domingo, 3 de agosto de 2008

DE LO MAS PROFUNDO

LA PIZARRA DE LA RANA

Cuando yo era muchacho, uno de mis pasatiempos favoritos era perseguir ranas junto a los bancos de una laguna que había cerca de mi casa. Yo no sabía de sus singulares poderes visuales, los cuales les permitirían eludirme muy fácilmente. Más tarde me enteré de que el campo óptico de la rana es como una pizarra limpia, y que las únicas imágenes que recibe son objetos que le preocupan directamente.
Estos pequeños anfibios nunca se distraen con cosas que no son importantes, sino que son conscientes sólo de las cosas esenciales y de lo que pueda ser peligroso para ellos.
En la vida cristiana, a menudo nos inquietamos con cosas vanas del mundo. Dejamos que nuestra vida se llene tanto de preocupaciones materialistas e insignificantes que perdemos la perspectiva de las cosas que duran.
Las palabras del Señor no deben apartarse de nuestros ojos, sino que deben mantenerse siempre en nuestro corazón. Entonces nuestro campo de visión quedará limpio de cosas innecesarias, y veremos claramente lo que Dios quiere que hagamos.
Aprendamos de la pizarra de la rana y centremos la mirada en Cristo y en su voluntad para nuestras vidas.

Proverbos 4: 20-21Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones.No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón.
Salmo 119: 37Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos.

EL REFUGIO

Lectura: Salmo 34:4-8
Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia! --Salmo 34:8.
Para la infelicidad de este mundo sólo hay un refugio seguro: el mismo Dios. ". . . El es escudo a todos los que a El se acogen" (Salmo 18:30).
La frase "confiar en" viene de una palabra hebrea que significa "refugiarse en" o "esconderse en" o "esconderse con". Sugiere un lugar secreto de escondite.
Cuando estamos exhaustos por nuestros esfuerzos, cuando estamos perplejos por nuestros problemas, cuando somos heridos por nuestros amigos, cuando nos rodean nuestros enemigos, podemos escondernos en Dios. No hay seguridad en este mundo. Si encontráramos seguridad aquí, nunca conoceríamos el gozo del amor y la protección de Dios. Nos perderíamos la felicidad para la cual fuimos hechos.
El único lugar seguro es el mismo Dios. Cuando las nubes de la tormenta se juntan y las calamidades acechan, debemos correr a su presencia en oración y permanecer allí (Salmo 57:1).
George MacDonald dijo: "El hombre que por fe pueda ir a Dios cuando menos deseos y sentimientos tenga, sin fervor ni inspiración, con el peso de pensamientos abatidos, fracasos, negligencias y un olvido errante y decirle: "Tú eres mi refugio", ese hombre es perfecto.
¡Qué seguros estamos y cuán bendecidos somos!
LA SEGURIDAD NO SE HALLA EN LA AUSENCIA DEL PELIGRO, SINO EN LA PRESENCIA DE DIOS.