domingo, 29 de noviembre de 2009

NO ESTES TRITE

“Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas. Tendrán gozo y alegría, y huirán el dolor y el gemido.” Isaias 51:11

¿Sabía usted que como creyente la sangre de Jesucristo le ha redimido de la maldición del dolor y la tristeza? Usted no tiene por qué tolerar estas cosas, así como no tiene que tolerar el pecado ni la enfermedad.

Varios meses antes de que mi madre partiera hacia la presencia del Señor, en agosto de 1988, Dios comenzó a enseñarme acerca de este asunto. Cada vez que Él me mostraba algo, yo lo ponía en práctica (usted debería hacer lo mismo cada vez que Dios le enseñe algo: comience a ponerlo en práctica, y cuando llegue el momento de hacerlo no tendrá problemas).

Así que, ocho meses y medio antes de que mi madre partiera, comencé a resistir el dolor y la tristeza. Decidí que no iba a entristecerme. De inmediato el diablo comenzó a atacar mi estado de ánimo. Pero le decía: “No, no voy a tolerar eso. Ejerzo autoridad sobre mi estado anímico en el nombre de Jesús. He dado mi cuerpo como sacrificio agradable al Señor, y no participaré de nada excepto de su gozo”. Entonces comencé expresar la Palabra y a alabar en voz alta. Pasé tres días difíciles resistiendo, hasta que los espíritus de aflicción se fueron.

Lo que quiero decirle es que usted va a tener que resistir el dolor y la tristeza. No le pertenecen. No provienen de su Padre celestial. Quizá tenga que pasearse por su habitación toda la noche. Pero en lugar de preocuparse y llorar, camine y exprese la Palabra hasta que deje de sentirse así y el gozo del Señor le llene. Recuerde que usted es uno de los que “tendrán gozo y alegría” y de los cuales “huirán el dolor y el gemido”. Usted es el redimido de Jehová.

Escrito por:Keneth Copeland

EL ENCANTO DE LOS OJOS

Ibrahim Abubakar, muchacho de apenas doce años, se acercó al río para lavar ropa. Estaba en el estado de Gongola, al nordeste de Nigeria. Dos hombres le habían hecho el encargo, acordando pagarle algunas monedas por hacer el trabajo.

Silbando despreocupado, Ibrahim comenzó a lavar la ropa. En eso los dos hombres se le acercaron sigilosamente por detrás y lo hicieron perder el conocimiento de un fuerte golpe a la cabeza. Acto seguido, hicieron una cosa horrenda: le extirparon ambos ojos.

¿La razón de este bárbaro hecho? Un brujo, curandero de la región, les había pedido dos ojos humanos para prepararles un encanto que les protegería de heridas y que haría invisible cualquier cosa robada que tuvieran entre sus posesiones.

La brujería, el curanderismo, las adivinaciones, los encantamientos y hechizos son algunos de los males más difundidos en la humanidad. Y son los más antiguos también, ya que nacieron en la vieja y antigua Babilonia.

Se ha dicho que la magia es la religión de la mayoría en la humanidad. En las antiguas religiones de China, India y Japón es dogma oficial. Entre los musulmanes se practica en cierta medida. Entre los judíos de los tiempos bíblicos estuvo estrictamente prohibida. Y el cristianismo en su forma más pura la ha rechazado siempre.

Sin embargo, las supersticiones y su parienta cercana, las ciencias ocultas, no han sido erradicadas del todo. Han coexistido con el cristianismo en Europa y en América, y hasta el día de hoy se practican oculta o abiertamente.

Es que las supersticiones y las creencias en brujas, hechizos, horóscopos, maleficios, maldiciones, salaciones, mal de ojos, curanderismo y demás falsas creencias existen sólo donde hay ignorancia de la Biblia, la Palabra de Dios. Pues cuando el Libro Santo ilumina el alma, y el mensaje del Evangelio puro de Cristo penetra la mente y el corazón del pueblo, las malas artes se van.

Cuando el apóstol Pablo predicó a Cristo con vehemencia en la ciudad de Éfeso —narra el libro de Los Hechos—, centenares de personas que habían practicado la magia y el ocultismo repudiaron sus malas artes y aceptaron a Cristo. Entonces quemaron sus libros en la plaza pública, ¡y eso que el costo de esos libros era de más de cincuenta mil piezas de plata! Cuando la luz del Evangelio brilla en medio de la las tinieblas, éstas se retiran vencidas.

Hermano Pablo

sábado, 28 de noviembre de 2009

¡ALEGREM ENTE!

