dios Altísimo!
¡El esperado Mesías y Salvador de Israel!
Y María sonriente, olvidado ya el dolor,
lo toma entre tus brazos y lo arrulla tiernamente
con ternura y con amor...
Los ángeles del cielo han inundado el pesebre
de alabanzas y loor...
¡Es una noche de Hosanna, noche de Salvación!

Lo que el ángel Gabriel a María no le dijo,
es que perversos jinetes han salido tras su Hijo.
Cabalgan en pos de El, y no hay nada en este mundo
que los pueda detener.
Cabalga un Getsemaní, cabalga un Calvario,
cabalga una espada, un Judas y una Cruz;
y en su cabalgar constante,
en un futuro no distante alcanzarán a Jesús.

Pero esta noche de Hosanna, en esta noche de Paz,
el corazón de María no lo pueden perturbar
ni plañideras, ni endechas, ni jinetes que cabalgan,
ni espada o lamentación...
¡No! ¡Todo eso puede esperar!
En el humilde pesebre el tiempo se ha detenido
en un éxtasis profundo...
María contempla a su Niño embelesada de amor.
Ella lo envuelve en pañales, lo arrulla contra su pecho,
y sus brazos maternales lo protegen de la Cruz...
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo de Dios Altísimo!
¡Es el Salvador del mundo!
Y su nombre, su nombre es Jesús...

viernes, 23 de diciembre de 2011

CUANDO EL SUBMARINO SE HUNDE

Llevaba allí cuarenta y nueve años, casi medio siglo, descansando sobre blandas arenas, recostado sobre un flanco en medio del silencio y de la oscuridad. Dentro de él estaban los cuerpos de cincuenta marinos alemanes: la tripulación completa.

¿Qué era? Un submarino alemán de 80 metros de eslora, identificado como U-1226. Fue hundido en acción de guerra frente a las costas del Canadá, y fue descubierto casi medio siglo después. Lo halló el buceador Edward Michaud el 5 de junio de 1993.

El submarino debió de haber sufrido uno de los tantos dramas del mar que en su caso se tradujo en tragedia. Navegando frente a la costa atlántica del Canadá, fue cañoneado en octubre de 1944. Se hundió lenta e irremisiblemente, transformándose en la sepultura de sus cincuenta tripulantes. Pronto lo rodearon el silencio, la oscuridad y la eterna calma del fondo de los mares.

Fue un final trágico para esos cincuenta hombres. No hubo forma de salvarse. Eran prisioneros dentro del casco de acero que terminó siendo su sepultura. Así es la guerra, y así es la vida.

¿Qué hace uno cuando, aunque no se encuentre dentro de un submarino hundido, de todos modos se encuentra dentro de una situación adversa que parece tragárselo vivo? Ve uno, poco a poco, hundirse su vida en el mar de la desesperación, y no hay nada que puede hacer para detener el naufragio. ¿Qué hace uno? ¿A quién acude? ¿Hay alguna solución?

Probablemente la mayoría de nuestras adversidades tienen una causa humana y, por lo tanto, una solución humana. Gran parte del tiempo somos nosotros mismos los que provocamos nuestras tragedias. Volviendo sobre nuestros pasos podemos, muchas veces, hallar dónde y cómo comenzó nuestro mal. Y si en humildad nos despojamos de toda rebeldía y pedimos perdón a quien hemos ofendido, allí queda resuelto nuestro problema.

Sin embargo, otras veces parece no haber solución. Todas las puertas están cerradas y no hay escape. Es en esos momentos y para esas situaciones que tenemos que deponer nuestro orgullo y confesarle a Dios nuestra inhabilidad. La obstinación es nuestro enemigo número uno, ya que no nos deja encontrar a Dios. Y sin embargo, es Él quien puede librarnos del naufragio.

Humillémonos ante nuestro Creador. Dios nos ama. Él sólo espera escuchar nuestra oración. Digámosle: «Señor, te necesito. ¡Ayúdame, por favor!» De hacerlo así, Él nos rescatará.

Hermano Pablo

¿INMUNES FRENTE A LA NAVIDAD?

