domingo, 24 de abril de 2011

ESPERANZA FALSA

Lectura: Efesios 2:1-10.
"Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras…" Efesios 2:8-9
Un bonito pueblo de Bavaria, en Alemania, se llama igual que un lugar horroroso: Dachau. Un museo ubicado en terrenos de este infame campo de concentración nazi atrae muchos aficionados a la historia de la Segunda Guerra Mundial.
A quien recorre el lugar, le resulta difícil pasar por alto las engañosas palabras grabadas en una puerta de hierro: Arbeit Macht Frei. Esta frase (El trabajo te da libertad) era tan sólo una vil mentira que creaba falsas expectativas en aquellos que ingresaban a ese sitio de muerte.
En la actualidad, muchas personas tienen la falsa esperanza de poder ganarse un lugar en el cielo siendo buenos o haciendo las cosas bien. Sin embargo, el patrón de perfección divino exige una vida completamente sin pecado. No hay manera de que alguno de nosotros pueda ser «suficientemente bueno». Sólo somos hechos justos por medio del sacrificio del Salvador impecable. A Jesús, Dios «por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Corintios 5:21). La vida eterna se concede debido al don de la gracia de Dios, no por nuestras buenas obras (Efesios 2:8-9).
No permitas que Satanás te engañe dándote la esperanza falsa de que tus buenas obras te salvarán. Es únicamente mediante la obra de Jesús en la cruz que puedes tener verdadera libertad.
No somos salvos por las buenas obras, sino por la obra de Dios.

sábado, 23 de abril de 2011

«ERROR HUMANO, DESCUIDO Y NIEBLA»

Uno era un Boeing 727 de Iberia. El otro era un DC-9 de Aviaco. Ambos estaban cargados de pasajeros, y ambos corrían por la misma pista. Era la pista de despegue en el aeropuerto de Madrid, capital de España.

Pero los dos aviones de pasajeros no corrían en el mismo sentido, sino que cruzaron sus líneas. La colisión que se produjo fue fatal. Del terrible choque resultaron muertas noventa y tres personas, tanto del Boeing como del DC-9. Fue uno de los más graves accidentes ocurridos en Madrid en el siglo veinte. ¿La causa? «Error humano, descuido y niebla cegadora», anunciaron los diarios.

Hay en realidad pocos accidentes de aviación en comparación con los miles de vuelos que se realizan todos los días alrededor del mundo. Pero cada vez que hay un accidente grave, la prensa mundial conmueve la opinión pública. Y casi siempre la causa de estos accidentes que cuestan centenares de vidas humanas se atribuye al descuido, a la imprevisión o a la falta de señales adecuadas. En ese accidente de Madrid, la causa fue una niebla cegadora, que apenas dejaba ver, y una falla en la torre de control que le dio pista a dos grandes aviones al mismo tiempo.

Así como sucede con los accidentes aéreos, podríamos decir que las demás tragedias que perjudican a las personas, afectan los matrimonios y destruyen los hogares se deben también a «error humano, descuido y niebla» que enceguece.

Pongamos por ejemplo un matrimonio que llega al juzgado para ponerle fin a su relación conyugal. ¿Cuáles son las causas que han provocado el divorcio? En demasiados casos, error humano, de él o de ella, al entregarse a un amor prohibido.

Y descuido. Descuido de los votos solemnes que se hicieron al comienzo de su vida matrimonial. Descuido de las eternas leyes de Dios. Descuido del amor, de la comunicación y del compañerismo imprescindibles entre esposo y esposa para mantener la unidad y la felicidad.

Y niebla cegadora. Niebla de falsos conceptos del amor. Niebla de la conciencia, que no le importa hacer el mal. Niebla que enceguece, de una mala moral cuya sola base es el egoísmo.

