sábado, 2 de abril de 2011

viernes, 1 de abril de 2011

RESCATE Y VUELTA A LA VIDA

Un domingo, cuando la familia Desmore terminaba su frío paseo a la isla Kodiak y su pequeña embarcación los llevaba de regreso a la Bahía Larson en Alaska, sufrieron un percance. El barco se hundió con Misty, de tres años, una prima, su madre y su abuelo. Los guardacostas pudieron salvar a la madre y a la prima de Misty, pero el abuelo, Archie, de cincuenta años, murió de hipotermia.

Las esperanzas de los esforzados guardacostas no eran muy alentadoras en cuanto a la pequeña Misty, a quien no encontraban, y el tiempo transcurría en forma amenazante. Por fin hallaron a la niña, que flotaba boca abajo en las heladas aguas del Pacífico Norte. Misty había dejado de respirar hacía casi cuarenta minutos.

El doctor Marty, médico de los guardacostas, personalmente succionó casi un litro de agua marina salobre de los pulmones de la niña. En unión de su ayudante, le aplicó la respiración artificial hasta que ella comenzó a respirar por cuenta propia. Fue así como Misty se reanimó casi milagrosamente, y recibió cuidados intensivos en el Hospital Providence de Anchorage.

Es asombroso el increíble rescate y la milagrosa vuelta a la vida de una pequeña de tres años que prácticamente estuvo muerta a merced de las frías aguas del Pacífico. Así como Misty flotaba sin ninguna esperanza, el hombre actual se encuentra vagando en un frío océano, ahogado por la culpa de sus faltas. Por sus propios medios jamás logrará salvarse. Pero su Creador ya hizo todo lo necesario para rescatarlo. Jesucristo vino para pagar el precio de la culpa humana y quitarnos la carga que nos mantiene muertos en nuestros propios delitos. Al igual que el médico de los guardacostas que le aplicó la respiración artificial a la pequeña Misty, Cristo nos llena de su aliento divino —el Espíritu Santo— para que volvamos a la vida, a una existencia con sentido, llena de su cuidado y de su amor.

Si sentimos que ya no podemos respirar libremente, que estamos muertos en el interior, y reconocemos que el único que puede reanimarnos es Dios, es hora de que se produzca una verdadera y milagrosa resurrección en nuestra vida.

Dios envió a su Hijo Jesucristo al mundo para rescatarnos, dando su vida como precio por nuestra libertad. Aceptemos el perdón que nos ofrece y el aliento de vida eterna.

Hermano Pablo

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡DIOS TE NECESITA!

Lectura: Marcos 11:1-7.
"Si alguien os dijere; ¿Por qué hacéis esto? decid que el Señor lo necesita" Marcos 11:3
Para Su entrada triunfal en Jerusalén, Jesús escogió un burro como transporte real. Les indicó a los discípulos que dijeran: «El Señor lo necesita» (Marcos 11:3). ¿No es asombroso que el Hijo de Dios haya utilizado un medio tan insignificante para llevar a cabo Sus propósitos? Sobre este concepto, Alexander Maclaren comenta: «Cristo se acerca a nosotros de manera similar y deja de lado todas nuestras oportunas excusas. Él dice: “Te quiero a ti, y eso basta”».
¡Piénsalo! ¡El Creador del universo nos necesita y desea ubicarnos dentro de Su plan eterno! Aunque es todopoderoso e independiente de toda criatura, ha decidido llevar a cabo Sus planes mediante instrumentos humanos insignificantes. De no ser así, nos habría llevado al cielo tan pronto como fuimos salvos por Su gracia.
Alguien le preguntó a San Francisco de Asís cómo podía hacer tantas cosas. Él respondió: «Quizá esta sea la razón: El Señor miró desde el cielo hacia abajo y dijo: “¿Dónde puedo encontrar al hombre más débil y pequeño de la tierra?”. Después me vio y agregó: “Lo encontré. Obraré a través de él, y él no se enorgullecerá por eso, sino que verá que sólo lo utilizo porque es insignificante”».
¡Tal vez te consideres pequeño, pero Dios te necesita!
Dios está buscando personas comunes para hacer obras fuera de lo común.