En algunos países de tradición cristiana puede observarse que los preparativos de la Navidad comienzan muy temprano. Por ejemplo, particularmente en un país de Europa Central pueden verse desde mediados de septiembre algunos productos típicos en los estantes de los supermercados, que sugieren que la Navidad se acerca. En los sucesivos meses, esa aparición tímida de figuras y personajes “navideños” se va transformando en el centro de atención del consumidor. En los programas radiales es posible escuchar al locutor hacer la cuenta regresiva –con más de un mes de anticipación– de los días que faltan para la celebración de dicha festividad.

Tanto derroche de personajes de chocolate y mazapán pareciera no significar debidamente la Navidad, ya que paradójicamente, esa socie dad preocupada por cumplir con todas las tradiciones, se encuentra inmune al verdadero significado de la Navidad. ¿Será tal vez que el exceso sin significado inmuniza?

Contrariamente al ejemplo anterior pueden verse en otras latitudes del mundo personas que, con marcado desinterés, festejan la Navidad solo porque así lo indica el calendario.

Sea por exceso o por desidia, muchas personas se están perdiendo de festejar y disfrutar el verdadero significado de la Navidad.

“Pero el ángel les dijo: No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11, NVI). ¡Cuán confortantes son las palabras de esta cita bíblica! En ellas podemos encontrar claramente el verdadero sentido de la Navidad: El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Y no solo eso, sino que también podemos ver todos los beneficios q ue trajo a la humanidad: buenas noticias, alegría, salvación…

Probablemente nos encontremos inmunes al mensaje de Navidad, pues después de haber escuchado tantas veces las mismas frases –sin conocer de manera personal su significado–, se nos han hecho huecas. Pero hay buenas noticias para todo aquel que quiera volver a descubrir la importancia de esta festividad. Jesús, el Hijo de Dios, nació, vivió, murió y resucitó para que toda la humanidad tenga vida y en abundancia: “…yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10, NVI). Ese bienestar interior que todos anhelamos es la vida abundante que Jesús nos ofrece; Él hace posible que todo alrededor nuestro vuelva a tener sentido, aún aquello que creíamos perdido. Él puede restaurarnos de ese estado de resistencia –muchas veces infundado– que teníamos a las cosas de Dios.

Simplemente tenemos que acercarnos a Jesús con un corazón sincero y decirle que reconocemos que hemos vivido sin Él y por lo tanto estábamos alejados de Dios a causa del pecado. Los brazos del Hijo de Dios están abiertos para recibir a todo aquel que se arrepiente de corazón y le entrega su vida. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3: 16, NVI).

Creer en Jesús es la clave para que la Navidad vuelva a tener significado.

Patricia Götz

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org
PCG

CARTA DE JESÚS

¿Como estás? sólo te envió esta carta para contarte lo mucho que te amo y lo mucho que pienso en ti. Como sabes nos acercamos a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo.
En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la TV, por todas partes no se habla de otras cosas sino de lo poco que falta para que llegue navidad.
Es agradable saber que, al menos, un día al año algunas personas piensan un poco en mi.

Como tú sabes, hace muchos años comenzaron a festejar mi cumpleaños; al principio parecían comprender lo mucho que hice por ellos pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no saben de qué se trata.
Recuerdo el año pasado. Al llegar este día, hicieron una gran fiesta en mi honor, pero, ¿sabes una cosa?. Ni siquiera me invitaron.

Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llego el día me dejaron afuera, me cerraron la puerta ¡y yo quería compartir con ellos!
La verdad, no me sorprendí porque en los últimos años me cierran la puerta. Como no me invitaron se me ocurrió entrar de incógnito, discretamente me quede en un rincón.
Estaban todos bebiendo, había algunos ya borrachos, contando chistes, carcajeándose; la estaban pasando en grande, para colmo llego un hombre vestido de rojo, de barba blanca y gritando jo, jo, jo,” parecía que había bebido de más se dejo caer pesadamente en un sillón y todos los niños corriendo hacia el saludándolo y luego lo abrazaron, ¡como si la fiesta fuera en su honor! llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse;

Yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara pero ¿sabes? nadie me abrazo. Comprendí: entonces que yo sobraba en esa fiesta, Salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retire.
Tal vez creas que nunca lloro, pero esa noche lloré, me sentía destruido, como un ser abandonado, triste y olvidado.