Para evitar semejantes tragedias, necesitamos un Salvador, un Señor y un Maestro que nos ponga en el carril adecuado, nos mantenga en una línea recta de conducta y nos provea una sólida fuerza moral. Necesitamos a Jesucristo, único Maestro, Señor y Salvador. Por Él, y con Él, podemos evitar la desgracia.

Hermano Pablo

viernes, 22 de abril de 2011

LA ABUELITA

Un pequeño muchachito estaba contándole a su abuelita cuan mal iba “todo”: la escuela, problemas familiares, severos problemas de salud, etc.

Mientras tanto la abuela estaba horneando un pastel. Entonces ella le preguntó a su nietecito si deseaba un bocado de algo, a lo que por supuesto él aceptó de inmediato.

Sírvete un poco de harina – le dijo la abuela.
¡Uacala abuelita! -contestó el niño.

¿Entonces que te parece servirte un par de huevos crudos?

“¡Ni loco! ¡Que feo!”

“¿Entonces tal vez te gustaría probar un poco de aceite de cocina o de polvo de hornear?”

“Abuelita, que te pasa. Todo eso es ¡Uacala!”

A lo que la abuelita respondió: “En verdad, todas estas cosas se ven muy mal por sí solas. Pero cuando todas ellas son mezcladas de manera correcta, de ellas nace un pastel delicioso.

Dios trabaja de la misma manera. Muchas veces nos preguntamos por qué Él permite que pasemos por momentos y circunstancias tan malos. Pero Dios sabe que ordenando todas estas cosas a Su manera perfecta, ¡éstas siempre obran para nuestro bien!

Solamente tenemos que confiar en Él y, en su momento, las cosas malas que nos pasan se convertirán en algo maravilloso!

TAREA DE RESCATE

Lectura: Romanos 3:10-22.
"Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente" Lucas 15:10
Como vivo en Colorado, en Estados Unidos, escalo montañas. Los fines de semana, en verano, veo excursionistas ocasionales que no tienen idea de lo que están haciendo. Con sandalias, pantalones cortos, camisetas y un solo recipiente de agua, comienzan a subir un sendero a media mañana. No llevan mapa, ni brújula ni ropa para lluvia.
Un vecino mío, voluntario de Rescate Alpino, me ha contado historias de turistas que fueron rescatados de una muerte segura después de desviarse de una senda. Sin importar las circunstancias, Rescate Alpino siempre responde a un pedido de ayuda. Jamás han sermoneado a un turista desventurado, diciendo: «Bueno, ya que ignoraste las reglas del parque natural, tendrás que soportar las consecuencias». Su misión es rescatar. Buscan a todo excursionista necesitado, lo merezca o no.
El mensaje central de la Biblia habla de rescatar. Pablo señala que ninguno de nosotros «merece» la misericordia de Dios y que no podemos salvarnos a nosotros mismos. Tal como un excursionista extraviado, lo único que podemos hacer es pedir ayuda. Citando al salmista, el apóstol dice: «No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios» (Romanos 3:10-11; Salmo 14:1-3).
La buena noticia del evangelio es que, a pesar de nuestra condición, Dios nos está buscando y responde a todo pedido de ayuda. Se podría decir que el Señor se ocupa de la tarea de rescate.
La esencia del arrepentimiento es dar las espaldas al pecado y volverse a Dios.

