martes, 1 de diciembre de 2009

ECHA UNA MANO

Lectura: Romanos 12:9-21.
"Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran" Romanos 12:15
El mes que viene va a ser muy difícil para muchas personas que siguen dando tumbos a consecuencia de la pérdida de algún ser querido este último año. El dolor atroz causado por la ausencia de alguien a quien se ama puede empañar las reuniones por las fiestas e incluso debilitar el deseo de celebrar el nacimiento de Jesús.
La poetisa Ann Weems ha escrito:
Algunos de nosotros
al Adviento llegamos
A nuestro ayer no resuelto encadenados,
El dolor todavía apuñalándonos
El sufrimiento todavía aguijoneándonos.
No es que ya no lo sepamos;
Sino que simplemente ya no podemos
Por nuestra cuenta levantarnos.
Y ahora que a Belén caminamos,
¿nos echarás una mano?
En Romanos 12:9-21 Pablo ofrece maneras de expresar un cristianismo práctico en nuestras relaciones. Pareciera que estamos especialmente necesitados en esta época del año: «Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran» (v. 15). Podemos «echar una mano» a los amigos y familiares que lloran y entender su sufrimiento sin esperar que «lo superen» a tiempo para celebrar las fiestas. Podemos mencionar con libertad el nombre de la persona cuya muerte ha traído tal desolación y luego compartir un recuerdo querido que se tenga de ella. Podemos estar callados, escuchar y orar por la ayuda de Dios.
Sólo Dios puede sanar las profundas heridas del corazón, pero nosotros podemos echar una mano
Nadie es lo suficientemente fuerte como para llevar sus cargas solo.

EL ÚLTIMO CENTÍMETRO DE PELÍCULA

No bien terminó el terremoto, Sanford Greenwald, de nueve años de edad, salió a tomar fotos del desastre. Usaba una pequeña cámara Brownie, de las llamadas «de cajón». El niño hacía sus primeras armas en el periodismo gráfico.

Esto era en San Francisco, California, durante el terrible terremoto de 1906. Sanford desarrolló después una extensa carrera dentro de la fotografía y la cinematografía. Fue el primer hombre en filmar, en rollos de película larga, escenas desde el aire.

Filmó escenas de guerra en ambas contiendas mundiales, y filmó el célebre desembarco de Normandía el 6 de junio de 1944, llamado el día «D», como también la primera explosión atómica del mundo en Alamogordo, estado de Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

Después de haber acabado muchos rollos de película en su vida, los cuales ascendieron a centenares de miles de metros, terminó el rollo de su propia vida. Sanford Greenwald, el reportero fílmico más grande del mundo, murió el viernes 14 de septiembre de 1984, a los ochenta y siete años de edad.

He aquí un hombre que marcó rumbos y abrió brechas en el arte y la profesión del reportaje gráfico. Vio nacer la industria fílmica y tomó parte activa en ella. Filmó rollos de película en blanco y negro por todas partes del mundo en las décadas de 1910 y 1920. Cuando se produjo el advenimiento del color y del sonido, también fue de los primeros en aprovecharlos.

Pero el rollo de su propia vida, ese carretel que todos traemos lleno al nacer, y que lo vamos desenrollando día por día y lo vamos consumiendo a la vez, tenía también marcado un día: el día en que corrió el último centímetro de película y Dios escribió la palabra «Fin».

¿Qué vio y contempló para seguir filmando Sanford Greenwald, cuando pasó de este mundo al otro, y de esta vida presente a la vida de la eternidad? No lo sabemos. Sólo Dios conoce el destino de cada hombre que muere. Puede que haya ido a contemplar la gloria. O puede que haya ido a ver las escenas lúgubres del báratro.

Lo que sí sabemos con toda seguridad es que el hombre que se rinde a Jesucristo y lo recibe como Señor y Salvador tiene la salvación eterna asegurada. Y sabemos que cuando deje de contemplar las escenas buenas o malas de esta vida, abrirá los ojos en la eternidad para contemplar allí las glorias, las bellezas y las grandezas que encierra.

