miércoles, 13 de julio de 2011

ALGO MEJOR

Lectura: Hebreos 11:4-7,32-40.
"Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido" Hebreos 11:39
Abel no parece encajar en la primera mitad de Hebreos 11. Es el primero de los «antiguos» de esa lista, pero su historia no es como la de los otros que se mencionan allí. Enoc fue al cielo sin morir; Noé salvó a la humanidad; Abraham comenzó una nación; Isaac fue un patriarca destacado; José ascendió a lo máximo del poder en Egipto; Moisés lideró el éxodo más grandioso de todos los tiempos.
Sin duda, la fe de estos fue recompensada. Por fe, hicieron lo que Dios les pidió, y Él derramó Su bendición sobre ellos. Vieron con sus propios ojos el cumplimiento de las promesas divinas.
Pero ¿qué pasó con Abel? El segundo hijo de Adán y Eva tuvo fe, pero ¿qué recibió a cambio? Fue asesinado. Su situación se parece más a la de los que se mencionan en los vv. 35-38, quienes descubrieron que confiar en Dios no siempre genera bendiciones inmediatas. Estos enfrentaron «burlas», «cárceles», fueron «aserrados por la mitad». Nosotros quizá diríamos: «Gracias, pero no». Todos preferiríamos ser el heroico Abraham en vez de individuos que pasan «necesidades, afligidos y maltratados» (v. 37 NVI). Sin embargo, en el plan divino, no hay garantía de tranquilidad ni de fama, ni siquiera para los fieles.
Aunque experimentemos ciertas bendiciones en esta vida, tal vez debamos esperar «alguna cosa mejor» (v. 40): el cumplimiento de las promesas de Dios en gloria. En tanto, sigamos viviendo «mediante la fe».
Lo que se hace por Cristo ahora tendrá una recompensa eterna.

NO DESMAYES, NO TE AFANES, NO TE RINDAS

No desmayes, estás a tiempo de considerar la vida y comenzar de nuevo, aceptar sus espinas y disfrutar sus pétalos.

No te afanes, que la vida es eso, un viaje con pesadas cargas, pero con ligeros equipajes.

No te rindas, escucha, no cedas, aunque el frío no soportes, aunque el calor te queme y la brisa hasta corte tu piel.

La vida es un don, es un regalo aún para algunos sin abrir... En tus manos y en las de Cristo están tus veredas, tu seguro puerto y destino.
Recuerda, no hay herida que no cure con el tiempo. Abre las puertas de tu corazón a Dios, quita los cerrojos enmohecidos por los amargos recuerdos y echate a volar... Que la sonrisa de un niño te restaure, que una palabra a tiempo te ilumine y que un santo sentimiento te resguarde. Extiende tu mano a otros que han caído y despliega tus alas sabiendo que no eres el único que en la vida ha sufrido.

Si, Celebra la vida, ahorra las lágrimas solo para los buenos momentos...
Hoy es el día... Hoy es la hora cero... Tu puedes hacerlo hermano.

No desmayes, no te afanes, ni te rindas.

Filipenses 4:6-7
6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.