miércoles, 20 de abril de 2011

LA CAMARA SECRETA

Lectura: Isaías 50:4-5.
"Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz" Mateo 10:27
La gente tiene ciertas necesidades que son tremendamente profundas. El poeta Alfred Tennyson dijo: «Nunca la mañana se redujo a ser noche, pero algunas ciertamente destruyeron el corazón».
A veces, nos encontramos conversando con amigos angustiados y tal vez sentimos que tenemos una necesidad imperiosa de saber qué decir. ¿Cómo podemos «saber hablar palabras al cansado», como declara Isaías 50:4?
Decirles a las personas lo que los maestros humanos nos han enseñado puede producir cierto impacto en ellas. No obstante, las palabras más útiles y convincentes las dicen aquellos que son enseñados por el Señor mismo.
Por esta razón, es esencial que nos sentemos a los pies de Jesús y aprendamos de Él. Cuanto más recibimos de Él, tanto más tenemos para ofrecer a los demás. George MacDonald describe este tiempo con el Señor como tener «una cámara en Dios mismo». Luego continúa diciendo: «Fuera de [esta] cámara […] el hombre debe brindar enseñanza y fortaleza a sus hermanos. Para esto fue hecho».
Es mediante el estudio, la lectura y la meditación bíblica cuidadosa y acompañada de oración que Dios nos habla al corazón. Él nos da «lengua de sabios» (Isaías 50:4) a fin de que tengamos algo para compartir con aquellos que están sumidos en la desesperación.
Escucha el corazón de Dios y luego háblales a los demás desde el tuyo.

lunes, 18 de abril de 2011

GALATAS 6: 7 - 10

«AHORA TE TOCA EL TURNO A TI, CUATE»


«Ahora te toca el turno a ti, cuate.» La frase, trivial y amistosa, la expresó así, desaprensivamente y entre risas. Y tanto José Hernández Rodríguez, policía de la ciudad de México, como también sus compañeros policías, se rieron.

No se trataba de un turno para tomar un trago más. Ni era un turno para echar de nuevo los dados. No era turno tampoco para poner en marcha el auto policial y salir a hacer un recorrido nocturno. El turno para José, hombre casado de treinta y cuatro años de edad y con cinco hijos, era el de jugar a la ruleta rusa. Y él, creyendo todavía que era algo divertido, se puso el arma en la sien y disparó.

No hace falta terminar la crónica. José Hernández Rodríguez, policía de México, murió jugando a la ruleta rusa con el arma de la repartición, en medio de sus compañeros. Lo que lo movió a entrar al juego mortal con esa desastrosa consecuencia, para él y para su familia, fue la frase: «Ahora te toca el turno a ti, cuate.»

Así procede el maligno cuando busca destruir una vida. Se acerca al oído de un jovencito de doce años y le dice: «Ahora te toca el turno a ti; ¡aprovéchalo!» Y el chico, sin saber que la consecuencia lo destruirá, da su primera aspirada de cocaína. Se acerca al oído de la jovencita incauta y le dice: «Ahora te toca el turno a ti, linda.» Y la chica accede a probar lo que es el amor, con la desastrosa consecuencia de un embarazo a los catorce años, que la deja manchada y confundida el resto de su vida.

Se acerca al oído del atildado y respetado caballero, gran hombre de negocios, y le dice insidiosamente: «Ahora te toca el turno a ti, hombre; ¿qué esperas?» Y el caballero entra en el negocio sucio pensando hacer millones, y lo que saca es un proceso por estafa, y la ruina física, económica y moral.

La tentación siempre hace el mismo juego y casi siempre sale bien. Pone una oportunidad de desliz ante una persona cualquiera y le dice: «Ahora te toca a ti.» Y esa sola frase, aun en voz queda, tiene la fuerza de un Iguazú.

Sin embargo, entre las voces que arrastran al ser humano, no todas lo llevan a la derrota. Cristo también se acerca a cada persona y le dice: «Ahora te toca a ti.» Y es como si dijera: «Esta es la oportunidad de cambiar el rumbo de tu vida, de enmendar tus caminos, de regenerarte por completo, de ser una nueva persona.»

Jesucristo le da sentido a la vida. Él le da propósito a nuestra existencia en esta tierra. Y nos dice con urgencia: «Ahora te toca a ti. Reconcíliate conmigo. Hazlo ahora, ahora mismo.» No rechacemos el llamado de Dios. Él desea poner en orden todo lo negro y confuso de nuestra vida. Entreguémosle nuestro corazon.

Hermano Pablo