Hagamos de Cristo, hoy mismo, antes que sea tarde, nuestro Señor y Salvador.

Hermano Pablo

lunes, 30 de noviembre de 2009

emptycristoemptyvive

CARACOL SIN CASA

Se podría decir que el nudibranquio o “babosa de mar” es un caracol sin caparazón lo que haría que este animal quede totalmente desprotegido. Pero, para defenderse, este ingenioso animal a desarrollado algunos métodos muy interesantes.
Algunas babosas tienen coloraciones espectaculares en forma de bandas o puntos que rompen su silueta confundiendo su aspecto.
Otras combinan colores que en el mar son advertidores de veneno para los depredadores como el rojo y negro o amarillo, naranja y negro.
Otras especies poseen espículas calcáreas en la piel, otras tienen mal sabor o segregan sustancias tóxicas para defenderse de un ataque.
Estos moluscos tienen un régimen carnívoro sumamente especializado: se alimentan de esponjas, cnidarios y briozoos. Algunas especies poseen apéndices dorsales en forma de sacos. En éstos receptáculos acumulan las células urticantes de las anémonas e hidroideos que les sirvieron de alimento, de modo que cuando un depredador las muerde, liberan los apéndices y el atacante queda escarmentado.
Tito Rodriguez
Director Instituto Argentino de Buceo
Cómo el caracol sin casa, los cristianos necesitamos estar conscientes de que Dios quiere que desarrollemos sistemas de defensa para mantenernos en victoria en medio de un mundo lleno de ataques y de un ataque espiritual continuo. Nuestros sistemas de defensa son la oración, el estudio diario de la Palabra de Dios y las disciplinas espirituales. Cuando un creyente vive en contacto permanente con Dios, ni el mundo, ni el demonio ni la carne podrán llevarlo al desastre. ¿Cómo están tus defensas espirituales?
II Crónicas 6:40
Ahora, Dios mío, te ruego que tus ojos se mantengan abiertos, y atentos tus oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.
Proverbios 15:29
El Señor se mantiene lejos de los impíos,pero escucha las oraciones de los justos.
Filipenses 1:19
Porque sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da el Espíritu de Jesucristo, todo esto resultará en mi liberación.

UN CRISTIANISMO CONVINCENTE

Lectura: Mateo 16:24-28.
"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" Mateo 16:25
Tantos programas de televisión y tan poco tiempo para verlos. Aparentemente eso es lo que piensa nuestra cultura, ¡porque ahora la tecnología nos permite ver un programa de una hora de duración en tan sólo seis minutos o aún menos! La Red Minisode ha podado los episodios de series populares en paquetes más cortos y convenientes para los espectadores interesados. «Los programas que le encantan, sólo que mas cortos» es lo que ahora se publicita. Todo para hacer nuestra vida más conveniente.
Algunos han tratado de hacer la vida cristiana más conveniente. Eligen practicar el cristianismo sólo los domingos. Asisten a un culto religioso en cualquier iglesia que les haga sentir lo más cómodos posible. Dan una pequeña ofrenda y son amables con los demás asistentes -nada que requiera gran esfuerzo de su parte. De esa manera pueden tener el resto de la semana para ellos y vivir como les plazca.
Eso sería un cristianismo conveniente. Pero sabemos que seguir a Jesús es un estilo de vida y no una conveniencia tan sólo de domingo. Ser un «discípulo» implica rendir nuestras vidas a Él (Mateo 16:25). Trata acerca de vivir tal y como Jesús nos llama a hacerlo, rindiendo a diario nuestros planes y propósitos por los de Él. Una relación con Él hace que nos preocupemos por nuestros pensamientos, decisiones, actitudes y acciones -todo para hacer que nuestra vida se llene de gozo para nosotros y sea agradable a Dios
La fe en Cristo no es simplemente un solo paso, sino toda una vida de caminar con Él.

