sábado, 1 de noviembre de 2008

HOY..ME VESTIRE CON LA CORAZA DE JUSTICIA

“ Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” Efesios 6: 14.
Hoy, recuerdo que en mi último devocional decidí ceñirme con el cinto de la verdad y ahora debo reflexionar sobre la coraza de la justicia, otra parte indispensable para resistir en el día malo.
Qué es justicia?. Hoy, el mundo habla de injusticia . Si quiero vestirme con la coraza de justicia..cuál es esa justicia?. Justicia social? Justicia política?…
No, cuando Pablo habla de Justicia, casi siempre significa “justificación” y Justificación es la iniciativa de la gracia de Dios de poner a los pecadores en buena relación con él a través de la fe simple en Cristo crucificado. Si decido hoy vestirme con la coraza de la justicia, entiendo entonces que no es vestirme con la justicia propia, si no la justicia de Cristo.
Vestirme con la coraza de justicia hoy, es estar delante de la presencia de Dios no condenado sino aceptado y cuando me siento aceptado y creo que según la palabra estoy aceptado ante su presencia, esto se convierte en una parte de la armadura que es una defensa esencial contra una conciencia acusadora y contra los ataque calumniadores del diablo que hoy podrían llegar a tocarme.
La Palabra de Dios me dice hoy..que al ponerme la coraza de la justicia debo recordar que “Ahora , pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”..
Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”
Hoy, al ponerme la coraza de la justicia, siento que una nueva seguridad invaden mi alma y corazón..la seguridad de saber que hay una relación correcta con Dios a través de Cristo y está coraza me protege contra los dardos de fuego que quieren hacerme sentir inseguro y bajo condenación.
Pero, hoy no es solo disfrutar de la seguridad de sentirme aceptado por Dios…sino que la coraza de la justicia me exige que yo trasmita esa justicia a otros…especialmente a aquellos que me han herido u ofendido, que pueda seguir los pasos de mi Padre celestial…de hacerlos sentir a ellos aceptados . Quizá no acepte sus pecados…pero sus personas si necesito aceptarlas.

“Señor, Gracias por justificarme cuando en mi vida solo había pecado…Gracias por aceptarme cuando me sentía rechazado.
Hoy, me visto con la coraza de justicia para que los dardos de fuego de condenación y miserableza no puedan tocarme.
Ayúdame también a compartir esa justicia aceptando a quien me haya herido y perdonándolo, así como tú me has perdonado. Amen

EL VIEJO ERMITAÑO

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño, es decir, una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.
Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.
La gente no entendía cómo era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro. A lo que les contestó:
“Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león.
No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
Estos animales los llevamos dentro:
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.Tengo que entrenarlos para que sólo se lancen sobre presas buenas…Son mis OJOS
Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir…Son mis MANOS
Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles.Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta…Son mis PIES
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas.Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño…Es mi LENGUA
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber.Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día…Es mi CUERPO
Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso…Ese… es mi CORAZÓN

CORRIENDO VELOZ SIN IR A NINGUNA PARTE

Lectura: Deuteronomio 4:1-10
Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto. —Deuteronomio 4:9
Caminé lo más rápidamente posible. De hecho, comencé a sudar. Después de casi 1,5 kilómetros, eché a trotar y luego a correr lo más fuerte que pude. Finalmente, después de unos 25 minutos, me detuve. Mi corazón latía con fuerza. Mi camiseta estaba empapada. Pero yo no había ido a ninguna parte. Simplemente había corrido 4 kilómetros en la máquina del gimnasio.
Después de refrescarme, me senté con mi Biblia. Estaba siguiendo un programa de lectura y la selección para el día provenía del libro de Números. Leí una parte lentamente y otra a mayor velocidad, pero a veces sentía que no llegaba a ninguna parte —como si estuviera de vuelta en la máquina de correr. Se hicieron censos. Se presentó un resumen del largo viaje. Se hizo y se rehizo lista de las tribus. Al día siguiente pasé a Deuteronomio. Más historias sobre el pueblo deambulando. Más sobre los israelitas y su tierra.
Pero cuando llegué al capítulo 4, se me dijo por qué todo ese resumen era importante. Moisés le había dicho al pueblo «no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, . . . las enseñarás a tus hijos» (4:9). La lectura anterior no trataba acerca de Israel que estuviera corriendo veloz sin ir a ninguna parte. Trataba acerca de capacitación, de una lección en la que se usan las obras pasadas de Dios como la instrucción para una futura vida piadosa.
Toda la Escritura es dada por inspiración divina. Así,
que, aun cuando puede que parezca que carece de importancia, sigue leyendo. Algunas veces tenemos que ser pacientes para darnos cuenta de su pleno propósito.
Dios nos habla por medio de Su Palabra; tómate tiempo para escuchar.