miércoles, 29 de mayo de 2013



No te pierdas el próximo 23 de Junio un evento sin igual. "Activa España 2013" con el Apóstol Rony Chávez desde Costa Rica.
Un día que impactará la Ciudad de Barcelona y quedará marcada para siempre con una palabra profética y apostólica de parte de Dios.
Domingo 23 de Junio en el Auditorio de Kairos TV. Calle Provençals, 100. Metro L4-Selva de Mar y Tram T4-Fluvià.

También podrás seguir el evento en DIRECTO a través de tu canal Kairos TV

DIARIO DE UNA JOVEN ASESINA

Era su librito de apuntes diarios, apuntes que iba haciendo, cada día, una joven de catorce años de edad. ¿Qué cosas podría escribir en ese diario? Cosas juveniles: impresiones de muchachos, actividades de colegio, paseos, fiestas.
Pero un día, justamente el primero de enero, la joven escribió: «Querido diario: Es principio de año, y ya no aguanto más. Tengo que quitarme de encima una carga que ya no puedo llevar. Yo maté a mi hermanita.»
El diario sigue narrando: «Fui hasta su cuarto y le dije que la quería mucho. Cubrí, entonces, su boca, y la sofoqué. Tú, mi querido diario, eres a quien primero le cuento. Gracias. Ahora me siento mejor.»
Ya hacía cinco meses que esta adolescente había matado a su hermanita de cuatro años de edad. Cuando hallaron el cuerpo de la chiquita, el médico forense determinó que era «muerte por asfixia traumática». La investigación no produjo ningún resultado. Pero sucedió que los padres de la hija mayor descubrieron su diario.
Por más que queramos callar la voz de nuestra conciencia, no podemos. Tarde o temprano su grito se oirá.
¿Qué está pasando en los hogares, en las familias, en los adolescentes? Esta joven no carecía de nada. Tenía buenos padres, buena casa, buen colegio, buenos amigos, buena ropa, buen calzado, buenas cosas. ¿Por qué, de un modo sorpresivo y brutal, mató a su hermanita?
En parte tiene que ver con la violencia que los adolescentes ven en la televisión, la cual se va acumulando en su psiquis. Cuando ésta se llena a más no poder, el adolescente no tarda en poner en práctica más de alguna de esas cosas.
Tampoco se descarta la posibilidad de los contactos con sectas extrañas. Lo que padres incautamente podrán llamar «chifladuras de adolescentes» puede que sean relaciones, incluso satánicas, cosa que está más extendida de lo que parece.
La fuerza moral más potente del mundo está en Jesucristo. Si nosotros, como padres, descuidamos nuestra propia vida espiritual, con eso dirigimos a nuestros hijos por el camino de la perdición.
Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida. Tanto nosotros como nuestros hijos necesitamos ese poder. Sólo Cristo nos pone a salvo de toda fuerza maligna. Él desea ser nuestro Señor. Coronémoslo Rey de nuestra vida hoy mismo.
Hermano Pablo

PONETE EN SU ZAPATO

¿Alguna vez se puso un zapato mas pequeño y anduvo un buen tiempo con el?

Es una experiencia muy desagradable, pero si usted ve a una persona que lleva un zapato más pequeño no va a darse cuenta de esto, ya que en realidad solo el que lo tiene puesto sabe lo que está pasando.
Es una situación muy compleja y de verdad muy incomoda puede ser tanto así que uno comienza a tener mal humor, a no querer caminar, incluso a querer sacarse los zapatos.
Las personas siempre estamos en situaciones de dificultades y de verdad que a veces son tan complejas que nos es difícil explicarlas, los que ven de afuera no entiende lo que está pasando y tienden a hablar mal o a decir que el está pasando a este y suele ser una experiencia como la del zapato.
No vamos a tener una perspectiva de la vida mientras no aprendamos a entender lo que otras personas están viviendo.
Esto se debe a que si solo estamos concentrados en lo que nos pasa a nosotros, esto no nos dejará aprender, ni mucho menos experimentar en la vida.
Es más no vamos a tener relaciones estable mientras no aprendamos esto. Nuestras amistades solo se basarán en tiempos buenos y cuando no estén estos van a derrumbarse. La Biblia lo explica de esta forma:
Proverbios 17: En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.
Ponerse en el zapato de otro es Interesarse por aquellos que están sufriendo.
Ponerse en el zapato de otro aun cuando el nuestro nos aprieta.
Ponerse en el zapato de otro es amar y demostrar amor.
Ponerse en el zapato de otro es servir para algo en esta vida.
Ponerse en el zapato de otro es perdonar aun cuando no debemos pedir perdón.
Las personas que pueden ponerse en el zapato de otro tienen una madurez y una sensibilidad la cual Dios va a usar.
Quienes se ponen en el zapato de otro son aptos para el servicio y quien no puede hacer esto no está capacitado para servir. es así de simple.
Ponerse el el zapato de otro está en los mandamientos vea que 6 de los diez tienen que ver con ponerse en el zapato de otro:
Exodo 20:
12Honra a tu padre y a tu madre,
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No hurtarás.
16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
NO hagas a otros nada que los haga sufrir, aunque eso te de algún tipo de satisfacción.
Es decir que, no ponerse en el zapato de otro es en realidad ser un egoísta.
Para ponerse en el zapato de otro usted tiene que dejar de quejarse y mirar hacia afuera, no mire hacia adentro suyo, pare de sufrir usted mismo y podrá ver otros que sufren.
Ponerse en el zapato de otro es ser movido a misericordia. La misericordia es un sentimiento de amor extremó. Es decir en condiciones normales yo no amaría a una persona en esas circunstancias. Pero cuando la misericordia se apodera de mi entonces amo a esa persona no importando nada, es como un peso en la conciencia y estamos dispuestos a sacrificarnos.
Lucas 10:35
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
El buen samaritano no había planeado este gasto extra, pero no pensó en eso, sencillamente se lanzó a ayudar a quien en realidad y en condiciones normales no era de su agrado.
Vio la necesidad de alguien que estaba sin ayuda, alguien que de verdad le necesitaba sí o sí.
Me da a entender este texto que en la vida no sé trata sólo de amar a Dios y darle todo a Él. Se trata más bien de hacer cosas que traspasan los cielos y se manifiestan en la tierra.
Si amamos a Dios sin amar a nuestros prójimos estamos incompletos.
Te animo a ponerte en el zapato de otro.
José Luis Malnis
Pastor