Me llegó tan hondo, y estaba tan desolado, pero al pasar por tu casa, tú y tu familia me invitó a pasar, además me trataron como un Rey, realizaron una fiesta en mi honor y cantaron las mañanitas; hacia tiempo que a nadie se le ocurría eso. Que mi Padre bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar con ellas. También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de su casa.
¿Sabes que hay países en los que se esta prohibido poner nacimientos?
Hasta se considera ilegal.

Otra cosa que me asombro, es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mi, se regalan unos a otros tu, que sentirías si el día de tu cumpleaños se dieran obsequios unos a otros y a ti no te tomaran en cuenta?
Una vez alguien dijo: como te voy a regalar algo si a ti nunca te veo.
Ya te imaginaras lo que le dije: regala comida, ropa y ayuda a los pobres, visita a los enfermos y a los que están solos y lo contare como si lo hubieras hecho por mí.
Voy a contarte un secreto: he pensado que como nadie me invita a su fiesta.
He decidido hacer mi propia fiesta, grandiosa como la que jamás nadie hubiera imaginado, una fiesta espectacular con grandes personalidades como Abraham, Moisés, El Rey David y otros.

Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que quizá no sea este año. Estoy enviando muchas invitaciones y hoy, querido amigo, hay una para ti. Solo quiero que me digas si quieres asistir y te reservare un lugar y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados.
En esta fiesta solo habrá invitados con previa reservación y se quedara afuera quien no haya contestado mi invitación.
Prepárate, porque cuando todo este listo, daré la gran sorpresa.
¡Hasta pronto! Te ama…….Jesús.

NAVIDAD: CURA DIVINA

Lectura: Juan 1:10-18.
"… la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" Juan 1:17
Si tu médico te llamara y te dijera con voz seria: «Por favor, venga lo antes posible. Tengo algo que conversar con usted», ¡sabrías que hay malas noticias! Tu primera reacción podría ser: «No, no quiero enterarme». Pero igualmente vas, porque sólo cuando averiguas el diagnóstico puedes saber cómo se cura.
Dios, nuestro gran Médico, también tiene malas noticias… pero sobre la condición espiritual del hombre. Cuando expresamente les advirtió a Adán y Eva que no comieran del fruto prohibido, el Señor le dijo a Adán que toda la humanidad moriría, tanto espiritual como físicamente. Esto sí que es una mala noticia.
No obstante, Él también dio la solución: prometió enviar un Salvador (Génesis 3:15). El apóstol Juan nos dice: «… la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Ahora bien, ¿cómo ayuda todo esto? Jesús vino aquella primera Navidad para traer la gracia de Dios, algo que ninguno de nosotros merece porque, como Adán, todos hemos pecado. Pero Él también vino para revertir lo que ese pecado había generado; para ser la verdad (Juan 14:6) que nos llevaría de regreso al Padre, y cumplir así las palabras de Mateo 1:21: «… él salvará a su pueblo de sus pecados».
Escucha lo que el gran Médico dice en la Biblia sobre tu condición espiritual. Después, acepta la cura que Él ha provisto: el regalo de la salvación por medio de Cristo.
El Médico celestial es el único que puede curar la ceguera del espíritu.

jueves, 22 de diciembre de 2011

EL PESEBRE

En 1994 dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios bíblicos.

Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato. En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:

Se acercaba la epoca de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos acerca de María y José llegando a Belen, de como no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesus nació y fue puesto en un pesebre.

A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra. Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de carton para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dió un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo habia llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores.

Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camison que una señora americana se olvido al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebe. De un fieltro marron que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebe.

Mientras los huerfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda.

Todo fue bien hasta que llegue donde el pequeño Misha estaba sentado.

Parecia tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando mire el pesebre quede sorprendido al no ver un solo niño dentro de el, sino dos.
Llame rapidamente al traductor para que le preguntara por que habia dos bebes en el pesebre.
Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzo a repetir la historia muy seriamente.

Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llego la parte donde María pone al bebe en el pesebre. Allí Misha empezo a inventar su propio final para la historia, dijo:

Y cuando María dejó al bebe en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenáa un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El.

Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le preguéte a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para tí? Y Jesús me dijo. Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre.

Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas; se tapo la cara, agacho la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo.

El pequeño huerfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre.

