lunes, 21 de diciembre de 2009

¡ALELUYA!

Lectura: Isaías 9:1-7.
"Yo sé que mi redentor vive" Job 19:25
El compositor Jorge Federico Haendel estaba en la bancarrota cuando en 1741 un grupo de organizaciones de caridad de Dublín le encargó componer una obra musical. Era para un acto de beneficencia en el que se recaudarían fondos para liberar a hombres de la cárcel por deudas. Aceptó el encargo y se entregó sin desmayo a su composición.
En tan sólo 24 días, Haendel compuso la famosa obra maestra El Mesías, la cual contiene «El Coro del Aleluya». Durante ese tiempo, jamás salió de su casa y a menudo estuvo sin comer. En algún momento, un sirviente lo encontró gimiendo sobre las partituras que estaba elaborando. Al narrar su experiencia, Haendel escribió: «Si estaba en mi cuerpo o fuera de mi cuerpo cuando lo escribí, no lo sé. Dios lo sabe». Posteriormente también dijo: «Creo que vi a todo el cielo delante de mí y al mismo gran Dios».
Cada vez que lo escucho, «El Coro del Aleluya» conmueve mi alma, y estoy seguro que la tuya también. Pero asegurémonos de hacer más que tan sólo admirarnos ante dicha música magnífica. Abramos nuestros corazones con fe y adoración al Mesías prometido en el libro de Isaías (Isaías 9:1-7). Él ha venido a nosotros en la persona de Jesucristo para ser nuestro Salvador. «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro» (v. 6).
El regalo más elevado de Dios despierta nuestra más profunda gratitud.

¿QUÉ SERÁ DE NUESTRO HOGAR?


No era la ruta de Don Quijote, pero fue casi igual de larga, unos trescientos kilómetros. Y no los movía un ideal loco sino el rescate de alguien en necesidad. Y no los animaba el fuego español sino el calor de familia.

Eran tres niños: Manuel, de trece años; Miguel, de nueve; y Javier, de seis, que junto con su padre Manuel Manzano Moreno caminaron a pie desde Córdoba, España, hasta Madrid, la capital. La caminata les tomó seis días.

El propósito del viaje era pedir el indulto de su madre, Pilar, condenada a tres años y seis meses de prisión, por narcotráfico. Aun sin conocer el resultado de su misión, no podemos menos que ver en esto una caminata de amor. Iban con un solo motivo: pedir el perdón para una madre que cometió un error. No tan brillante, quizá, como la caminata de Don Quijote, pero igualmente movida por un impulso de amor.

Si hay algo que nos conmueve en esta crónica, es ver a una familia unida con un solo propósito: tratar de ayudar a la esposa y madre a salir de su dilema. En estos días cuando la familia se está deshaciendo, cuando valores como la fidelidad, el respeto y el amor son muchas veces ignorados, cuando el divorcio, acompañado del abandono de niños, destruye uno de cada dos hogares, nos conviene detenernos y dar gracias a Dios que, a pesar de que hubo una infracción de leyes, había también una genuina demostración de amor, unidad y compasión dentro de ese núcleo familiar.

¿Podríamos reflexionar, por unos momentos, acerca de la condición de nuestro matrimonio, de nuestra familia, de nuestros hijos? ¿Hay en nuestro hogar honra, amor, fidelidad y respeto? ¿Amamos de corazón a nuestro cónyuge?

¿Cómo tratamos a nuestros hijos? ¿Ven ellos en nosotros, los padres, cariño, dirección, ejemplo y amor? ¿Se sienten ellos seguros en la presencia de sus padres?

¿Y cómo responden nuestros hijos? ¿Aman, respetan y honran a sus padres? ¿Obedecen, en humildad, los deseos sanos de ellos?

Si no nos detenemos para responder a estas inquietudes, no sabremos por qué no hay paz en nuestro hogar. Leamos la Biblia juntos. Hablemos con Dios en oración. Démosle entrada a Cristo en nuestro hogar. Él traerá consigo el bálsamo de suavidad que dará armonía a toda la familia.

No vivamos más sin Dios.

Hermano Pablo

domingo, 20 de diciembre de 2009

COMPROMISO CON DIOS

MÁS QUE ORO

Un jefe de una tribu africana dijo, cuando un caballero inglés ofreció dinero para salvar la vida de un esclavo: "No quiero tener dinero; quiero sangre". Y mandó disparar contra el que había sido condenado a muerte.

El caballero extendió su brazo para proteger al esclavo, y la saeta penetró en su brazo. "Aquí está la sangre, dijo el inglés, la doy por el esclavo, ahora me pertenece".

El esclavo le fue entregado y cuando éste recibió inmediatamente su libertad, dijo con abundante gratitud: "Usted me ha comprado con su sangre, siempre seré su esclavo". Y cumplió su promesa".

Qué buena ilustración de las palabras tan conocidas: "Habéis sido redimidos, no con plata ni oro, sino con su sangre preciosa.

«EL NIÑO DEL CRUCE»


Se llamaba Juan José Ferrer. Vivía en el barrio de Villaverde, Madrid, España. Era alegre y vivaz, y siempre estaba con amigos. Pero un día desapareció de la casa. Lo buscaron por todas partes, pero fue imposible hallarlo.

Un año después un amigo suyo, Jesús Fuentes, confesó espontáneamente el delito. Él había estrangulado a Juan José «por gusto», en el kilómetro 6 de la carretera a Andalucía. Las crónicas españolas recuerdan a la víctima como «El niño del cruce». ¿La edad de cada uno? Diez años la víctima, y trece el homicida.

