miércoles, 5 de agosto de 2009

CINCUENTA MILLONES

Eran cincuenta millones. Cincuenta millones de dólares. No estaban en las arcas de un banco, ni pertenecían a una empresa petrolera, ni eran los fondos de una compañía de bienes raíces, ni representaban el presupuesto de una película de Hollywood.

Esa fabulosa suma de dinero estaba en las manos de un joven hispano de diecinueve años, que intentaba entrar en los Estados Unidos. Mejor dicho, estaba en el tanque de gasolina de su camioneta, en forma de cocaína pura escondida en herméticos receptáculos metálicos. Habría sido un contrabando perfecto de no haber sido descubierto.

Cincuenta millones de dólares... ¿Cuántas cosas buenas pudieron haberse hecho con esa cantidad de dinero? Pudo haberse resuelto la crisis de un sinnúmero de personas alrededor del mundo que padecen de hambre o de enfermedades incurables. O pudieron haberse comprado recursos escolares para millones de estudiantes pobres que no los tienen. O pudieron haberse ofrecido becas a miles y miles de jóvenes deseosos de cursar estudios universitarios. O pudieron haberse creado oportunidades de empleo para miles de desempleados.

En fin, esa fortuna pudo haberse invertido en uno o en varios de tales proyectos, pero sucedió lo contrario. No se invirtió sino que se subvirtió su verdadero valor, condensándolo en cocaína destinada a enfermar, envilecer y estropear más aún la mente, la conciencia y la moral de millones de drogadictos y de adictos en potencia, ¡dispuestos a jugarse la vida consumiendo drogas! Injusticias como esta que ocurren a diario en el mundo, síntoma del desbarajuste moral que resulta de una absurda tergiversación de valores y virtudes, tarde o temprano provocarán la intervención divina.

En el libro de Apocalipsis, Juan el evangelista tiene una visión del fin del mundo en que Dios interviene de manera radical, como cuando envió el diluvio en los días de Noé, como cuando arrasó con fuego a Sodoma y Gomorra en los días de Lot. Allí la voz de los mártires nos recuerda el clamor del salmista David: «¿Hasta cuándo, Señor, vas a tolerar esto?»,1 pues claman: «¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra...?»2 Lo cierto es que el castigo llega sin demora, pues esos habitantes terminan gritando a las montañas y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de [su] ira..., porque ha llegado el gran día del castigo! ¿Quién podrá mantenerse en pie?»3

por Carlos Rey

¿NO NOS HA CREADO EL MISMO DIOS?

Malaquías 2: 10 “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?”

Quizá una de las cosas que me impacto cuando entregue mi vida al Señor fue que en la congregación en donde aun me encuentro había una hermandad única, había un compañerismo excelente y un apoyo mutuo indescriptible.

Me imagino que eso fue una de las cosas que me ayudo a poder llevar una excelente relación personal con el Señor y como resultado he podido servir en muchos ministerios, tratándolo de hacer lo mejor que he podido.

Pero lastimosamente al hacer una comparación de hace once años para acá, he podido ver como esa hermandad se ha deteriorado y como el compañerismo se ha ido opacando, el apoyo entre hermanos ahora en mínimo comparado a años anteriores. No soy de los que le gusta comparar, pero a veces es necesario para darnos cuenta lo mal que estamos actuando.

En el versículo anterior hay una reflexión muy fuerte en cuanto a la hermandad que tendría que haber entre nosotros. Pero ¿Realmente estamos siendo leales los unos con los otros?, o ¿Estaremos haciendo excepción de personas?

Una de las cosas que no soporto en el cristianismo es la excepción de personas, no soy de la partida de que a hermanos de mejor nivel social o económico se le trate mejor que a alguien humilde y de bajos recursos, eso para mi es una injusticia.

Ahora bien, ¿Por qué nos portamos desleales con nuestro hermano?, ¿Por qué estamos profanando la palabra de Dios?, ¿No dijo Jesús que nos amaramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos?, ¿Por qué no lo podemos hacer?

La respuesta de estas interrogantes es sencilla: Si tu no puedes ser leal a tu hermano y amarlo como a ti mismo, es porque no te has dado cuenta quien es tu Padre, porque si mi Dios es tu Padre tendrías que amarme como a tu hermano, ¿Pero nos estaremos amando como hermanos?, a Dios nadie lo puede engañar, El sabe muy bien si nuestro amor por nuestro hermano es genuino o interesado o en el peor de los casos un amor hipócrita.

Es momento de reflexionar y entender que si Dios es tu Padre, entonces yo y muchos mas somos tus hermanos. ¿Qué esperas para tratarme como tal?, ¿Qué estas esperando para comenzar a ser leal a tu hermano a pesar de que el no lo quiera hacer contigo?

Amar al que me ama, es muy fácil, amar a que me es leal, lo es mas, pero ¿Amar al que me aborrece?, ¿Al que habla en mal de mi?, ¿Al que me fallo?

Es hora de comenzar a demostrar la hermandad y la lealtad que Dios quiere que tengamos los unos con los otros. ¿Estas preparado?