domingo, 29 de noviembre de 2009

JESUCRISTRO

LAS TENTACIONES

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:13-15


Así como las pruebas santas están dispuestas para suscitar lo mejor en nosotros, las tentaciones impías están hechas para sacar lo peor de nosotros. Se debe tener una cosa bien clara. Cuando uno es tentado a pecar, la tentación no procede de Dios. Dios sí prueba o ensaya a los hombres por lo que a su fe respecta, pero nunca tienta a nadie a cometer ninguna forma de mal. Él mismo no tiene tratos con e l mal, y no seduce a pecar.

El hombre está siempre dispuesto a pasar a otros la responsabilidad por sus pecados. Si no puede darle la culpa a Dios, adoptará un enfoque de la moderna psicología, diciendo que el pecado es una enfermedad. De esta manera espera escapar del juicio. Pero el pecado no es una enfermedad; es un fracaso moral del que el hombre ha de dar cuenta. Algunos incluso tratan de dar la culpa del pecado a objetos innanimados. Pero las "cosas" materiales no son pecaminosas en sí mismas. El pecado no se origina ahí. Santiago sigue al león hasta su guarida al decir: Cada uno es tentado, cuando es atraído y seducido por su propia concupiscencia. El pecado brota de dentro de nosotros, de nuestra vieja naturaleza malvada, caída e irregenerada. Jesús dijo: "porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias" (Mateo 15:19).

La palabra que emple a Santiago para concupiscencia es literalmente deseo y podría referirse a cualquier forma de deseo, bueno o malo. Pero con pocas excepciones se emplea en el NT para describir malos deseos, y este es ciertamente el caso aquí. La concupiscencia es asemejada aquí a una mala mujer exibiendo sus encantos y seduciendo a sus víctimas. Cada uno de nosotros es tentado. Tenemos viles deseos y apetitos impuros que constantemente nos apremian a pecar. ¿Somos pues víctimas inermes, cuando somos atraídos y seducidos por nuestra propia concupiscencia? No: podemos expeler todo pensamiento de pecado de nuestra mente y concentrarnos en aquello que es puro y santo (Fil. 4:8). También cuando somos objeto de intensa tentación, podemos clamar al Señor, recordando que "Torreón fuerte es el nombre de Jehová; a Él se acogerá el justo y estará a salvo" (Pr. 18:10).

Si esto es así, entonces, ¿por qué pecamos? Aquí tenemos la respuesta: Entonces la concupiscencia, da a luz el pecado. En lugar de expulsar el vil pensamiento, puede que lo estemos alentando, alimentando y disfrutando con él. Este acto de consentimiento es asemejado a la relación sexual. La concupiscencia concibe y nace un repulsivo bebé llamado pecado. Esto es otra manera de decir que si pensamos en un acto prohibido el tiempo necesario, finalmente lo cometeremos. Todo el proceso de la concupiscencia concibiendo y dando a luz el pecado queda vívidamente ilustrado en el incidente de David y Betsabé (2 S. 11:1-27).

I cuando el pecado es consumado, produce la muerte, dice Santiago. El pecado no es algo estéril, sin fruto: produce su propia descendencia. La declaración de que el pecado proudce muerte puede comprenderse de varias maneras: Primero, el pecado de Adán trajo la muerte física sobre sí mismo y sobre toda posteridad (Gn. 2:17). Pero el pecado conduce asimismo a la muerte eterna, espiritual -la separación final de la persona de D ios y de la bendición (Ro. 6:23a)-. Hay también un sentido en el que el pecado resulta para muerte del creyente. Por ejemplo, en 1 Timoteo 5:6 leemos que una viuda creyente que vive en placeres está muerta mientras vive. Esto significa que está desperdiciando su vida y dejando totalmente de cumplir el propósito para el que Dios la salvó. Para el cristiano, estar fuera de comunión con Dios es una forma de muerte en vida.

Coloración de: Taty