jueves, 7 de enero de 2010

¿Y QUIEN ES EL?

Llega la navidad y cada año, una cara cubierta de pelo blanco, con un gorro rojo y traje del mismo color adorna casas, comercios y calles. Y quién es él?
La leyenda cuenta así:
“Hace miles de años, llego al planeta Tierra un bello ser que provenía de una galaxia muy lejana. Vivió en la zona que hoy se conoce como Escandinavia. Con su contagiosa alegría y su poder de precipitación, iba impartiendo, de zona en zona sus conocimientos sobre la vida en otros universos. Era alto, delgado y de aspecto muy juvenil. Su cuerpo emanaba brillante luz de tonalidad rojo-dorada.”
Ese personaje hoy en día, es algo grueso y con barba blanca, ya que la leyenda le describía como un ser bello, hermoso. Era rubio, con ojos azules grandes, cara ovalada, figura delgada y alta.
El aspecto de hoy en día se lo debemos a Coca Cola que lo eligió para sus anuncios navideños hace muchos años y le vistió con sus propios colores rojo y blanco
Es una tradición, como hemos dicho nórdica, que nada tiene que ver con el origen religioso y cristiano de nuestra navidad latina. La Navidad conmemora y celebra la llegada del niño Dios Jesús, que poco tiene que ver con el Espíritu de la Navidad o Santa Claus.
Lo más triste de todo esto, es que este personaje regordete, ha ido desplazando el personaje central de lo que se celebra. Jesús, es el personaje central en la historia de la humanidad, pero en las navidad, poco se habla de él, poco se adora a él y cada día la fiesta gira más en torno a este personaje vestido de rojo y a los seres humanos. Se olvida o ignora la gran historia del envio del hijo amado de Dios a esta tierra como el más grande regalo para el mundo.
El personaje central, no solo de navidades, sino de cada día en nuestra vida y en la historia de la humanidad, es Jesús, el Cristo de Gloria y Poder quien irrumpió en este mundo no lleno de cajas de regalos sino con sus manos llenas de bondad y misericordia, esas manos que fueron clavadas, para que hoy tú y yo seamos libres.
Desplazemos al personaje de rojo y pongamos en el centro de nuestro corazón aquél que derramo su sangre roja en el calvario, para darnos salvación y vida eterna.
Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo.
Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto.
Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo:
He aqui, la virgen concebira y dara a luz un hijo, y le pondran por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.
Mateo 1:18-23

EL INOCENTE


Lectura: Génesis 18:22-33.
"El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" Génesis 18:25
John Grisham es famoso por sus novelas judiciales: historias de acción sobre abogados y víctimas, autoridades y malhechores. Sin embargo, su libro The Innocent Man (El Inocente) no es una historia de ficción.
Es una historia de injusticia de la vida real. Cuenta acerca del brutal asesinato de una joven y de los dos hombres que, aunque eran inocentes, fueron condenados y sentenciados a muerte por el crimen. Sólo con la llegada de la prueba de ADN se demostró su inocencia y se salvaron de ser ejecutados después de 17 años de injusto sufrimiento. Finalmente, después de una larga espera, prevaleció la justicia.
Todos desean la justicia. Pero debemos reconocer que nuestra debilidad hace difícil que la administremos de forma perfecta. Podemos sentirnos inclinados a la venganza y, en nuestra búsqueda de ella, causar víctimas.
Es útil recordar que sólo en Dios se puede encontrar la justicia perfecta. Abraham lo describió con la pregunta retórica: «El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» (Génesis 18:25). La respuesta necesaria es sí. Pero aún más, Su tribunal es el único lugar donde podemos tener la certeza que prevalecerá la justicia.
En un mundo lleno de injusticia, podemos tomar aquellas que se cometen contra nosotros, entregárselas al Juez de toda la tierra y confiar en que Él hará justicia en última instancia.
La vida no siempre es justa, pero Dios es siempre fiel.

FAMILIA PASTORAL



La familia pastoral quiere desearos unas Felices Fiestas a todos los miembros de la iglesia la Paz y también a todos los que puedan ver este bolg.
Celebremos la Navidad dando honor a quien realmente lo mereces:JESÚS.

miércoles, 6 de enero de 2010

UJIERES


Aquí están los ujieres de la iglesia la paz, donde los Pastores oraron a Dios para que los proteja y les ayude a realizar su trabajo en la iglesia como ujieres este nuevo año.

LA MANSIÓN DE MI TÍA EVA

Sucedió en el año 1951, y la impresión que me dejó nunca la he podido olvidar. Mi esposa y yo estábamos de visita en casa de un tío mío a quien no habíamos visto por años. Su esposa, mi tía Eva, estaba enferma con una de las más temibles de las enfermedades: cáncer. Ella ya había sufrido una operación, pero debido a su condición avanzada, no habían podido detener la enfermedad.

Durante mi visita, que duró una semana, ella nunca dio indicios de dolor. Al contrario, se reía con frecuencia y hacía sus quehaceres con alegría.

Un día le pregunté a mi tío cómo podía ella mostrar tanta conformidad con una enfermedad así.

—Parece, Pablo —me contestó—, que ella vive en otro mundo. Está muy grave, y tiene dolor constante, pero nunca se queja, ni cuando estamos solos. Es más bien una muy viva y genuina esperanza lo que ella tiene.

Ante eso, le pregunté:

—¿Acaso cree ella que se va a sanar?