lunes, 27 de mayo de 2013






Este pasado sábado estuvo en el auditorio Kairos nuestro hermano Sisqueto donde pudimos escuchar sus alabanzas que nos hicieron gozar fue una tarde donde se pudo notar la unción de Dios como se derramaba en nuestras vidas.

martes, 21 de mayo de 2013


VIOLENCIA FAMILIAR


Eran tres niños, hermanitos los tres, de seis, siete y ocho años de edad. Con ojos aterrorizados y temblando de miedo, no podían dejar de mirar. ¿Qué estaban mirando? Veían cómo su padre le daba una paliza brutal a su madre. La escena la describe un diario de América Latina.
El hombre enfurecido, a la vista de sus tres hijitos, golpeaba brutalmente a su esposa. ¿Cuál era la causa? Nadie sabe. Los niños sólo decían: «Papá estaba muy enojado.» Pero una palabra lo describe todo: violencia.
La violencia doméstica, aunque en la vida diaria no es nada nuevo, en las crónicas de los diarios y en los tribunales sí lo es. Es algo que ha recrudecido en las últimas décadas. Y esta crónica nos obliga a tocar dos puntos: la violencia entre padres, y su efecto en los hijos.
Algunos dicen que la violencia familiar la incita la familia misma, pero eso es ver el asunto de una manera superficial. La violencia nace en el corazón. Está adentro de uno como lo estaba en el corazón de Caín, y sólo necesita una muy pequeña provocación para estallar.
Decimos que es culpa de la mujer, o de los hijos, o del jefe o de otro, pero no lo es. Procede del corazón herido y confundido que vierte su frustración sobre los que están más cerca. Cuando el tronco está malo, todo el árbol lo está. Cuando el corazón vive en amargura, la persona en la que late reacciona con violencia.
¿Y qué de los hijos? No hay nada en todo el mundo que frustre y confunda y atemorice más al niño que ver a sus padres peleándose, especialmente cuando son encuentros violentos. Y si la criatura tiene dos, tres o cuatro años de edad, esos disgustos tienen efectos desastrosos que afectan toda su vida. Un sociólogo investigador dijo: «Cuanto más violenta es la pareja, de las que hemos entrevistado, más violentos son los hijos.» Por cierto, la violencia en los padres viene de la violencia en los progenitores de ellos.
¡Cuánto necesitamos paz y tranquilidad en nuestro corazón! ¡Cuánto necesitamos al Príncipe de paz! Y ese Príncipe de paz existe. Es Jesucristo, el Hijo de Dios. Él dijo: «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden» (Juan 14:27).
Entreguémosle nuestro corazón a Cristo. Si el enojo ha sido nuestra debilidad, hagamos una sincera declaración de humilde arrepentimiento. Cristo conoce nuestra intención y Él quiere ayudarnos. Permitámosle entrar en nuestro corazón. Él nos renovará en lo más profundo de nuestro ser.
Hermano Pablo

jueves, 16 de mayo de 2013

MATEO 12:37


Todo el mundo tendremos un juicio, creyentes y no creyentes, el juez será Dios; así que cuidado con tus palabras porque puedes engañar a cualquier persona con tus palabras pero jamás podrás engañar a Dios, pues él no puede ser engañado. También me dice que por mis palabras seré juzgado no por las palabras de otra persona porque a veces queremos justificarnos con otra persona poniendo en su boca lo que hemos dicho nosotros. Y una cosa más quiero decir que Dios no condena a nadie, nosotros mismos nos condenamos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

