domingo, 2 de agosto de 2009

HOY..QUIERO APREDER DE LA INTERCESION DE MOISES

“Después me arrodillé delante del Señor y, tal como ya lo había hecho antes, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber nada, por causa del pecado que ustedes habían cometido, con lo que ofendieron al Señor y provocaron su ira” Deuteronomio 9:18-20.
Siempre en la vida tengo que aprender. Mi vida es un continuo aprendizaje y aunque no quiera aprender la vida misma se encarga de darme las lecciones más sublimes y profundas. Algunas de las lecciones son agradable y hermosísimas, otras son dolorosas pero son lecciones al fin.
Una de las lecciones que necesito aprender es la lección de la intercesión. Tengo modelos en la Biblia, el más grande modelo es Jesús, pero hay otros de los cuales puedo aprender…y Moises..la vida de Moisés me insta hoy a transitar con firmeza y entusiasmo por la vereda de la intercesión.
Moisés se convierte en un modelo vivo para mi vida de oración. De él aprendo lo que necesito para convertirme en un intercesor. Veo que Moisés era un hombre entregado a Dios, lleno de celo e incluso celoso de Dios, por su honor y su voluntad. Veo a Moisés entregado al pueblo, listo para sacrificarse con el fin de que ellos pudieran ser salvos.
La Biblia dice que cuando supo del pecado del pueblo se metio con Dios cuarenta días y cuarenta noches en ayuno el verso 18 de Deuteronómio 9 dice que como lo solía hacer antes. Era un hábito en él. Veo en Moisés un hombre consciente de su llamado divino para actuar como mediador, para ser el eslabón de enlace, el cauce de comunicaciones, entre el Dios de los cielos y los hombres de la tierra. Hoy mi vida debe estar dominada por esta consciencia mediadora .
Hoy estoy consciente de que la oración es una de las partes constituyentes del plan de Dios. Veo que el cielo está lleno de la vida, el poder y las bendiciones que se necesitan en la tierra, y que la oración, en la tierra, es el poder que hace que desciendan esas bendiciones sobre todos nosotros.
Entiendo hoy que la oración es un indicador de la vida espiritual, y que su poder depende de mi propia relación con Dios y mi conciencia de ser su representante. Me confía sus tareas, y cuanto más sencilla y devota es mi entrega a él, tanto más natural y cierta se hace mi seguridad de que el Señor me escucha.
Señor. Gracias por que en la vida me enseñas y las lecciones que recibo, llegan a través de múltiples maestros. Unos que me hacen reír y otros que me hacen llorar pero al fin y al cabo me enseñan.
Moisés es uno de los que me enseña a través de la Biblia. Quiero aprender la lección de intercesión. Sé que cuando comienzo a transitar por el camino de la intercesión mi vida adquiere otro color y otra dimensión. El color del cielo y la dimensión de lo espiritual lo cual no puede ser jamás detenido por lo material. Amen

LOS TRES ULTIMOS DESEOS DE ALEJANDRO EL GRANDE

Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
1 – Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2 – Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y…
3 – Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones.
Alejandro le explicó:
1 – Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo.
Al morir nada material te llevas, aunque creo que las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.
“El tiempo” es el tesoro más valioso que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo y siempre se le regala a la familia o a un buen amigo.
Eclesiastés 3:1-2
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado…

ELLOS SON EL PROBLEMA

Lectura : 2 Corintios 10:12-18.
“Mas el que se gloría, gloríese en el Señor” 2 Corintios 10:17
Investigadores de la Universidad Tecnológica de Virginia, junto con funcionarios de la policía, determinaron recientemente que los conductores distraídos son los que ponen a los demás en un peligro mayor que los conductores agresivos. Los conductores que comen, disciplinan a sus hijos en el asiento posterior, o hablan por teléfono son los más peligrosos.
Cuando se les preguntó a los residentes de una ciudad norteamericana acerca de los malos hábitos de los conductores que hacían que las carreteras se volvieran inseguras, la mayoría creía que los demás causaban mayores problemas que ellos mismos. Una mujer dijo que ella hablaba un poquito por su teléfono celular, pero que al menos no marcaba los números telefónicos mientras estaba en la carretera. Ella terminó su comentario declarando que los demás «no están siguiendo las reglas de la carretera... Ellos nos ponen en riesgo a todos».
Está en nuestra naturaleza señalar a los demás con el dedo. El apóstol Pablo habló acerca de otros maestros que evitaban mirar su propio comportamiento y, en vez de ello, le atacaban a él (2 Corintios 10:12-18). Escribió: «Pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos,... no son juiciosos» (v. 12).
Cuando no miramos nuestras propias acciones sino que, en vez de ello, nos comparamos con los demás, a menudo decimos que nos parecemos bien a nosotros mismos. Pero, como Pablo dijo, lo que cuenta es el elogio de Dios, no nuestra propia aprobación (v. 19).
Si debes compararte con alguien, compárate con Cristo.