domingo, 27 de marzo de 2011

TODO LO PUEDO EN CRSTO QUE ME FORTALECE

AMAR A DIOS

Lectura: 1 Juan 4:7-21.
"Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros" 1 Juan 4:11
Poco después de casarnos, yo pensé que conocía el atajo exacto para llegar al corazón de mi esposa. Una noche, llegué a casa con un ramo de una docena de rosas escondido tras mis espaldas. Cuando le di las flores a Martie, ella me agradeció gentilmente, olió el perfume y las llevó a la cocina. Lejos estaba de la reacción que yo había esperado.
Esta fue una lección introductoria sobre la realidad de que las flores no son el lenguaje fundamental del amor para ella. Si bien valoraba el gesto, mentalmente había calculado el costo de un costoso ramo de flores… ¡no apto para el presupuesto de una joven pareja que estudiaba en un seminario! Luego, con el paso de los años, descubrí que a ella le interesa que yo pase más tiempo con ella y que la atienda. Cuando me dedico a ella de manera ininterrumpida y atenta, entonces se siente realmente amada.
¿Alguna vez te preguntaste cómo quiere Dios que le demostremos nuestro amor? Obtenemos una pista al leer: «El que ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Juan 4:21). Es así de simple. Una de las formas principales de demostrar nuestro amor a Dios es amando a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. El amarnos auténticamente unos a otros complace a nuestro Padre celestial.
Por eso, busquemos oportunidades de decirle a Jesús que lo amamos. Vale infinitamente la pena, no importa cuánto cueste.
Para mostrar que amas a Dios, comparte tu amor con los demás.

viernes, 25 de marzo de 2011

EL DIÁLOGO SILENCIOSO

Aquel fue un diálogo dramático. Una vida estaba en juego. Fue un diálogo sobrecargado de emoción. Un diálogo en la cornisa de un edificio de Nueva York, a veinte pisos de altura. Fue, sin embargo, un diálogo totalmente silencioso.

Lo sostuvo Lillian Pérez, una señorita hispana de diecisiete años de edad, con Nicole Dean, una niña negra de la misma edad. Nicole había sufrido varios desengaños y, desesperada de la vida, intentaba suicidarse.

Como Nicole era sordomuda, Lillian, que practicaba el lenguaje de gestos, tras dos horas de arduos intentos logró su objetivo. No gritaron en ningún momento. Fue un diálogo de vida o muerte, dramático, serio, pero sin que se emitiera sonido alguno. Al fin las dos bajaron juntas de la cornisa del edificio, salvas y sanas.

Un diálogo, para tener intensidad, no precisa de gritos. Los gritos, más bien, enturbian la comunicación. Si dos personas que quieren dialogar se acaloran, en lugar de dar razones, dan insultos; y en lugar de comunicarse, cierran la puerta.

¿En dónde se ve más esto? En las comunicaciones entre marido y mujer. Si dialogaran sin esa emoción mórbida que añade el grito, y especialmente sin los golpes físicos que a veces acompañan la emoción, lo cual es imperdonable, se entenderían. El diálogo en paz y en armonía traería el provecho que se busca.

Por algo será que San Pablo recomienda que se elimine toda gritería. «Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias», les dice a los efesios (Efesios 4:31). Esas emociones envenenan la comunicación, mientras que las palabras delicadas suavizan toda conversación, y la armonía y el bien surgen de ellas.

¿Cómo hallar calma en medio de la tormenta? En primer lugar, ningún capitán levanta velas cuando ruge la tempestad. Antes de entablar alguna comunicación que pueda ser seria, esperemos que nuestros ánimos estén tranquilos. Ceder, para mantener la paz y por amor al cónyuge, es mil veces más importante y muestra mayor madurez que salir ganando en cualquier altercado.

Además, hablar con calma produce mucho mejor efecto. Así es como Dios habla con nosotros. Por cierto, un diálogo con Cristo les da a todos los demás diálogos de nuestra vida el provecho que buscamos.

Cristo quiere conversar con nosotros. Aceptemos su invitación. Él nos dará la paz que traerá armonía a todas nuestras relaciones. Recibamos la paz de Dios.

Hermano Pablo

DENUCIO EL PECADO

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Santiago 1:12-18


Si hermanos; quiero d enunciar el pecado, en primer lugar denuncio el pecado en mi vida, aunque confieso también que hago todo lo que puedo para vivir en forma que agrada a Dios; he decidido vivir en santidad. Es decir, quiero ser un hombre que busque andar en santidad, ¿qué quiere decir esto? quiero transitar el camino de la santidad, este es el que nos lleva sencillamente a apartarnos de las cosas que no agradan a Dios.

Denuncio que el pecado está propicio, siempre, a poner trampa, se esconde de manera que a veces no le vemos, nos confundimos y hasta nos equivocamos pensando que es bueno.

Denuncio que en la Iglesia hay pecado, escondido, camuflado, personas que consiente e inconscientemente, dan lugar y usan la casa de Dios para sembrar el pecado.