ESTADO DE MENDICIDAD


Kevin Barry salía a trabajar todos los días, ya fuera invierno o verano, o ya hiciera frío o calor. No descansaba ni domingos ni días feriados. Es que Kevin era un mendigo. Aquel hombre de cuarenta y cuatro años de edad se mantenía pidiendo limosna por las calles.
Lo interesante del caso es que Kevin comenzó a recibir una jubilación por incapacidad laboral, pero la dependencia del estado que administraba esos asuntos determinó que desde esa fecha el dinero que Kevin recibía en la calle se consideraría «donativos». Según los funcionarios estatales, aquellas entradas a modo de limosna ascendían a una suma de dinero tal que obligaba que se le redujera su jubilación por incapacidad.
Así es de compleja la vida moderna. En estos tiempos, para tener pan para comer, ropa para vestir y casa en la cual vivir, hay que tener mucha habilidad y mucha iniciativa. Será por eso que hay tantos «profesionales de la adulación», «profesionales del delito» y «profesionales de la mendicidad».
No se puede negar que estamos viviendo en tiempos difíciles. Sólo unos cincuenta años atrás nuestro trabajo tenía que ver con la tierra. Había ciertamente muchos pueblos, pero la gran mayoría de las personas se abastecían de lo que la tierra producía.
Hoy en día nos hemos volcado hacia las grandes ciudades, y ellas no dan lo suficiente para tanta afluencia de gente. De ahí que nos estemos volviendo «profesionales en el delito»: en el fraude, en la estafa, en el contrabando y en la prostitución, y hasta en la mendicidad.
¿Habrá alguna solución? En cuanto al crimen, hay que combatirlo con toda la fuerza de la ley. En cuanto a la pobreza, recordemos que de no ser por la gracia de Dios, todos podríamos ser pobres. Algún día tendremos que dar cuenta de la dureza de nuestro corazón. Es hasta probable que nuestros propios hijos exijan una explicación. Pero en el sentido espiritual, todos somos mendigos.
Jesucristo contó la siguiente parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo.” En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios» (Lucas 18:10-14).
Ante Dios, todos somos mendigos espirituales. Pongamos a un lado nuestra vanidad. Digamos, como el recaudador de impuestos: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» De hacerlo así, Cristo nos rescatará de nuestra mendicidad espiritual, y nos dará paz en esta tierra y una herencia incorruptible en el cielo.
Hermano Pablo

martes, 7 de mayo de 2013


EL DRAMA DE MARÍA


María era una bella niña de dieciséis años de edad que vivía en una de las grandes ciudades de América Latina. Una tarde ella regresó de la escuela a su casa con una honda pena. Sus padres habían salido, pero eso le era un alivio, porque la preocupación que María traía era un embarazo. A esa temprana edad María estaba embarazada y no sabía qué hacer.
Angustiada hasta más no poder, tomó una resolución drástica. Con un alambre retorcido, ella misma se hizo un aborto. Pero sufrió una fuerte hemorragia y tuvo que internarse en el hospital.
¿Qué es esto? Es el drama de cientos de miles de muchachas que como María, en plena edad juvenil —en la edad de los estudios, de los amigos y de los primeros bailes— tienen un tropiezo. Y como la naturaleza no perdona, ese tropiezo se convierte en un embarazo no deseado. Ahí comienza el drama.
¿Cómo detener esa marea creciente de embarazos juveniles? ¿Cómo curar las profundas heridas que produce? ¿Cómo ser un orientador para las jóvenes que enfrentan, todos los días, la insistencia de muchachos que no saben lo que hacen, o las inclinaciones naturales que esas jóvenes no comprenden?
Se ofrecen muchas soluciones, pero ninguna de ellas es, de veras, una solución eficaz. Todas tratan el síntoma y no la causa.
La raíz de esta tragedia es una combinación del despertar de apetitos naturales, y una sociedad dada a la inmoralidad desenfrenada que los padres les pasan a los hijos. Esto explica la degradación de nuestra sociedad.
Si hacemos caso omiso de Dios, no podemos menos que sufrir las consecuencias, y éstas producen desprecio por todo lo moral y lo puro. Por un lado somos víctimas de inclinaciones pecaminosas heredadas de la caída de nuestros primeros padres, y por el otro tenemos la flojera moral de nuestra sociedad, que ofrece un ambiente propicio para vivir en el pecado. Con razón nos estamos hundiendo.
¿Cuál es la solución? Dios. Dios en el corazón. Dios en la vida. Dios en la familia. Dios en la sociedad. El día en que toda la raza humana obedezca los mandamientos morales de Dios, habrá paz en este mundo.
¿Cómo llegamos a conocer a Dios? Por medio de su Hijo Jesucristo. Sólo tenemos que abrirle nuestro corazón y darle entrada. «Mira que estoy a la puerta y llamo —dice el Señor—. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20). Esa es la única solución.
Hermano Pablo

jueves, 2 de mayo de 2013