Lectura: Salmos 100.
"Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra" Salmos 100:1
El Salmo 100 es uno de los grandes cánticos de acción de gracias de la Biblia. Nos llama a darnos cuenta de que pertenecemos a Dios nuestro Hacedor (vv. 3-4) y a alabarle por Su bondad, misericordia y verdad (v. 5).
Sin embargo, durante una reciente lectura, quedé atónito ante una frase que habla de expresar agradecimiento de una manera tangible y de buen grado: «Servid a Jehová con alegría» (v. 2). Muchas veces mi servicio a Dios es más a regañadientes que con alegría. Hago lo que considero mi deber, pero no estoy feliz al respecto.
Oswald Chambers puso el dedo en la llaga en cuanto a mi actitud desagradecida cuando dijo: «La voluntad de Dios es lo más alegre, brillante y abundante que podamos concebir, y sin embargo, algunos de nosotros hablamos de ella con un espantoso suspiro: 'Bueno, supongo que será la voluntad de Dios', como si Su voluntad fuera lo más calamitoso que pudiera acontecernos... nos convertimos en llorones espirituales y hablamos patéticamente acerca de 'padecer la voluntad del Señor' ¡Dónde está la vitalidad majestuosa y el poder del Hijo de Dios en cuanto a eso!»
El verdadero agradecimiento es más que estar agradecido por lo que poseemos. Es una actitud que cala en nuestra relación con el Señor para que podamos servirle con alegría y gozo.
Para el cristiano, la acción de gracias no es cosa de tan sólo un día sino una forma de vida.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿ESTA DIOS ENCENDIENDO SUS LAMPARAS?

“Una calurosa tarde de verano, se cubrió el cielo repentinamente de negras nubes y pronto el vívido resplandor de los relámpagos anunciaba una tempestad que se aproximaba. Retumbó el trueno en las alturas y el relámpago en zigzag resplandecía con siniestro brillo.
La señora Moreno estaba en pie al lado de la cama de su niñito de cinco años, que estaba observando cómo los relámpagos jugueteaban alrededor de su cama.
Como los relámpagos se sucedían uno tras otro, la señora se puso temerosa; entonces su niñito se volvió a ella, y mirándola con sus grandes ojos azules, le dijo: “¿Verdad que es brillante, mamá? ¿Está Dios encendiendo sus lámparas?”
El corazón de la madre se enterneció con la pregunta del niño, y todo temor la abandonó; reconoció que era Dios en verdad el que permitía la tempestad, y que él podía proteger a sus hijos en medio de ella. La confianza de su hijito había reprendido sus temores.
La fé de un niño puede enseñarnos que realmente Dios nos cuida. Los adultos somos propensos al temor mientras un niño puede descansar tomado de la mano con Dios. Que hoy podamos confiar en Dios como un niño.
Salmo 131:1-3
En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma.
Marcos 10:15
Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él.”

EL PUENTE DE AMOR

Los padres de Luis vivían en la playa de un hermoso lago de Suiza. Su padre trabajaba en el lado opuesto. Un día Luis y su hermano fueron a través del lago al encuentro de su padre. La madre les vigilaba desde la ventana. Todo iba bien, pero de repente se dio cuenta de que el hielo sobre el cual andaban estaba partido. El hermano mayor saltó fácilmente al otro lado, pero la madre exclamó sollozando desde la ventana: "¡El pequeño! El pequeño no puede saltar". Entonces vio como el hermano mayor extendía su cuerpo entre los dos hielos y el pequeño pasaba por encima de él.

¿No es esto lo que Cristo hizo con su propio cuerpo? Lo puso como puente por el cual el hombre pudiera llegar hasta Dios.

GRACIAS

ATRAPA Y SUELTA

Lectura: Romanos 6:16-23.
“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” Juan 8:34
Soy un pescador del tipo «atrapa y suelta», lo que significa que no mato a las truchas que pesco, sino que las atrapo con una red, las trato delicadamente y las libero. Es una técnica que garantiza la «sostenibilidad», como les gusta decir a los conservacionistas, y evita que las truchas y otras especies objetivo desaparezcan en aguas de pesca industrial.
Rara vez libero una trucha sin recordar las palabras de Pablo acerca de aquellos que «están cautivos» en el lazo de Satanás para hacer su voluntad (2 Timoteo 2:26), por cuanto sé que nuestro adversario el diablo no atrapa y suelta sino que captura para consumir y destruir.
Puede que pensemos que podemos pecar deliberadamente de una manera limitada por un corto periodo de tiempo y luego librarnos. Pero, tal y como Jesús nos enseña, «Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8:34). Incluso los «pecaditos» llevan a una cada vez mayor falta de rectitud. El pecado se convierte en la consecuencia del pecado. Nos encontramos atrapados y esclavizados y, al igual que una trucha desafortunada, no podemos zafarnos.
El pecado nos esclaviza. Pero, cuando nos rendimos en obediencia a Cristo y clamamos a Él pidiéndole la fortaleza para hacer Su voluntad, somos «liberados». El resultado es una mayor justicia (Romanos 6:16).
Jesús nos asegura: «Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Juan 8:36).
Cristo nos libera de la esclavitud del pecado hacia la libertad de la salvación.