Y yo aprendí que no son las cosas que tenes en tu vida lo que cuenta, sino a quienes tienes, lo que verdaderamente importa.

Salmo 91:4 “Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; “

miércoles, 21 de diciembre de 2011

UNIVERSOS PARALELOS

Lectura: Lucas 2:1-7.
"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" Lucas 2:14
De vez en cuando, descubro que estoy pensando en el sorprendente esquema de la fe. Por ejemplo, parado en un aeropuerto, observo personas de aspecto importante, vestidas con trajes de negocio y con portafolios a su costado, que se detienen en una cafetería antes de salir apurados hacia otra explanada. ¿Hay alguno que piense en Dios?, me pregunto.
Los creyentes comparten una creencia extraña en universos paralelos. Un universo consiste en vidrio, hierro, ropa de lana, portafolios de cuero y olor a café recién molido. El otro está formado por ángeles, fuerzas espirituales y lugares de ubicación desconocida llamados cielo e infierno. De manera palpable, nosotros habitamos el mundo material; es necesaria la fe para que uno se considere ciudadano del otro mundo invisible.
La Navidad cambia el rumbo de las cosas y alude a la lucha que se desencadena cuando el Señor de ambos mundos desciende a vivir según las reglas de uno de ellos. En Belén, ambos mundos se unieron, se alinearon. Lo que Jesús posteriormente llevó a cabo en el planeta Tierra hace posible que Dios, en un día futuro, resuelva todas las discordancias entre ambos sistemas. Con razón hubo un coro de ángeles que estalló en un cántico espontáneo; cántico que no sólo perturbó a algunos pastores, sino también a todo el universo (Lucas 2:13-14).
La palabra clave de la Navidad es «Emanuel»: ¡Dios con nosotros!.

EL DIFICIL HÁBITO DEL HÁBITO

Los hábitos son conductas aprendidas que repetimos regularmente. Estas acciones que estamos acostumbrados a hacer, son las que nos inculcaron desde pequeños y las que nosotros mismos hemos adoptado a lo largo de nuest ra vida. Así, podemos tener el hábito de escuchar música, madrugar, hacer una rutina de gimnasia, etc.

Pero también tenemos el hábito de No hacer cosas: el hábito de no leer, de no ir regularmente al médico, de no estudiar, etc.

El hacer, bien o mal, y el no hacer algo son igualmente hábitos.

En la vida cristiana esto se aplica tal cual. Todos sabemos que el aprendizaje y la constitución de una conducta no son de los procesos más divertidos y nos cuesta, nos resistimos. Sin embargo, sabemos que los buenos hábitos, las “virtudes” son buenas para nosotros, que nos hacen bien.

Revisemos los hábitos que hemos instalado o no, como buenos caminos que nos acercan en nuestra comunión con Dios: ¿qué tanto estamos acostumbrados a leer Su Palabra? O de acercarnos a Dios en oración durante el día? Lo buscamos? Es nuestro primer refugio en la tribulación? ¿Tenemos el hábito de usar las escrituras en nuestro diario andar?

Dios nos insta a adoptar estas acciones habituales:

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esa es la voluntad de Dios (…) No apaguéis el Espíritu.” 1° Ts 5:16- 20

“Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente” Salmos 119:44

“Buscad primeramente el Reino de Dios y Su Justicia..” Mt 6:33

Orar. Alegrarse. Agradecer. Amar. Buscarlo. Guardar su palabra.

Hábitos que nos el Señor nos exhorta a tomar porque nos conoce, conoce nuestras debilidades, nuestras flaquezas y sabe que es lo mejor para nosotros. Instalemos hábitos que nos acerquen cada día a nuestro Padre. Sustituyamos aquellas malas costumbres que ponen nuestra atención y nuestros intereses en otras cosas.

En esto debemos ser creativos y prácticos, buscando las formas que nos resulten más útiles, más fáciles, de modo que podamos vencer nuestra barreras. Y por supuesto que el Señor nos llenará de motivaciones cada vez que nos encontremos con Él y vivamos experiencias maravillosas.

Para sustituir un mal hábito hay que instalar uno nuevo, de otra forma nunca podremos extirpar aquella conducta. Por ello es que debemos esforzarnos en buscar estas cosas. Porque siempre nuestras acciones hablaran más alto que nuestra voz y porque la vida cristiana se trata del ejercicio mismo, de la acción de lo que oímos, sabemos y debemos hacer.

