martes, 17 de junio de 2008

EL VIOLIN DE 1000 DOLARES

Se anunció en cierta ciudad de América que un gran violinista tocaría un violín que costaba 1,000 dólares. Se llenó el teatro, pues muchos tenían curiosidad de oír un violín de tan alto precio. (El dólar tenía en aquellos tiempos mucho más valor que hoy).
El violinista dio en efecto, un magnífico concierto: pero apenas apagado el último acorde, el público vio con asombro que el músico arrojaba el violín al suelo y lo pisoteaba hasta convertirlo en astillas.
Inmediatamente el empresario apareció en medio de grandes murmullos y explicó que el violín destrozado era un violín barato que costaba sesenta y cinco centavos y que a continuación el gran músico tocaría con el violín de mil dólares. Cuando lo hizo, muchos de los presentes dijeron que apenas habían notado diferencia.
El objeto de la estratagema era demostrar que no es tanto el instrumento como la mano que lo pulsa lo que tiene el mayor valor, constituyendo una propaganda en favor de los violines baratos.
Tú puedes ser un violín de 65 centavos, pero si te pones en la sabia mano de tu Creador y Señor, enteramente sometido a su voluntad y atento a ella, tu vida puede producir acordes de gracia que hagan decir a las gentes lo que dijeron de los apóstoles “se conoce que han estado con Jesús”.
Juan 14:12“De cierto, de cierto os digo que el que cree en mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre.Juan 15:16“Vosotros no me elegisteis a mí, mas bien, yo os elegí a vosotros para que llevéis fruto, y para que vuestro fruto permanezca.

BUSCA LO BUENO

Lectura: 1 Tesalonicenses 1
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros, haciendo mención de vosotros en nuestras oraciones. --1 Tesalonicenses 1:2.
Leí acerca de un niño que se había portado mal. Durante las devociones familiares, el padre oró por su hijo y mencionó una serie de cosas malas que el niño había hecho. Poco tiempo después, la madre escuchó al niño sollozando. Cuando le preguntó qué le pasaba el niño exclamó: «Papi siempre le dice a Dios cosas malas de mí. Nunca le dice las cosas buenas que hago.»
Lo que le sucedió a ese niño recalca una falta que es común en muchos de nosotros. En vez de reconocer lo bueno en la gente tendemos a notar sus faltas. Podríamos aprender del ejemplo del apóstol Pablo. En su carta a sus hijos e hijas espirituales de Tesalónica escribió: «Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros» (v.2). Él recordaba «[su] obra de fe, [su] trabajo de amor y la firmeza de [su] esperanza (v.3). Les dijo que puesto que habían recibido «la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo» eran un ejemplo para los demás (vv.6-7). Dijo que saliendo de ellos, «la palabra del Señor ha resonado . . . por todas partes» (v.8). Las palabras de Pablo deben haberlos alentado y motivado a realizar un servicio aun mayor para el Señor.
Debemos estar más prestos para alabar que para condenar. Cuando veamos algo bueno en los demás, digámoselos. Los alentaremos y eso es exactamente lo que ellos necesitan.
LA CORRECCIÓN HACE MUCHO, PERO EL ALIENTO HACE MÁS.