Autor: Enrique Monterroza

HOY..QUIERO HABLAR CON LIBERTAD

“Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entre en Asia”Hechos 20: 18 Muchas veces he querido hablar y no puedo porque no tengo libertad de hacerlo. Y no es que alguien me lo haya prohibido, sino que mis hechos me han impedido hablar, porque las palabras son solo lo más importante sino la vida. He tornado mis ojos al piso, he dado media vuelta sin decir una palabra y me he marchado un tanto avergozado, porque he perdido la libertad de hablar por mi libertinaje. Pero hoy, ya no quiero perder esa libertad. Quiero comenzar de nuevo y por la gracia y el poder de quién todo lo puede, El Señor. Vivir de tal manera que mis hechos se tornen en el más poderoso mensaje que pueda expresar. Quiero decir lo que Pablo dijo con firmeza, porque no perdió la libertad de hablar. El dijo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia”. Sí, quiero un día poder decirlo en casa, en mi trabajo, con mis amigos y con mis vecinos. Vosotros sabéis cómo me he comportado….No como he hablado..No como he aparentado, sino como me he comportado, porque lo más importante es el vivir y no meramente el hablar. Pablo dijo: Como me he comportado todo el tiempo. Oh…. esa Palabra me confronta..Todo el tiempo. No ocasionalmente, no de vez en cuando, sino Todo el tiempo. Cuantas veces me he propuesto pero solo lo he logrado un poco de tiempo y nada más, pero la consistencia de la vida se demuestra en todo el tiempo. Y Pablo termina diciendo desde el Primer día que entre a Asia. Que importante es mantenerme desde el primer día. Hoy el reto que tengo no solo es el inició sino también el final….No solo es el primer día sino el último, porque si llego limpio al último día podré decir…desde el primer día que entre en este lugar. Cual es mi Asia? Puede ser mi trabajo, mi hogar, mi círculo de amigos o mi vecindario o tal vez la Iglesia. Si puedo decir….Vosotros sabéis como he comportado entre vosotros todo el tiempo desde el primer día que entre a:….. Habré llegado a la meta con una sonrisa de satisfacción en mis labios y en mi corazón. Señor. La vida es una carrera que me has preparado y hoy debo seguirla corriendo como si fuera mi primer día, pero con la consistencia necesaria para llegar al último día y al llegar a ese último día poder decir con satisfacción, por que me haz dado la ayuda y por que he sido diligente: Vosotros sabéis como me comportando todo el tiempo entre vosotros desde el primer día que llegue aquí. Gracias Señor, porque no es por mi fuerza que lograré, sino por tu fuerza y tu poder. Gracias, por que tus promesas me sirven de aliento para llegar a mi último día con la misma fuerza de mi primer día entre vosotros. Amen.

EL DOMINIO DEL TEMOR

Varios años atrás, un circo de televisión bien conocido desarrolló un acto que incluía tigres de bengala. El acto se hacía en vivo delante de una gran audiencia. Una noche, el entrenador entró en la jaula con varios tigres y la puerta era cerrada de forma rutinaria detrás de él. Las luces inundaban la jaula y las cámaras de televisión se acercaban para que la audiencia pudiera ver cada detalle mientras él con habilidad ponía a los tigres en el ritmo adecuado.
En medio de la actuación, pasó lo peor: las luces se apagaron. Por casi treinta largos segundos, el entrenador estuvo encerrado con los tigres en la oscuridad. Con su visión nocturna superior, los tigres podían verlo, pero él no los veía a ellos. Él sobrevivió. Cuando regresaron las luces, con calma terminó su actuación.
Cuando le preguntaron al entrenador cómo se sintió, él admitió sentir un frío temor al principio, pero luego -dijo-, se dió cuenta de que aunque él no podía ver a los felinos, ellos lo sabían. Él dijo: “Solo continué sonando mi látigo y hablándoles hasta que las luces regresaron. Ellos nunca supieron que yo no les podía ver tan bien como ellos me veían a mí.”
Sigue hablando a los tigres del temor que parece estar persiguiéndote. ¡Ellos obedecerán tu voz de fe!
Salmo 23:4
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.

TERAPIA ESPIRITUAL

Lectura: Salmo 88.
“¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí Tu rostro?” Salmos 88:14
Una vez escribí un libro titulado Disappointment With God (Decepcionado con Dios). Mis editores se preocuparon que pareciera una herejía presentar un libro con semejante título en las librerías cristianas. Sin embargo, durante el proceso de su redacción, encontré que la Biblia incluye relatos detallados de personas profundamente decepcionadas con Dios. Job y Moisés hablaron seriamente con Dios, al igual que Habacuc, Jeremías y muchos de los salmistas no identificados.
Parece extraño que los escritos sagrados incluyan escenas de fracaso espiritual, pero esto refleja un principio importante. Un terapeuta matrimonial advertirá a las parejas: «Puede que su relación empeore antes de que comience a mejorar». Los malos entendidos deben quedar expuestos antes de que pueda florecer la verdadera comprensión. Los salmistas no racionalizan la ira ni dan consejos abstractos sobre el sufrimiento; más bien, expresan las emociones de manera vívida y en voz alta, dirigiendo sus sentimientos fundamentalmente hacia Dios. La conclusión angustiada del Salmo 88 provee amplia evidencia de ello (vv. 13-18).
Los salmos presentan un mosaico de terapia espiritual en proceso. La duda, la paranoia, el atolondramiento, el deleite, el odio, el gozo, la alabanza, los sentimientos vengativos, la traición; encontramos todos estos sentimientos en los salmos. En ellos aprendo a llevarle a Dios todo lo que yo siento acerca de Él. No necesito disimular mis fracasos; es mucho mejor llevarle mi debilidad a Él, quien es el único con el poder para dar sanidad.
Una conversación honesta con Dios es el primer paso para encontrar la serenidad.