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org
meryrueda

CUANDO SE HA ESFUMADO TODA ESPERANZA


Los síntomas eran los clásicos: sudores nocturnos, escalofríos, decaimiento, tos seca, y filamentos de sangre en la saliva. Orlando Vásquez, joven de treinta y dos años de edad, de Córdoba, Argentina, no sabía qué enfermedad tenía.

Lo cierto es que Orlando sufría la enfermedad que había sido mortal en las primeras décadas del siglo veinte y que se creía que ya había sido erradicada. Su médico, el doctor Ramírez, tuvo que declararle a Orlando la triste verdad: «Usted, señor, tiene tuberculosis.» Pero en el caso de Orlando el diagnóstico era fatal, porque la enfermedad había reaparecido acompañada de una terrible hermana: el SIDA.

Vivimos en un mundo cuya atmósfera está llena de gérmenes y virus. Si no es la influenza que nos debilita, es algún tumor que amenaza ser canceroso. Para Orlando Vásquez fue esa combinación ominosa y mortal de tuberculosis y SIDA. Así es esta vida.

¿Qué hace una persona cuando el último recurso se le ha esfumado? Si es impetuosa y emocional, podría hasta enloquecerse. Si es una persona pragmática, que todo lo analiza, podría volverse escéptica e indiferente. ¿Qué esperanza tiene el ser humano ante los golpes irreversibles de la vida?

Si no hemos experimentado la pérdida de la última gota de esperanza, lo más probable es que ni siquiera se nos ha ocurrido estudiar cómo reaccionaríamos ante una desgracia así. Pero ninguno de nosotros sabe cuándo podrá caer víctima de alguna calamidad. ¿Habrá alguna preparación para las fatalidades de la vida?

Sí la hay. Cuando sabemos que esta vida aquí en la tierra es sólo una pequeñísima parte de la existencia y que nos pertenece toda la eternidad que nos espera, las cosas de este mundo pierden su trascendencia. La dicha se vuelve relativa, y la amargura, inconsecuente. Sabemos que este mundo no es nuestro hogar. Estamos aquí sólo de paso.

Ese conocimiento produce tanta paz que soñamos acerca del día en que estaremos para siempre con el Señor, libres de esta atadura terrestre.

¿Cómo podemos tener esa esperanza? Jesucristo dijo: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16). Los que le hemos pedido a Cristo que sea Señor y Dueño de nuestra vida tenemos, ya, asegurado el cielo. Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida, y la seguridad de la gloria eterna será nuestra.

Hermano Pablo

martes, 20 de diciembre de 2011

FE, AMOR Y ESPERANZA

Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. 1 Tesalonicenses 1:3.

Una vez más, Bernardo dejó que se marchara; en realidad, siempre la había dejado ir, desde que la conociera. Siempre había estado tan ocu­pado, como para intentar conocerla. No es que no lo hubiese querido hacer; no, no era eso. Era la vida, la agitación propia de un mundo en el cual quien no camina ligero come el polvo de los que van adelante.

Lo que le dolía era que Estela no era la primera esposa que perdía; ya era la tercera vez que fracasaba. Lo que él llamaba amor era apenas el sentimien­to romántico que desaparece con el tiempo.
El versículo de hoy habla de la constancia, como característica de la vida madura de un cristiano. Pablo, escribiendo a los tesalonicenses, destaca tres frutos que aparecen en la vida de un cristiano que pasa tiempo conociendo al Señor Jesús: fe, amor y esperanza.

La fe que el apóstol menciona no es solamente el asentimiento intelectual a una doctrina, sino la experiencia que obra, que produce y que se exterio­riza en acciones. Un asentimiento intelectual sin acciones no es fe; por lo menos, no desde el punto de vista bíblico.

La segunda característica es el amor, no simplemente como declaración romántica floreada de palabras bonitas, sino como un principio que se ma­nifiesta en dedicación, renuncia y entrega a Dios y a los semejantes.
Y, finalmente, la esperanza. No solo como el deseo de que suceda algo de bueno en el futuro, sino como la actitud constante de creer en Dios, aunque las circunstancias nos empujen a dudar del amor de Dios y del cumplimien­to de sus promesas.

