martes, 28 de diciembre de 2010

UNA VIDA MALGASTADA

La oportunidad se presentó en bandeja. Un millón ochocientos cincuenta mil dólares no son un bocado despreciable, sobre todo si es fácil apoderarse de ellos y los riesgos son mínimos. La tentación era demasiado grande.

Así que Jorge Manuel Bosque, joven empleado del Banco de Reserva de San Francisco, California, tomó el dinero y se apoderó de él. Debía llevarlo del aeropuerto al banco. Pero Jorge Manuel desapareció por completo, y con él, el dinero. Lo arrestaron quince meses más tarde cuando le quedaban sólo cien dólares. Había derrochado todo el dinero robado: un millón ochocientos cincuenta mil dólares. Estuvo preso seis años.

A los once años de haber perpetrado aquel robo, Jorge Manuel murió en un hotel de San Francisco, víctima de una sobredosis de droga.

Al margen de la manera delictiva en que obtuvo el dinero, este hombre es un ejemplo de lo fácil que es derrochar todo lo que se tiene. Se apoderó de casi dos millones de dólares. Durante quince meses hizo las compras más absurdas. Tiró el dinero por todos lados. Realizó paseos y fiestas extravagantes.

Cuando salió de la cárcel, derrochó todo lo que le quedaba: su salud, su mente y el resto del dinero con el que comenzó su nueva vida. Cayó en el pozo de la decadencia y se entregó a las drogas. Y las drogas acabaron con su vida. Lo hallaron muerto en su habitación en un hotel, y nadie se presentó para pedir su cuerpo.

Muchas personas como Jorge Manuel Bosque derrochan todo lo que tienen, incluso pertenencias que han obtenido honradamente y que en sí son sanas. Como que no perciben el valor de las cosas. Lo peor de todo es que malgastan los años de vida que Dios les ha concedido.

Tales personas nunca se acuerdan de Dios, y cuando llegan al día final, tratan desesperadamente de encontrarlo. No es sino hasta entonces que caen en la cuenta de que el peor de los derroches es malgastar los años de vida sin tener a Jesucristo, el Hijo de Dios, como su Señor y Salvador.

La vida humana no es muy larga. Sigue su curso, y luego se acaba. Contamos, a lo sumo, con setenta, ochenta o noventa años para realizar todo lo que podamos. Después de eso, toda puerta queda cerrada.

¿Por qué no coronamos hoy mismo a Jesucristo como Rey de nuestra vida? No derrochemos ni un solo día más de nuestra efímera existencia. El tiempo se va, las oportunidades se esfuman, y tan sólo aprovechamos lo que logramos en el presente. Hoy es el día de salvación. Ahora es cuando tenemos que decidir. No dejemos pasar esta ocasión sin entregarnos a Cristo. Este es el momento más importante de nuestra vida.

Hermano Pablo

CADA UNO SE LLENA CON LO QUE DICE Y SE SACIA CON LO QUE HABLA

Me levanté esta mañana y comencé el día como cada mañana, antes de hacer mi caminata diaria tomé un poco de desayuno, tenía mucho que hacer aunque era mi día libre, muchas cosas pendientes y a causa de esto comencé a predecir muchas complicaciones, nada específico pero dije cosas como:

Esto va a ser un problema, luego dije, no sé cómo arreglar este asunto, luego pensé que algunas personas serían difíciles de encontrar que pudieran ayudarme con alguna cosa y así seguí.

Antes de salir a caminar, recogí mi Biblia y le dije al Señor: "ojalá tú me digas algo esperanzador hoy por tu palabra", leí el texto en proverbios que dice:
“Cada uno se llena con lo que dice y se sacia con lo que habla” Proverbios. 18:20

Yo lo estaba haciendo en ese moment o, llenándome con lo que decía, no había pronunciado una sola palabra buena, todo estaba lleno de desesperanza. Yo mismo llenaba mi interior con lo que decía y lo peor, como dice el proverbio, me estaba llenado de lo que hablaba.

Pese a tremenda Palabra de Dios en ese momento necesité casi todo el día para deshacerme de todo esto, fue hasta que hablando con mi esposa y tratando de poner orden salí de esa cantidad de porquería mental.

Usted se preguntará ¿cómo salí de ello? Bueno eso es lo interesante y maravilloso, lo que hice sencillamente fue analizar nuevamente el propósito de Dios en mi vida.

A ver si me explico, no me puse a pensar en las cosas que antes había llenado mi mente, sino que me puse a pensar con mi esposa lo que Dios había hecho, lo que Dios estaba haciendo y lo que Dios quería hacer.

Si esas tres cosas me llevaron nuevamente al lugar de donde debiera haber empezado mi día, sabiendo que Dios ha he chos muchas cosas ya incluso muchas de las que hoy yo necesitaba que se hicieran, segundo, Dios estaba haciendo cosas por medio de estas situaciones que se presentaban, me recordé las palabras siguientes: “es necesario que estas cosas sucedan para que reaccionemos y Dios comience a hacer algo en nosotros y demos un cambio”

Hoy estoy terminando el día y tratando de decir que ha sido el día mas pleno que tuve en los últimos meses, no porque pasaran cosas maravillosas sino que aprendí a comenzar el día de otra manera, llenando y saciándome con lo que Dios hizo, hace y hará.
Bendiciones a tu vida.
Pastor José Luis Malnis

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org

Lic. José Luis Malnis
ElPastor

¡ADIOS Y BUEN VIAJE!

Lectura: 2 Corintios 12:7-10.
"Bástate mi gracia" 2 Corintios 12:9
El 28 de diciembre de 2008, una trituradora devoró cientos de hojas de papel y otros artículos en la ciudad de Nueva York. Los organizadores del segundo año del «Día del adiós y buen viaje» animaron a las personas para que trajeran a la Plaza Times Square los malos recuerdos y los sufrimientos de ese año para alimentar la trituradora industrial o para echarlos en un gigantesco contenedor de basura.
Algunos participantes trituraron hojas de papel con las palabras «la bolsa de valores» o «cáncer». Otros destruyeron informes bancarios, y una joven trituró un mensaje de correo electrónico impreso de un novio que había roto con ella.
Anhelamos «triturar» recuerdos de las cosas malas que los demás nos han hecho o de circunstancias difíciles que estamos atravesando. El apóstol Pablo quería ser aliviado de su sufrimiento, un padecimiento que lo hacía sentir débil (2 Corintios 12:7-10). Pero Dios le dijo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Dios no quitó el problema. En su lugar, le dio la gracia para vivir con ello.
Las dificultades se nos hacen pesadas cuando pensamos demasiado en ellas, y afectan nuestras relaciones interpersonales y la actitud ante la vida. Como creyentes en Cristo, tenemos un lugar donde llevar estas cargas. Primera Pedro 5:7 nos dice: «Echa[d] toda vuestra ansiedad sobre [el Señor], porque él tiene cuidado de vosotros».
Dios da suficiente gracia para cualquier cosa que enfrentemos.