viernes, 26 de diciembre de 2008

NOCHE DE HOSANNA

Un hombre y una mujer llegan a Belén de Judá...
Sus rostros lucen cansados, en sus ojos se puede ver
el esfuerzo realizado por llegar.

Son ellos María y José...
Han venido desde Nazaret cumpliendo en humildad
con un edicto que ha sido promulgado,
y firmado por Augusto César, el emperador romano.
El ha decidido los tributos aumentar,
y los judíos viajan cansados -hasta su ciudad natal-
para ser empadronados.

María, que está embarazada, de momento es percatada
que el Hijo de sus entrañas está pidiendo nacer,
¡Y aún no tienen posada!
¡No hay lugar en el mesón!
Mas ella no siente temor -ella está confiada
en su Señor y su Dios.-
En ese Dios Onminpotente que le hizo sombra a su
vientre y en ella un Hijo engendró,
mediante su Espíritu Santo y no por obra de varón;
ese Dios Todopoderoso en esta noche Suprema
también hará provisión.

Y prosiguen su camino en espera de ese albergue
que los ha de cobijar.
Sus pasos van silenciosos... sus mentes en oración,
suplicándole a su Dios que El haga fuerte lo endeble.
Y caminando sin rumbo... y cansados de caminar,
pero con fe y esperanza ardiendo en su corazón,
de pronto se han detenido ante un humilde pesebre...
¡Dios ha hecho provisión!

Y en aquel humilde pesebre, comedero de ganado,
oliente a naturaleza y pobremente alumbrado;
en aquella noche fría...
entre el ruido de animales y unos dolores de parto
que le causan agonía...
a las doce de la noche nace el Hijo de María.

Nace el Hijo de María que nueve meses atrás
fue anunciado por Gabriel...
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo del Dios Altísimo!
¡El esperado Mesías y Salvador de Israel!
Y María sonriente, olvidado ya el dolor,
lo toma entre tus brazos y lo arrulla tiernamente
con ternura y con amor...
Los ángeles del cielo han inundado el pesebre
de alabanzas y loor...
¡Es una noche de Hosanna, noche de Salvación!

Lo que el ángel Gabriel a María no le dijo,
es que perversos jinetes han salido tras su Hijo.
Cabalgan en pos de El, y no hay nada en este mundo
que los pueda detener.
Cabalga un Getsemaní, cabalga un Calvario,
cabalga una espada, un Judas y una Cruz;
y en su cabalgar constante,
en un futuro no distante alcanzarán a Jesús.

Pero esta noche de Hosanna, en esta noche de Paz,
el corazón de María no lo pueden perturbar
ni plañideras, ni endechas, ni jinetes que cabalgan,
ni espada o lamentación...
¡No! ¡Todo eso puede esperar!
En el humilde pesebre el tiempo se ha detenido
en un éxtasis profundo...
María contempla a su Niño embelesada de amor.
Ella lo envuelve en pañales, lo arrulla contra su pecho,
y sus brazos maternales lo protegen de la Cruz...
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo de Dios Altísimo!
¡Es el Salvador del mundo!
Y su nombre, su nombre es Jesús...

HOY..SE QUE LA FE VIENE POR EL OIR

“Así que la fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios” Romanos 10:17.
Un día estaba sentado leyendo algunos pasajes de la escritura y me llamó mucho la atención leer varios pasajes relacionados a la fe y pareciera que varios personajes de la Biblia tuvieron diferentes grados de fe. Yo no se si la fe se puede medir o no, pero lo que si pude ver en esa ocasión fue diferentes tipos y grados de fe en alguna gente de la Biblia, como el caso del Centurión quién dijo al Señor que no era necesario que él fuera a la casa a sanar el siervo sino que solo dijera la palabra y ese criado sanaría. Antes esta expresión de firmeza del centurión, el Señor dijo: De cierto les digo, que ni aún en Israel he hallado alguien con tan grande fe.
En otra ocasión, una mujer extranjera persiguió a Jesús buscando en él paz y tranquilidad en medio de su problema. Jesús siguió caminando como si no la hubiese escuchado y luego le dijo en forma cortante, que él no había sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel y no sería justo darle la comida a los perros, (refiriéndose a los gentiles o no judíos). A esta mujer no la detuvo el contenido de esas palabras y expresó con fuerza: Si Señor, pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de su Señor. A esta respuesta el Señor dijo: Oh, mujer, cuán grande es tu fe.
Estas historias me hacen reflexionar acerca de mi fe. Porque muchísimas veces yo me encuentro desilusionado por el silencio de Dios. Cuando mis oraciones no son contestadas yo intento rendirme y preguntar con desesperación, Por qué. Señor, Por qué. Qué puedo yo hacer para que mi fe no falte y se afiance más y más en el Señor? Pues la Biblia dice que la Fe viene por el oír y el oír de la palabra de Dios. Eso quiere decir que necesito buscar más y más en la Palabra de Dios la palabra específica que me sostiene en medio de los silencios de Dios.

Oh, Señor en este nuevo día yo quiero poner mi vida en tus manos y mi corazón afianzado en tu palabra. Hoy quieres darme un nuevo bautismo de fe y yo quiero sumergirme en ese bautismo. Se que lo que alimenta mi fe e ti, es tu palabra, porque en la palabra tu me hablas y me revelas tu corazón. Hoy, quiero tener el tiempo suficiente para recibir de ti el toque de tus palabras. Tus palabras que dan vida y fuerza a mi debilitado corazón. Amén.

EL TE PUEDE SACAR DE ELLO

Lectura: 1 Reyes 19:1-12
Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. —1 Reyes 19:12
Casi todo el mundo en algún momento de su vida se verá afectado por la depresión, ya sea la suya propia o la de otra persona. Algunas señales y síntomas comunes de la depresión incluyen sentimientos de desesperanza, pesimismo, falta de valía e impotencia. Aunque no podemos decir con certeza que los personajes bíblicos experimentaron depresión, podemos decir que algunos sí mostraron una profunda sensación de abatimiento, desaliento y tristeza que va unida a la impotencia personal y a la pérdida de significado y entusiasmo por la vida.
Elías es uno de los personajes bíblicos que encaja en esta descripción. Después de derrotar a los profetas de Baal, recibió una amenaza de muerte de parte de Jezabel. Su esperanza se hizo añicos y el abatimiento hizo presa de él. ¡Quería morirse! Dios ayudó a Elías a lidiar con su abatimiento de varias maneras. El Señor no le reprendió por sus sentimientos sino que envió a un ángel para suplir sus necesidades físicas. Luego, el Señor se reveló y le recordó a Elías que Él estaba obrando en silencio en medio de Su pueblo. Acto seguido, renovó la misión de Elías dándole nuevas órdenes. Finalmente, Dios le recordó a Elías que no estaba solo.
En nuestros momentos de desaliento, ¡recordemos que Dios nos ama y desea sacarnos de esa situación para llevarnos a un lugar donde recibamos una visión renovada de Él mismo!
Los débiles, los indefensos y los desalentados están al cuidado especial del Pastor.