viernes, 24 de junio de 2011

UN TIEMPO DE DIOS CONTIGO


Estamos viviendo tiempos de grandes luchas en el mundo en que vivimos.

Los cristianos estamos bajo una línea de fuego y nuestra fe es probada cada día y muy a menudo estamos cosechando desanimo y temor.

Dios me ha mostrado algo que quiero yo hoy compartirlo contigo y estoy seguro que esto será de gran ayuda y bendición.
Desde hace más de un año Dios me hablo a cerca de dar pasos en lo sobrenatural, pero créanme que yo hasta ese momento no sabía a qué Dios se refería en este sentido y por el momento se que solo estoy en el principio de esto.

He experimentado la mano de Dios en mi propia vida en donde yo he visto milagros concretos que Dios ha hecho, milagros que si bien para muchos no serán súper increíbles, para mi si fueron señales claras de que Dios estaba conmigo, fui sanado y libera do ya en tres oportunidades de cosas que a mi juicio era difíciles de que sucedieran. ¿Cómo? Así de simple. Dios lo hizo.

Son momentos y situaciones en la que Dios te lleva a una dimensión que no depende de ti, ni depende de nadie, es un tiempo de Dios contigo en el cual su manifestación se sobrepone a pronósticos y estadísticas. No necesitas de nadie sino que Dios mismo se manifiesta en tu entorno y actúa y obra de la forma que solo tú puedes entender y de la forma que solo tú vas a creer, tal vez esto a otros no le sorprende pero a ti si y eso es lo que Dios quiere sorprenderte a ti y no a los demás.

NO te quedes viviendo y esperando como un mendigo que personas humanas hagan algo por ti, tienes que empezar a ver, que Dios quiere llevarte a un medio sobrenatural y visitarte.

Hay una invitación que Jesús nos hace y dice:
Mat 11:28-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.


Jesús nos llama a dejar todo el peso y a poner en nosotros algo que como dice el texto es una carga fácil de llevar y ligera y esta será un descanso para nuestra alma.
Esto es un obrar sobrenatural de Dios para nosotros.

No trates de entender como Dios obra, deja que Dios obre sobrenaturalmente en tu vida y aprende a dar pasos sobrenaturales en tu vida.

Mira a tu alrededor y veras que Dios está obrando.

Bendiciones.
Pastor José Luis Malnis

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org

Lic. José Luis Malnis
ElPastor

UNA NUBE DE MOSQUITOS

El viejo avión DC-8 se acercaba al aeropuerto de Yakarta, Indonesia. El tiempo estaba algo tormentoso, pero no ofrecía peligro. El piloto hizo bajar las ruedas y puso los alerones. Por delante había una densa nube plomiza, pero no tenía mayor importancia. Sin embargo, no bien el avión entró en esa nube, los motores se apagaron.

El piloto, sorprendido, tuvo que hacer aterrizar el avión en plena selva. Los espesos árboles aminoraron el impacto. El avión, tras unos cuantos saltos, finalmente se detuvo. Los 142 pasajeros y la tripulación salieron golpeados pero vivos.

¿Qué había pasado? La densa nube gris que paró los motores eran miles de millones de mosquitos. Éstos habían taponado las turbinas, de modo que el avión había quedado sin fuerza motriz. Un solo mosquito o, incluso, algunos pocos, podrían ser molestos, pero se pueden matar de un manotazo. En cambio, millones de mosquitos formando una densa nube negra resultó ser devastador.

Así son los problemas de la vida. Cuando es uno solo, no provoca mayor preocupación. Pero cuando éstos se acumulan en la vida y nos hallamos ofuscados bajo el peso de ellos, se vuelven una carga onerosa.

Hay tres clases de problemas: los que nosotros mismos nos causamos con nuestro comportamiento, los que otros nos causan por la razón que sea, y los que existen solamente en nuestra imaginación. Y sean cuales sean, y vengan de donde vengan, cuando se amontonan uno sobre otro en pesada y densa nube, nos ofuscamos y no hallamos qué hacer. ¿Cuál será la solución?

Comencemos pidiéndole a Dios calma en sincera oración. Es difícil pensar cuando ruge la tormenta. Luego sentémonos a una mesa o escritorio, y con lápiz y papel en la mano, comencemos a escribir. Anotemos con detalles cada uno de los problemas. Lo primero que notaremos es lo difícil que es pasar al papel el problema. Es porque, en gran parte, el problema es una reacción emocional y no algo, en sí, específico. En cuanto nos damos cuenta de eso, el problema empieza a disiparse.

Cuando terminemos de elaborar la lista, llevemos cada problema a Dios en oración, comenzando con el más leve. El apóstol Pedro dice: «Depositen en él [Cristo] toda ansiedad, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7). Cuando con calma invocamos la ayuda divina, las soluciones comienzan a aparecer. Lo que antes era una confusión tormentosa se convierte en un remanso de paz, todo por acción de Cristo. Él está esperando que clamemos a Él para darnos esa paz.

Hermano Pablo