viernes, 3 de febrero de 2012

LA FE


La definición más conocida Bíblicamente sobre la fe es:
“Tener fe es tener la plena seguridad de lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.”
Hebreos 11: 1

Quizás el problema mayor al hablar de fe, no sea el significado de la misma, su alcance, su concepto, ni siquiera el tenerla o no; el problema más básico se trate sobre quién está sustentada dicha fe.

La fe no se trata de un buen deseo o un anhelo positivo sobre una situación determinada, no se trata de una persona física en particular o alguna religión. La fe no actúa en consecuencia de alguno de estos puntos. Tampoco es una especie de “amuleto de la buena suerte” como piensan algunos.

Para poder hablar en una base firme sobre la fe, debemos hac er un paso más atrás y hablar de la persona sobre la cuál debe estar fundada nuestra fe.

La fe salvadora, la fe viva, la fe que actúa; es la que está cimentada en Dios. Por lo tanto, en primera medida es imprescindible conocer el carácter, los atributos y principalmente lo que Él espera de nosotros, para no poner nuestra fe sobre situaciones y elementos que no están dentro de la voluntad del Padre y así vernos desilusionados de no obtener el resultado, no por la inoperancia de nuestro Dios, sino por tener equivocada la visión de lo que realmente implica tener fe verdadera.

Las misericordias de Dios son infinitas, los atributos que demuestran su personalidad absolutamente bondadosa abundan en Su Palabra. Pero también, es un Dios que se ha enojado y ha reaccionado por las inconductas humanas.

Desde el principio, Dios tenía un plan perfecto para el hombre, siempre quiso lo mejor, le preparó la tierra sin nada, le delegó autori dad y un propósito y su mayor deseo era convivir con el ser humano, ser su Dios y compartir con el mismo, la eternidad, pero mientras Dios anhelaba esta vida, el ser humano rompía relaciones, tomaba decisiones independientes de Dios y se alejaba continuamente. Desde el principio ha sido así y ahora también lo es. Y así como esta especie de círculo vicioso se da en la historia de la humanidad, Dios ha continuado su plan de reconciliación, con el punto cúlmine de la muerte en la cruz de su propio hijo, Jesucristo, y podemos afirmar que esta muerte es más trascendente aún, Dios mismo murió, para que nosotros vivamos.

Estábamos perdidos, destinados a una muerte eterna. Y una vez más, Dios estiró su mano, Él mismo descendió a la muerte y la venció. Estamos recuperados, el boleto de Salvación está en la punta de sus dedos estirados, mientras nosotros continuamos en el pozo. Es simple, lo tomamos y lo dejamos. Y aquí está el primer paso de fe. ¿Le creo en su promesa d e darme vida? ¿Le creo que Él venció a la misma muerte para que yo sea salvo? ¿Le creo que me ama? ¿Le creo que me hizo desde el vientre de mi madre por un propósito?

Cuando reconocemos que solos no podemos salir de ese pozo, que el peso del pecado nos tiene unidos al fondo del abismo, que solos no podemos, cuando le creemos, cuando nos tomamos de su mano, cuando aceptamos salir a la luz, cuando le decimos sí, ¡Entonces nos reconciliamos nuevamente!

¡Hemos dado el PRIMER PASO DE FE!

Si he comprendido mi insuficiencia como ser humano de salvarme a mi mismo, si he aceptado mi culpa de pecado y tomé el regalo, la Gracia de Dios, si la muerte de Jesucristo en la cruz ha sido reconocida por mi, si Cristo el Salvador ha entrado en mi vida, es entonces cuando, de acuerdo a su promesa, el Espíritu Santo mora en nuestras vidas. Dios mismo, con todos sus atributos, todos suyos en nosotros. No de nosotros, Él mismo morando en nuestras vidas, lleván donos de su mano.

Ahora comienza el vivir por fe, el continuar creyendo en Él, esperar descansados lo que tiene para nuestras vidas. Sabiendo que si necesito algo, si tengo dudas, si me siento solo, si tengo temor; Él está conmigo.

Dios tiene un propósito con cada uno de nosotros, aún tiene estirada su mano, aún quiere sacarte del pozo. Haz tu primer gran paso de fe, el que determina tu eternidad. El resto, dejate maravillar con lo que Dios tiene preparado para tu vida.
Noelia Escalzo

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org
noeliaescalzo

EN LOS MOMENTOS DE CRISIS

A fin de rescatar su colección de discos, un hombre se deslizó por el piso de su sala que tenía una inclinación de 45 grados. Una joven de dieciocho años, resuelta a rescatar su loro que había quedado atrapado, pasó a través de una ventana rota. Así mismo un joven de veintiséis años, para recuperar la vieja Biblia de la familia, se metió en su apartamento cuando aún temblaba.

Todos estos, y muchos más casos, se registraron en el valle de San Fernando, California, después de uno de los fuertes terremotos que sacudió el lugar. «A la gente le gusta correr riesgos —explicó Carl Frederick, psicólogo de la Universidad de California—. Es una manera de hacerle frente a la desgracia.»

El terremoto inicial que sacudió todo el valle de San Fernando fue uno de los más desastrosos que ha sufrido el estado de California. En cuestión de segundos dejó sin hogar a más de quince mil personas, dando como resultado inmensas pérdidas materiales. Y así como en toda gran desgracia colectiva, el espíritu de solidaridad manifiesto, que es uno de los valores humanos más importantes, produjo emocionantes pruebas de consuelo y ayuda mutua. Las autoridades del estado acudieron de inmediato con toda clase de ayuda. Y la fe religiosa de muchos cobró nuevo impulso.

Andrés Rogers, un joven que neciamente entró a buscar sus zapatos en su apartamento derrumbado, dijo: «Dios salvó mi vida del terremoto. No me va a dejar morir ahora.» Otro hombre que desafió la orden policial de no entrar a su edificio fue a buscar una caja de clavos. «Tengo que colgar mis textos bíblicos en mi nuevo apartamento —dijo—. Cristo nunca falla.»

Es interesante ver cómo en los momentos de gran calamidad las víctimas piensan en Dios. Como que la fe se acrecienta en tiempos de angustia. Como que nos es más fácil orar cuando experimentamos la desventura.

Lo cierto es que fue también así en los días de Jesucristo. Haciendo un repaso de los cuatro historiadores de la vida de Jesús, vemos claramente que los que se acercaban a Cristo eran los que habían agotado todo recurso humano.

¿Será que sólo buscamos a Dios en los momentos de crisis? Es triste pensar que sólo nos acercamos a la Divina Majestad cuando estamos en derrota. La fe en Cristo es algo que necesitamos todos los días de la vida. La comunión con Dios debe ser habitual, una costumbre de cada momento.

Si no lo hemos hecho todavía, experimentemos el agrado de tener a Cristo como amigo constante. No esperemos llegar al fracaso para buscar a Dios. Él quiere ser nuestro amigo hoy mismo.

Hermano Pablo