Estas características solo aparecen en la vida de la persona que separa todos los días tiempo para pasar con Jesús. Los matrimonios de Bernar­do fracasaron porque, aunque casado, no se daba tiempo para conocer a la persona amada. Sin conocimiento, no existe confianza ; y sin confianza, no puede haber ni fe, ni amor, ni esperanza.

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que te tomaste tiempo para conocer a Jesús. Sé como los tesalonicenses, a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo”.

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PUENTE

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.

Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero.

-"Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".

-"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted.

Mire al otro lado del arroyo, en aquella granja vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor.

La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros pero él desvío el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor.

¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más." El carpintero le dijo: "creo que comprendo la situación".

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.

Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó.

No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano mayor le dijo: -"Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. -"No, espera". "Quédate unos cuantos días, tengo muchos proyectos para ti", le dijo el hermano mayor al carpintero.

"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".

Muchas veces dejamos que los malentendidos o enojos nos alejen de la gente que queremos, muchas veces permitimos que el orgullo se anteponga a los sentimientos, no permitas que eso pase.


CANALES DE SU AMOR

Lectura: 1 Corintios 13.
"El amor nunca deja de ser" 1 Corintios 13:8
Durante un tiempo devocional en una conferencia, nuestro líder nos pidió que leyéramos 1 Corintios 13:4-8 en voz alta y que reemplazáramos la palabra «amor» por «Jesús». Parecía tan normal decir: «Jesús es sufrido, es benigno; Jesús no tiene envidia, Jesús no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo […]. Jesús nunca deja de ser».
Después, el líder dijo: —Lean el pasaje en voz alta y digan su nombre en lugar de Jesús—. Nos reímos nerviosos ante la sugerencia. —Ahora quiero que empieces tú— agregó dirigiéndose a mí. Con voz suave y temblorosa pronuncié las palabras que sonaban tan dudosas: «David no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. David nunca deja de ser».
El ejercicio hizo que me preguntara: «¿Estoy de alguna manera impidiendo que Dios exprese Su amor a través de mí?». ¿Creo que otras formas de expresar la fe son más importantes? Pablo declaró que, desde la perspectiva divina, los discursos elocuentes, el discernimiento espiritual profundo, la abundante generosidad y el sacrificio personal no valen nada si el amor no los acompaña (vv. 1-3).
El Señor anhela expresar Su inmenso corazón de amor hacia los demás a través de nosotros. ¿Le permitiremos hacerlo?
Vivir como Cristo es amar como Dios.

sábado, 17 de diciembre de 2011

NACIDO PARA MORIR

Reconocemos que su nacimiento fue inusitado porque nació de una virgen. Su vida también fue singular porque fue el único que vivió sin pecar. Su muerte también fue inusual. Jesús no fue un mártir. No fue una víctima de circunstancias desafortunadas que moría por una causa digna. Tampoco dio su vida para dar un buen ejemplo.

Hay mucho más en su historia. El Señor Jesús vino a este mundo para ser nuestro Salvador.

EL mismo Jesús dijo que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). ¿Quiénes son los perdidos? La Biblia nos dice que todos pecaron y que la paga del pecado es muerte (Romanos 3:23; 6:23). Para salvar al mundo, Jesús tuvo que morir por él. Vino y vivió una vida perfecta y luego sufrió la muerte que nosotros debíamos haber sufrido. El verdadero significado de la Navidad es que Jesús nació para morir. Puesto que fue crucificado y luego resucitó de entre los muertos, el perdón de pecados y la seguridad del cielo ahora se ofrecen a todos los que creen (Juan 1:12).

¿Has aceptado el regalo de salvación de Dios? Si no lo has hecho hazlo hoy, y ésta será la Navidad más significativa que hayas vivido jamás.

Si no entendemos que la cruz es más importante que el pesebre, hemos perdido el verdadero significado del nacimiento de Cristo.

Mateo 20:28
…el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

ORACIÓ CON FERVOR POR JOSE DAVID

Anónimo dijo...

por favor ayúdenme tengo a mi hijo que es discapacitado muy enfermo con una bacteria en sus riñones necesito oración se llama jose david briceño y dios lo conoce perfectamente quiero que declaren sanidad para él y que dios se los pague