viernes, 30 de julio de 2010

GOTAS PARA EL ALMA

Entre más intensamente nos sentimos acerca de una idea o una meta, más seguramente la idea, enterrada profundamente en nuestro subconsciente, nos dirigirá a lo largo del camino a su cumplimiento. –Earl Nightingale

Hay una pequeña diferencia entre personas, pero esa pequeña diferencia hace una gran diferencia. Esa pequeña diferencia es la actitud; la gran diferencia es si es positiva o negativa. –W. Clement Stone

Los años arrugan el cuerpo, pero el rendirnos arruga el alma. –Douglas McArthur

Lancemos el corazón más allá del límite y nuestro cuerpo le seguirá. –Norman Vincent Peale

Más vale que hagamos lo mejor al vivir, actuar y pensar hoy, porque hoy es la segura preparación para mañana y todos las demás mañanas que le seguirán. –Harrie Martineau

Hagamos algo cada día que no queramos hacer; esta es la regla de oro para adquirir el hábito de cumplir con nuestro deber aun que nos duela. –Mark Twain

El pensar es fácil, actuar es difícil, y el poner nuestros pensamientos en acción es la cosa más difícil en el mundo. –Johann Wolfgang von Goethe

La mejor medida del carácter de una persona es (1) cómo trata a la gente que no le pueden beneficiar en nada, y (2) cómo trata a la gente que no puede pelear de vuelta. –Abigail van Buren

Aquel que cada mañana planea sus negocios del día y sigue ese plan, lleva un hilo que le guía a través del laberinto de la vida más ajetreada. Pero donde no se planea, donde el uso del tiempo se rinde a lo que venga, el caos pronto reinará. –Victor Hugo

Es en nuestros momentos de decisión que se forja nuestro destino. –Anthony Robbins

Si un hombre vacía su cartera en su cabeza, nadie se la puede robar. Una inversión en conocimiento siempre paga el mejor dividendo. –Benjamin Franklin

Arriesgue más de lo que los demás consideren seguro. Interésese más de lo que los demás piensen sabio. Sueñe más de lo que los demás piensen práctico. Espere más de lo que los demás piensen posible. –Claude T. Bissell

Si nuestra imaginación nos lleva a comprender cuán rápidamente la gente nos concede nuestras peticiones cuando las mismas apelan a sus propios intereses, podremos alcanzar casi cualquier cosa que nos propongamos. –Napoleon Hill

Hasta que nos valoremos a nosotros mismos, no valoraremos nuestro tiempo. Hasta que valoremos nuestro tiempo no haremos nada con él. –M. Scott Peck

Yo dije: Señor, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. Salmo 41:4.

¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.Salmo 42:5.

INVOLUCRANDOME

Lectura: Lucas 10:30-37.
"Clemente y misericordioso es Jehová" Salmo 111:4
Fred exclamó: «¿Acaso nadie va a ayudar a ese pobre hombre?», cuando él y mi esposo, Tom, se dieron cuenta de cuál había sido la causa para que el tráfico avanzara lentamente por la transitada carretera de cinco carriles. Un hombre yacía tumbado entre los carriles con su bicicleta sobre él, mientras los vehículos simplemente le esquivaban y pasaban de largo. Fred encendió las luces intermitentes de advertencia y bloqueó el tráfico con su automóvil. Luego él y mi esposo salieron para ayudar al hombre maltrecho.
Fred y Tom se involucraron, al igual que el samaritano en la historia de Jesús en Lucas 10. Ellos también vencieron toda renuencia que pudieran haber tenido para tenderle la mano a un hombre en peligro. El samaritano también tuvo que vencer los prejuicios raciales y culturales. Las personas de las que habríamos esperado ayuda mostraron indiferencia ante la difícil situación del hombre herido.
Es fácil encontrar razones para no involucrarse. Nuestras ocupaciones, la indiferencia y el temor a menudo están al comienzo de la lista. Pero, al buscar seguir fielmente a nuestro Señor, seremos más y más conscientes de las oportunidades para mostrar el tipo de compasión que Él mostró (Mateo 14:14; 15:32; Marcos 6:34).
En la parábola del Buen Samaritano, Jesús elogió al hombre que había actuado por compasión aun cuando hacerlo le era inconveniente, difícil y costoso. Luego, Él nos dijo a nosotros: «Ve, y haz tú lo mismo» (Lucas 10:37).
La verdadera compasión hace trabajar el amor.