lunes, 28 de julio de 2008

LOS MINEROS TAMBIEN CUENTAN

Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña estaba pasando por los días más oscuros, el país tenía serias dificultades en mantener a sus hombres trabajando en las minas de carbón.
Muchos querían abandonar sus sucios e ingratos trabajos en las peligrosas minas para unirse a las fuerzas armadas donde podrían tener más reconocimiento público y apoyo. Pero el trabajo de las minas era determinante para el éxito de la guerra.
Sin carbón, los soldados y la gente en sus casas tendrían serias dificultades. Por eso un día el Ministro Winston Churchill se enfrentó a miles de mineros y les habló de la importancia de la guerra y cómo sus esfuerzos podrían hacer que la meta de mantener a Inglaterra libre se alcanzara o no.
Churchill les pintó un cuadro completo de lo que ocurriría cuando la guerra terminara y del gran desfile con el que se honraría a los que habían hecho la guerra. Primero vendrían los marinos, luego vendrían lo mejor y más brillante de Gran Bretaña, los pilotos de la Real Fuerza Aérea.
Más atrás vendrían los soldados que habían peleado en Dunquerque. Los últimos serían, los hombres cubiertos del polvo de carbón con sus cascos mineros. Churchill dijo que quizás alguien gritaría en la multitud: “Y donde estaban ustedes durante los días difíciles de la guerra?” Y las voces de diez mil gargantas responderían: “En las entrañas de la tierra con nuestros rostros hacía el carbón”.
Las lágrimas comenzaron a bajar por las mejillas de aquellos hombres endurecidos por el trabajo. Regresaron a sus pocos brillantes trabajos con resolución firme después de habérseles recordado el papel que estaban desempeñando en la lucha por alcanzar la gran meta de preservar la libertad del mundo occidental.
Quizás has creído que lo que haces no tiene mucha importancia. Que otros hacen mejores cosas que tu. Más recuerda, en el mundo todos trabajamos para bendecir a otros. Ya sea en la cocina, en la oficina, como mensajero, enfermera, médico o ministro religioso. Nadie sobra. Somos parte de la cadena de bendición. Por lo tanto vivamos hoy de tal manera que podamos disfrutar al máximo de todo lo que hacemos.
Lucas 12:37 Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.
Lucas 12:38 Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
Efesios 6:6 No sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios.

¿ C0MO CONTESTARIAS ?

Lectura: 1 Tesalonicenses 4:13-18
Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando . . . y los muertos en Cristo se levantarán primero. -- 1 Ts. 4:16.
A Sir Norman Anderson lo invitaron a participar en un programa de televisión para hablar sobre la evidencia de la resurrección de Cristo, un tema sobre el que había escrito mucho. Cuando su hijo murió de cáncer, los productores del programa ofrecieron cancelar su participación diciendo: "Usted no puede hablar de la resurrección cuando acaba de perder a su hijo." Pero Anderson dijo: "Ahora más que nunca quiero hablar de ella." Y así, con tristeza en su corazón pero con una gran seguridad, habló de la resurrección de Cristo y de la nuestra como creyentes."
La resurrección de Jesús no es un mito. Es un hecho histórico bien atestiguado. De hecho, es una verdad eterna. Jesús declaró: ". . . yo soy . . . el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 1:17-18).
Jesús habló a sus discípulos sobre su propia resurrección y les aseguró: ". . . porque yo vivo, vosotros también viviréis" (Juan 14:19). Y Pablo escribió sobre la resurrección del cristiano enseñando que cuando un creyente muere, no tenemos que entristecernos como aquellos que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13).
Cuando Lázaro murió, Jesús aseguró a Marta que todo el que cree en Él, aunque muera, vivirá (Juan 11:25-26). Y luego le preguntó: "¿Crees esto?" Marta contestó: "Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios" (v.27). ¿Cómo contestarías tú?
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO GARANTIZA LA NUESTRA.