—¡Oh, no! —me contestó—. Al contrario, ella sabe que va a morir. Su esperanza consiste en la otra vida. Tiene una especie de ansia de morir: como quien va de vacaciones y no se aguanta, porque está llegando la hora de partir.

Eso me dejó hasta débil. Yo sabía a qué esperanza se refería él, pero nunca la había sentido tan de primera mano, especialmente en mi propia familia.

El día que partimos, ellos estaban en la puerta, dándonos el último adiós. De repente, mi tía dijo:

—Pablo, quisiera cantarles algo antes de que se vayan.

Ella no tenía voz de cantante, pero tenía un canto en el corazón, así que comenzó a entonar esta canción: «Yo tengo mi mansión, al otro lado del río. / Mi Cristo me espera con anhelo. / Por eso no estoy triste, aunque sigo sufriendo. / Porque yo sé que pronto tendré mi recompensa.»

Cuando ella terminó de cantar, yo tenía un gran nudo en la garganta. Sentí que ese adiós era de veras el último. Di la vuelta para ocultar la emoción que me embargaba, abordamos nuestro vehículo y partimos. A los seis meses, mi tía Eva murió, es decir, partió. Porque para una persona con una fe tan viva, no hay muerte; sólo traslado.

Dios nos creó a todos para ser eternos, y desea que pasemos la eternidad con Él. Esa esperanza puede ser también nuestra. Jesucristo les dijo a sus discípulos: «En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas.... Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté» (Juan 14:2,3). Por eso el apóstol Pablo escribió: «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Filipenses 3:21).

Aceptemos esta fuente de esperanza. Cristo nos ofrece a todos la vida eterna.

Hermano Pablo

TOCANDO A OTROS A PESAR DE

Mi corazón estaba más cargado de lo que jamás pensé podría estarlo. Estaba sentado en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos a las 3:00 de la mañana, después de que mi hijo se viese involucrado en un accidente automovilístico. Él luchaba por su vida. Su hija, mi única nieta, trágicamente había perecido en el accidente. Mis pensamientos, temores y dolor no me dejaban conciliar el sueño.
Mientras estaba sentado allí, preguntándole a Dios por qué, Él me reveló Su gracia y paz. Allí se hallaba un hombre que más tarde descubrí había luchado contra un cáncer por 7 años, perdido a su esposa por el cáncer, y que tenía a su propio hijo en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Sin embargo, este hombre se acercó a mi esposa y a mí y nos preguntó si necesitábamos una sábana o almohada.
El hospital en Fort Worth, Texas le permitía a la gente literalmente “acampar” en la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos, y ya que éramos los nuevos en la manzana, no estábamos al tanto de esos detalles. Este hombre, quien todavía llevaba una enorme carga, se estiró y puso su fe en acción, aún en medio de su propia desesperación.
Dios me mostró, a través de el simple acto de bondad de este hombre, que Él se basta para sacarnos adelante de cualquier situación. Mi hijo sobrevivió y enterramos a nuestra nietecita de un año.
En medio de todo eso, he visto a Dios manifestarse y ofrecernos esperanza, aún en nuestra hora más oscura. Este simple acto de bondad me demostró que Dios puede obrar a través nuestro, aún cuando nuestras cargas nos tengan contra el piso.
Eddie Gallagher, oriundo de Texas
Fuente: www.AsAManThinketh.net
Y se nos olvida que otros luchan más que nosotros, sufren más que nosotros y podrían llorar más que nosotros y sin embargo no retroceden si se encasillan, sino que han entendido la bendición de tocar a otro aún con gestos y detalles pequeños que podrían cambiar el rumbo de la vida.
Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ruth 3:10
Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? 2 Sam 9:1
Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros. Rom 15:14

LA FE DE UN NIÑO

Lectura: Mateo 18:1-5.
"De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis niños, no entraréis en el reino de los cielos" Mateo 18:3
Un domingo escuché a Miguel hablar acerca de su relación con sus dos padres el que le crió cuando era niño, y su Padre en el cielo.
Primero describió su confianza infantil hacia su padre terrenal como «sencilla y sin complicaciones». Esperaba que su papá arreglara lo que se había roto y le diera consejos. Sin embargo, le aterraba la idea de no complacerle, porque a menudo olvidaba que el amor y el perdón de su padre siempre venían a continuación.
Miguel continuó: «Hace algunos años causé todo un enredo y herí a muchas personas. Debido a mi culpa, terminé una relación feliz y sencilla con mi Padre celestial. Olvidé que podía pedirle que arreglara lo que yo había roto y buscar Su consejo».
Pasaron los años. Finalmente, Miguel tuvo una necesidad desesperada de Dios, pero se preguntaba qué hacer. Su pastor simplemente le dijo: «Dile a Dios que lo lamentas, ¡y hazlo en serio!»
En vez de ello, Miguel hizo preguntas complicadas, como: «¿Cómo funciona esto?» Y «¿Qué pasará si...?»
Finalmente, su pastor oró: «Dios, por favor, ¡dale a Miguel la fe de un niño!» Más tarde, Miguel dio un testimonio gozoso: «¡El Señor lo hizo!»
Miguel encontró la intimidad con su Padre celestial. La clave para él y para nosotros es practicar la fe sencilla y sin complicaciones de un niño.
La fe brilla con mayor fulgor en un corazón de niño.