viernes, 11 de mayo de 2012
lunes, 7 de mayo de 2012
LIMPIAME !
“¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!”(Salmo 51:2).
Jesús dijo al leproso: “Sé limpio”. En esas palabras hay fuerza y poder. Tienen autoridad y energía. Cristo sana nuestras almas con esas mismas palabras: “Sé limpio”. Dicho de otro modo: “Desea ser limpio”.
¿Quiere ser limpio? Si el Salvador nos dice: Sea”, nos está diciendo que quiere que seamos limpiados. El pecado y la enfermedad no pueden existir en presencia del Salvador si su voluntad es que seamos sanados. Ninguno de los que realmente quieran ser purificados quedará impuro.
Tan pronto como las palabras salieron de boca de Jesús la lepra del hombre desapareció. La naturaleza trabaja poco a poco, pero el Dios de la naturaleza obra inmediatamente. Él habla y se hace. Ordena y existe (ver Sal. 33:9).
Después de que el hombre fuera sanado, Jesús le dio una orden: “No le digas a nadie hasta que te hayas presentado ante el sacerdote y él dictamine que estás limpio; y así tendrás una prueba legal de que eras un leproso, pero que ahora estás totalmente curado” (ver Mat. 8:4; Lev. 14:2).
Jesús le dio esas instrucciones para proteger al hombre recién sanado. Lo que quiso decir fue: “No se lo digas a nadie hasta que te hayas presentado ante el sacerdote. Haz que certifique públicamente que ya no tienes lepra, porque si se entera de que yo te sané, quizá por despecho, rechace darte el certificado de curación y entonces tú tendrías que volver a vivir con otros leprosos”.
Cristo tuvo la precaución de observar la ley para que no se lo acusara de transgredirla y mostrar que estaba a favor de hacer las cosas de manera ordenada y respetando a las autoridades.
Jesús también le dijo al hombre que presentara la ofrenda que ordenó Moisés como agradecimiento a Dios y en contrapartida por los servicios del sacerdote. Jesús mostró respeto, humildad y consideración. Nuestro Salvador cuida hasta el más mínimo detalle.
¿Cree usted que al leproso curado le resultó difícil dar una ofrenda de acción de gracias? ¿Se quejaría porque necesitaba todo cuanto tenía para reabrir el negocio? ¿Piensa que dio una moneda cualquiera sacada de su bolsillo?
viernes, 4 de mayo de 2012
CUANDO LA EVIDENCIA NO SE HUNDE
miércoles, 2 de mayo de 2012
UNA CARTA DE AMOR
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16,17.
Son las 5:14 de la mañana, en el aeropuerto Saint Paul, de Minneapolis.
Es verano, y el sol sale temprano. Parece una bola de fuego, que incendia el horizonte. Lo puedo ver, a través de la ventana, mientras bebo un jugo de naranja en el Café D’Amico’s & Sons. Espero mi vuelo para Miami, y aprovecho el tiempo para escribir este devocional. Dos mesas a mi izquierda, un hombre moreno, fuerte, de
lentes gruesos, mira a un punto indefinido; no ve nada, solo mira. Debe tener problemas: se nota en su rostro, marcado por la vida; en la expresión de su voz cuando atiende el celular. Dice algo como: “¿Para qué me quieres de vuelta? Mi vida está llena de errores, no valgo nada”.
¿Algún esposo que abandonó el hogar? ¿Un novio que no alcanzó las expectativas de la novia? ¿Un hijo que frustró al padre? No lo sé; lo veo sufrir, y pienso en el texto de hoy. Pablo habla de la perfección y de las buenas obras. El apóstol afirma que el propósito de la Biblia es instruirte y prepararte para “toda buena obra”. ¿Sabes a lo que se refiere Pablo, con esta expresión? Al éxito, a la realización, a la prosperidad. ¿No es eso lo que tanto deseas en la vida?
Te preparas durante años en la universidad, realizas cursos de especialización; sacrificas tiempo, dinero y esfuerzo. Tu objetivo es vencer, y ser feliz. Pero, lo que consigues, en realidad, es conocimiento. El conocimiento informa; la información ayuda, pero no te hace realizado ni feliz. Necesitas de sabiduría, pero no la recibes en las universidades: proviene de Dios, a través de su Palabra. Solo la Biblia es fuente de corrección y de instrucción en justicia; solo ella es manantial de valores y de principios que dan vida y sentido al conocimiento humano: el conocimiento, sin valores espirituales, te ensoberbece, te llena de orgullo y te vuelve autosuficiente. El éxito, sin Dios, te convierte en el centro de un universo que solo existe en tu mente. Confundes riqueza con prosperidad, placer con felicidad, vida con existencia… Y sufres. Tu sufrimiento, aparentemente, no tiene razón de ser; pero, está presente en tus noches y en tus días.
Abre la Palabra de Dios hoy. Busca sabiduría; busca a Jesús. Camina con él a lo largo del día, y no te olvides de que la Biblia fue escrita para “redargüir, ensenar, corregir en justicia y prepararte para toda buena obra”.