Denuncio que hay personas que vienen a la Iglesia a promover sus más bajos instintos, pretenden seducir, mintiendo y abusando de personas que de verdad vienen a buscar a Dios con sinceridad.
Denuncio que hem os sido demasiados considerados y hemos dado lugar a esto, no defendiendo la casa de Dios y sus hijos.

Denuncio al pecado en todas sus formas y deseo descubrirlo para poder deshacerme y deshacernos de él.
Declaro que si no hacemos algo al respecto nuestra vida será reducida a sólo instintos pecaminosos, que tienen por obra reducirnos a la frustración.

No sólo denuncio al pecado sino que sé por la palabra de Dios en qué forma se mete en nosotros y voy hoy a describirlo.

La corona en la mente.

He descubierto por la Palabra de que manera pecamos.
Está claro que Dios no nos tienta, porque el mismo no puede ser tentado por el mal así dice el texto en Santiago que leímos al principio.
Sino que cuando nuestros deseos (que se manifiestan en nuestra mente primeramente) se ponen en marcha, nos lleva al grado de cometer las acciones que no queremos pero…. que deseamos. ¿Porque las deseamos? por que las hemos rea lizado en nuestra mente primeramente, esto es el deseo.

En nuestra mente se posa una corona que reina y domina el nuestro pensamiento. Es algo así que nos ponemos las coronas y nos vestimos de ellas y estas gobiernan nuestros pensamientos.

Mire, me voy a poner una corona: Estuve pensando que este hermanito últimamente me ha estado mirando mal, ¿qué le habré hecho yo a él? Ahhhh, si ahora me acuerdo que hace una semanas, ocurrió que…. Y empezamos a inflar la rueda. Usted ya no puede pensar en forma clara. Ya tiene la corona de la discordia puesta.
¿Otro ejemplo? Claro si que de esto tengo para hacer dulce mi amigo.

Para los varones; los mensajes de la propaganda nos dicen que las mujeres bellas son tales o cuales, comenzamos a mirar en la internet y que paso, buscamos, buscamos y no nos satisfacemos ¿y por qué?, porque es mentira. Usted ya tiene la corona de la lujuria puesta. No le dejará pensar más hasta que usted no r ealice eso y busca realizar algo de lo cual usted ha hecho con sus pensamientos y está viendo con sus ojos.
De la realización de nuestra mente hasta la realización del hecho hay un solo paso que es la oportunidad de hacerlo.

Pero no todo tiene que ver con pecado sexuales, mire esta coronita que tengo aquí.
Usted comienza a discutir con su esposa amada y que pasa, ya se puso la corona de la discordia matrimonial de las miles de palabras que se han dicho las últimas semanas y claro va a discutir por semanas enteras.

Aquí va otra mire: Usted tiene que hacer las cuentas y conoce la forma de mentir engañar y robar y se pone la corona de la mentira que dice: “ No soy un tonto si todos roban yo también”

Estas coronas son demoniacas, los demonios hacen de ellas herramientas increíbles para que el hombre este atada a ellas.

Son no solos demonios sino actúan como espíritus que tienen un nombre que por lo gene ral se llaman como lo que generan.
Espíritu de mentira, temor, maldad, basura sexual, etc.

Entonces estos se posicionan en lugares estratégicos, no solo en vuestra mente sino en vuestra casa, en vuestras computadoras, en el lugar de trabajo, etc.

¿Qué hacer?

Sáquese la corona de porquería que tiene en la cabeza. Deje de culpar al mundo de la basura que usted mismo se ha puesto en la cabeza.

Mire lo que le voy a decir: Si usted está haciendo algo que no es la voluntad de Dios, no le busque más la vuelta al asunto, arrepiéntase, sáquese la corona de rebeldía y póngase una corona de santidad.
Este pasaje nos abre un camino en la oscuridad.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Ro 12:2

No se conforme, o mejor dicho no se deje conformar por la corona que le está intentando posarse en su cabeza.
Transforme dando lugar al entendimiento por medio de una corona de Justicia, santidad y verdad.

Mire la voluntad del Padre y renuncie a la suya este paso es sumamente importante para poder tener un verdadero cambio.

Mentes atadas

Yo sé que hay hoy mentes atadas y tan atadas que tienen la corona soldad en la cabeza. Desate ese pensamiento venenos. Usted tiene un Tsunami de basura en su mente. Deseche esos espíritus de maldad de su mente que pretende gobernar sus pensamientos y actos. Rechácelos y póngase una corona de la palabra de Dios. Que de paso le hará muy bello a los ojos de Dios.
Pastor José Luis Malnis

Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
www.iglesialatina.org

Lic. José Luis Malnis
ElPastor