viernes, 13 de junio de 2008

SI PUEDES CREER

REPORTANDOSE

Una vez un Ministro cristiano estaba dando un recorrido por el Templo al mediodía… al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento se abrió la puerta; el Ministro frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue.
Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la Templo cargando una maleta… se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir.
El ministro un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta del Templo y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: “¿Qué haces aquí?”.
El hombre dijo que trabajaba cerca y tenía media hora libre para el almuerzo y aprovechaba ese momento para orar, “sólo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: “Señor, solo vine nuevamente para contarte cuán feliz me haces cuando me liberas de mis pecados… no sé muy bien orar, pero pienso en ti todos los días… así que Jesús, este es José Luis reportándose”.
El Ministro sintiéndose un poco avergonzado, le dijo a José Luis que estaba bien y que era bienvenido al Templo cuando quisiera.
El Ministro se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a jesús, mientras lágrimas corrían por sus mejillas; en su corazón repetía la plegaría de José Luis:
“solo vine para decirte, señor, cuánfeliz fui desde que te encontré a través de mis senejantes y me libraste de mis pecados. . .no sé muy bien como orar, pero pienso en ti todos los dias. . .así que, jesús soy yo reportándome.
Cierto día el ministro notó que el viejo José Luis no había venido. Los días siguieron pasando sin que José Luis volviese para orar. Continuaba ausente, por lo que el Ministro comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que él estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía oportunidad de sobrevivir.
La semana que José Luis estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa.
La enfermera jefe no podia entender porqué José Luis estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas.
El Ministro se acercó al lecho de José Luis con la enfermera y ésta le dijo, mientras José Luis escuchaba:
“Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a dónde recurrir”. Sorprendido el viejo José Luis dijo con una sonrisa:
“La enfermera está equivocada… pero ella no puede saber que todos los dias, desde que llegué aquí, a mediodía, y aunque no lo veo puedo ver, estoy seguro que un querido amigo mío, se sienta aquí en la cama, me agarra las manos, se inclina sobre mí y casi puedo escucharle decir: “SÓLO VINE PARA DECIRTE, JOSE LUIS, CUÁN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OIR TUS ORACIONES, PIENSO EN TI CADA DÍA… ASÍ QUE JOSE LUIS, ESTE SOY YO, JESÚS, REPORTÁNDOSE”.
Hebreos 13:5 “No te desampararé ni te dejaré”
Josué 1:9 “9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Se;or, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas».”

EL GOZO DE ESPERAR

Lectura: 1 Samuel 1:19-28
Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. --1 Samuel 1:27.
A una futura mamá, nueve meses le pueden parecer una eternidad. En el primer trimestre, los cambios hormonales a veces causan un malestar en las mañanas que dura bastante. Las emociones salen a la superficie y prolongan la melancolía de la tarde. Luego, los cambios en el apetito estiran las horas de la noche y la mujer se antoja de comer pizza, chocolate y pepinillo a altas horas de la noche.
Durante los próximos tres meses, a mamá le deja de servir la ropa y pasa largas horas haciéndose de un nuevo ajuar. El último trimestre convierte la actividad normal en una faena, pues comienza la vigilia final.
Entonces, de repente termina la interminable espera. Nueve meses se convierten en algo parecido al periódico de ayer. Se han ido. Se vuelven insignificantes, un recuerdo que se desvanece, superado por el gozo. Pregúntale a la nueva mamá si lamenta haber soportado el embarazo. ¡Nunca!
La espera de Ana empezó aun más lentamente. Durante años fue incapaz de tener un hijo. Se sentía tan insatisfecha, tan deshonrada (1 Samuel 1). Pero el Señor se acordó de ella y Ana concibió. Su gozo se completó.
Ana esperó pacientemente y vio al Señor convertir su tristeza en un gozo abundante. Su cántico (2:1-10) es un recordatorio de que el desencanto y la angustia más amarga pueden llevar a la realización y el deleite. Para los que esperan en el Señor, las largas horas de aguante un día darán paso al regocijo.
VALE LA PENA ESPERAR EL DON DEL GOZO DE DIOS.