viernes, 1 de mayo de 2009

DANZA DEDICADA AL PASTOR DE LA IGLESIA LA PAZ

CORO DE NIÑOS

CORAZON DE MADRE

Corazón de madre, valiente y esforzado
Corazón de madre, lo mejor que hemos hallado
Corazón de madre, que en sus hijos ha pensado
Cada día, cada noche, en el presente y el pasado.

Corazón de madre, que de niños disfrutamos
Corazón de madre, que aún del vientre escuchamos
Corazón de madre, que decía YO TE AMO
Aún cuando mil veces me hayas lastimado.

Corazón de madre, tesoro inapreciado
Corazón de madre, que dolores ha olvidado
Corazón de madre, que ha dejado su legado
A sus hijos, a su esposo y a quienes ha enseñado.

Corazón de madre, que levanta los pilares
Corazón de madre, que transforma los lugares
Corazón de madre, que enseña con su ejemplo
Y que perfuma, con sus oraciones en el templo.

Corazón de madre, que me muestra lo sincero
Corazón de madre, con sentimiento verdadero
Corazón de madre, que se humilla por sus hijos
Pero lucha incansable por su amor y por sus dichos.

Corazón de madre, que se atreve a confiar
Corazón de madre, que en Cristo pone su mirar
Corazón de madre, que le habla sin dudar
Al Dios eterno, que su respuesta ha de enviar.

Patricia J. Olivera Costilla.

¡LOMBRICES A LA OBRA!

Eran nada menos que un millón. Un millón de obreros especializados. Un millón de obreros que sabían hacer bien su trabajo. Nadie lo hacía mejor que ellos, con tanta eficiencia y economía.

Eran todos de la República Federal Alemana. Su trabajo consistía en limpiar la basura de la ciudad de Colonia. Y no sólo limpiarla, sino transformarla en abono útil para los campos.

No eran obreros comunistas ni eran obreros democráticos. No eran rusos ni eran alemanes.

Este millón de obreros útiles contratados por la ciudad de Colonia, y que se desempeñaban a las mil maravillas, eran lombrices. Lombrices que sabían transformar la basura en abono, prestándole al hombre un magnífico servicio.

La naturaleza misma nos enseña que los seres más humildes y despreciados en esta vida suelen ser los más útiles. ¿Quién aprecia a las lombrices de tierra? Sólo los pescadores que las usan de carnada. Parecen los seres más atrasados e inferiores del reino animal.

Sin embargo, las lombrices son una bendición para los jardines y los prados. Con su incansable comer y digerir tierra, van transformando los suelos de pobres en ricos; van cavando galerías por donde circula el aire y llega el calor del sol. No hay duda de que estos animalitos ciegos, sin ojos, sin patas, sin manos, sin cerebro, son inmensamente útiles.

Miremos a nuestro alrededor, a los seres humanos que nos rodean. Tal vez haya muchos que son despreciados. Son pobres. Son iletrados. Carecen de modales y de cultura, según el pensar de la sociedad. Carecen de fuerza económica y política. Son parias, al entender de muchos, en una sociedad que dice no tener castas, pero que sí las tiene.

Sin embargo, ese ser humano tan humilde —esa empleada doméstica, ese peón de campo, ese indígena vendedor de fruta, ese obrero de la inmensa fábrica— tiene valor. Tiene el valor humano que Dios le da a cada una de sus criaturas.

Aunque a muchos les parezca que no sirven para nada por considerarse las lombrices de la sociedad, pueden servir para algo grande: ser morada de Dios, que es Espíritu.

Porque cualquier persona, sea grande o pequeña, rica o pobre, que abre su corazón a Cristo, pasa a ser un templo espiritual, una morada divina. Sólo Cristo le concede al ser humano la suprema dignidad.

Hermano Pablo.

EL FERROCARRIL MÁS ALTO DEL MUNDO

La gente decía que no podía hacerse: construir un ferrocarril sobre el nivel del mar desde la costa del Océano Pacífico hasta la Cordillera de los Andes, el segundo sistema montañoso más alto del mundo después de los Himalaya.

Pero eso era, precisamente, lo que Ernest Malinowski, un ingeniero nacido en Polonia quería hacer. En 1859, se propuso construir una línea de ferrocarril desde Callao en la costa del Perú hasta el interior del país, a una elevación de más de quince mil pies.

Si se alcanzaba el éxito, sería el ferrocarril más alto del mundo.

Los Andes son unas montañas traidoras. La altitud hace muy difícil el trabajo, pero hay que agregar a esto, las bajas temperaturas, los glaciares y el potencial de actividad volcánica. Y las montañas se suben desde el nivel del mar hasta decenas de miles de pies en una distancia muy corta.

Ascender a esas alturas en aquellas montañas dentadas requeriría toboganes, rutas en forma de zigzag y numerosos puentes y túneles.

Pero Malinowski y sus trabajadores triunfaron. Jans S. Plachta dice: «Hay aproximadamente cien túneles y puentes, y algunos de ellos son verdaderas hazañas de ingeniería.

Es difícil visualizar cómo pudo hacerse este trabajo con un equipo de construcción relativamente primitivo, grandes alturas y un terreno montañoso lleno de obstáculos».

Hoy día, el ferrocarril es un testimonio a la tenacidad de los hombres que lo construyeron. Sin importar lo que pudiera ocurrir en el proceso, Malinowski y su equipo nunca, nunca, nunca se dieron por vencidos.

Hay algo difícil? Probablemente, pero quizás no imposible. Los grandes soñadores no se detienen. Cada obstáculo podría ser un desafío pero jamás un impedimento. Dios está a tu lado para darte la fuerza. Nunca te detengas aterrorizado. Ve adelante. Este podría ser un gran día en tu vida.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré.
Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría.
Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó; no te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. Josué 1:5-7

POEMA NARRADO EN LA IGLESIA LA PAZ

NIÑAS CANTANDO PARA DIOS