Casos como éste, hasta hace pocos años, ocurrían sólo entre adultos. Pero ahora son niños los que llenan las páginas de los periódicos con las crónicas rojas.

A Jesús Fuentes, por ser la última persona con quien Juan José había sido visto vivo, lo interrogaron innumerables veces. Pero ni detectives, ni maestros, ni psicólogos ni clérigos lograron hacerlo hablar. Casi un año después, espontáneamente, confesó todo y llevó a las autoridades al lugar donde había enterrado al amiguito. Lo increíble del caso no deja de ser que el homicida sólo tenía trece años de edad, y la víctima apenas diez.

¿Qué está pasando con nuestra niñez? Hay que decirlo. Es como un culto a la violencia, un desprecio por la vida, incitada, según el criterio de muchos, por esa influencia nefasta del cine y la televisión.

«El niño del cruce» podría representar a la sociedad sobre la línea de demarcación entre el temor de Dios y la total rebeldía de la raza humana.

Es imposible creer que pueda haber tanto desprecio por la vida humana sin que la sociedad sienta el golpe de conciencia. ¿Cómo es que el hombre —en este caso, el niño— puede engañar, robar, estafar y matar sin sentir el más mínimo remordimiento? ¿Qué de nuestra conciencia? ¿Dónde está el sentido de humanidad? ¿Acaso todos nos hemos vuelto animales? ¿Qué le está pasando a la raza humana?

Es que el hombre ha hecho caso omiso de Dios, y al no reconocer la soberanía divina cada uno se constituye en su propio dios. El resultado es una anarquía devastadora que destruye al individuo y a la sociedad. No puede haber sensatez mientras no se reconozca la autoridad de Dios en la vida humana.

Ya es hora de que sometamos nuestra voluntad al señorío de Cristo. No habrá paz, ni equilibrio ni cordura en el mundo hasta que Él sea Señor de la vida humana. Permitamos que esa paz comience en nuestro corazón. Sometamos hoy mismo nuestra vida a Cristo.

Herman Pablo

sábado, 19 de diciembre de 2009

TAPICES CENTENARIOS

Los tapices españoles son muy famosos desde 1721.
La calidad de las composiciones convierte a cada tapiz y alfombra en una selecta obra de arte de alto precio. Cada obra es una pieza única por su belleza, colorido y la riqueza de matices.
Al contemplar a los artesanos trabajar de manera tan esmerada en cada obra se aprecia la dificultad de elaborar con paciencia unas piezas que han sido a lo largo de los siglos auténticas joyas artísticas.
Todo ello se aprecia en el museo Real de la Fábrica donde por 2,5 euros se observa como los artesanos ejecutan con mimo una tarea centenaria.
El propio edificio ya es una obra de arte en sí misma con sus altos muros de piedra y ladrillo. El Rey Felipe V fue el fundador de la Real Fábrica de Tapices siguiendo el modelo de los talleres reales en Francia a comienzos del siglo XVII.
Los artesanos se concentran en su trabajo sin prisa, en medio de un hueco silencio que trasciende tiempo y espacio. Cada nudo español es perfecto o se hace y se deshace hasta que llega a serlo. Un metro cuadrado de tapiz fino puede tardar hasta tres meses en manos de un artesano.
La demanda de estos tapices es más reducida ya que el metro cuadrado puede costar hasta 12.000 euros.
Tomado de Revista Nexos. Agosto-Septiembre 2005.
Estos tapices españoles nos recuerdan el echo de que Dios esta tejiendo nuestras vidas de una manera perfecta.
Cada nudo en nuestra vida tiene un propósito.
Dios sabe lo que ha comenzado en nosotros y hacia donde nos está llevando. La obra de Dios es nosotros es supremamente costosa, mucho más que un tapiz españComenzamos por recordar que Jesús pago el precio más alto que alguien hubiese podido pagar. Su propia sangre y día a día él sigue tejiendo nuestra vida.
No te desesperes ante los nudos de tu vida, aunque no los entiendas forman parte del diseño de Dios para tu vida.
Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. I Pedro 1:19
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1:6
El Señor recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. Ruth 2:12

¿NO HAY PILAS?

Lectura: Efesios 1:15-23.
"Para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,... y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos" Efesios 1:18-19
Mi nieto de dos años estaba fascinado con la burbujeante laguna de barro, resultado de la actividad geotérmica en Rotorua, Nueva Zelanda. Al avanzar hacia otro punto y ver que no había ninguna burbuja allí, el pequeño observó. «¿Ya no hay pilas?» ¡Estaba tan acostumbrado a sus juguetes electrónicos que incluso pensó que los fenómenos naturales también funcionaban con baterías!
Los cristianos pueden cometer un error similar; recurren a su propio insignificante poder para vivir vidas rectas; pero los elevados estándares morales y éticos de un Dios santo demuestran que es imposible estar a Su altura. El resultado es que nos convertimos en cristianos sin gozo, sin esperanza, cargados y derrotados.
La oración de Pablo por los creyentes en Éfeso fue que «se alumbraran los ojos de su entendimiento; para que sepan cuál es la esperanza a que Él los ha llamado . . . y cuál la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos» (Efesios 1:18-19). Él quería que vieran que el poder que estaba disponible para ayudarles a vivir vidas que honraran a Dios es el mismo poder que «operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales» (v. 20).
El poder de vivir según los estándares de Dios sólo viene cuando nos conectamos a Su poder inextinguible. ¿Cómo lo hacemos? Buscando Su rostro a diario y pidiéndole que nos llene con Su Espíritu Santo.
La Luz del Mundo nunca sufre de apagones.