jueves, 10 de septiembre de 2009

VÉRTIGO A TEMPRANA EDAD

Al bebé, de dieciocho meses de edad, lo llevaron al hospital. Estaba en estado comatoso. Presentaba grandes hematomas en la cabeza y golpes en diferentes partes del cuerpo. No pudieron salvarlo. Murió en las manos del médico.

Acto seguido, se dieron a la tarea de hallar al responsable de las heridas. No había duda de que la criatura había sido golpeada. Se trataba de homicidio.

Tras rondar un poco por el barrio de donde venía el bebé, encontraron al padre y a la madre. Los dos eran los culpables. La policía no dio a conocer sus nombres. Eran menores de edad; tenía dieciséis años él, y quince ella.

Aquí tenemos un caso de vértigo, de vertiginoso aturdimiento juvenil. Una pareja de adolescentes hace vida conyugal cuando él tiene sólo catorce y ella apenas trece años de edad. Pasan dos años y tienen un bebé porque, de todos modos, tienen la capacidad biológica para engendrar.

Pero un matrimonio así no puede funcionar sin caer en el vértigo. Las peleas son constantes. Los insultos vuelan como chispas. Y cada dos por tres se van a las manos. El bebé con sus inocentes llantos contribuye a agravar la situación, y en cierto momento, ciego de rabia, el padre agarra un bate de béisbol y le da en la cabeza. Vértigo. Aturdimiento vertiginoso, producto de la impaciencia juvenil.

Todo se ha vuelto locura. Hay violencia por todos lados. Hay frenesí de fiestas. Hay delirio de danzas. Hay furia de drogas. Hay enloquecimiento de pasiones. Hay torrentes de discordias.

Podríamos seguir multiplicando las metáforas, pero la verdad está ahí, y es pasmosa. El mundo está en vértigo y no hay quien lo rescate. ¿Por qué se pusieron a vivir juntos dos adolescentes que recién estaban emplumando? ¿Dónde estaban los padres de estos jóvenes? ¿Quién bendijo esa unión?

El vértigo arrebata a nuestros hijos cada vez más temprano. La adolescencia comienza a los diez años. La juventud se quema a los veinte. A los treinta, hombres y mujeres están hastiados de todo, y a los cuarenta, si sobreviven a las inclinaciones suicidas, se hunden en el remolino de esta loca vida.

Lo que el ser humano necesita es paz. Paz en el alma. Paz en la mente. Y esa paz sólo Dios la da. Cuando permitimos que Cristo sea nuestro Salvador, la vida adquiere un ritmo normal. El corazón se calma, la conciencia descansa, el espíritu se serena, y entonces encontramos la paz. Sólo Cristo puede librarnos del vértigo de la vida. Entreguémosle nuestro corazón. Él quiere darnos su paz.

Hermano Pablo

miércoles, 9 de septiembre de 2009

ESCUCHA SU CLAMOR

Lectura: Éxodo 22:22-24.
“A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a Mí, ciertamente oiré Yo su clamor” Éxodo 22:22-23
El canal de noticias CNN informó recientemente que hay unos 40 millones de viudas en la India. Quince mil de ellas viven en las calles de la ciudad de Vrindavan, en el norte de dicho país. Desafortunadamente, muchas de sus familias no escuchan el clamor de estas mujeres. Una viuda de 70 años dice: «Mi hijo me dice: 'Has envejecido. ¿Ahora quién te va a alimentar? Vete'». Ella clama: «¿Qué hago? Mi dolor no tiene límite».
Cuando Dios dio a Su pueblo instrucciones en el desierto, le dijo que tenía la responsabilidad de cuidar de las viudas y los huérfanos en el país (Éxodo 22:22-23). Los israelitas tenían que dejar algo de las cosechas en el campo para ellos y cada tercer año se recogía un diezmo especial para los necesitados. Dios esperaba que Su pueblo escuchara el clamor de los impotentes, defendiera sus derechos y se ocupara de ellos.
A los israelitas se les mandó que cuidaran de los demás como un recordatorio de su experiencia en Egipto. Cuando ellos estaban en problemas y clamaban a Dios, Él les escuchaba y les ayudaba. Así que su recuerdo de opresión y liberación tenía el propósito de moldear sus valores, actitudes y acciones hacia los débiles del país (Deuteronomio 24:18-22).
Imitemos a nuestro Padre escuchando el clamor de los necesitados en nuestro mundo.
Cuanto más cerca estés de Dios, tanto más te compadecerás de los demás.

COMO HACERSE RICO

Encuentro interesante que Jesús enseñara acerca del dinero más que cualquier otra cosa. Y no estaba tratando de hacerse rico poco a poco. Hasta donde sabemos, ni siquiera pidió una ofrenda.

La razón por la que hizo una enseñanza tan extensa sobre este tema es que nada obstruye nuestras arterias espirituales con mayor rapidez que el dinero —ya sea por trabajar para tener mucho o por desear tenerlo.

Piensa en el hombre que descaradamente Le pidió a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia» (Lucas 12:13). ¡Asombroso! Tuvo una oportunidad de «ir a fondo» con Jesús, pero, en vez de ello, quería los bolsillos llenos hasta el fondo.

Jesús respondió con una declaración contundente y que iba contra lo que se intuía: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (v.15). Prosiguió contando la parábola de un hombre rico que era tremendamente exitoso desde un punto de vista mundano —con tantas cosechas que tenía que construir graneros más y más grandes— pero que, a los ojos de Dios, era en realidad un «necio». No porque fuera rico, sino porque no era rico hacia Dios.

Escucharás muchos consejos acerca de cómo hacerte rico. Pero sólo Jesús nos lo dice con franqueza. No se trata de dinero. Se trata de las riquezas de nuestra relación con Él y el gozo de convertir nuestra codicia en generosidad. —JMS

Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. —Lucas 12:15

martes, 8 de septiembre de 2009

DIARIO DE UNA JOVEN ASESINA

Era su librito de apuntes diarios, apuntes que iba haciendo, cada día, una joven de catorce años de edad. ¿Qué cosas podría escribir en ese diario? Cosas juveniles: impresiones de muchachos, actividades de colegio, paseos, fiestas.

Pero un día, justamente el primero de enero, la joven escribió: «Querido diario: Es principio de año, y ya no aguanto más. Tengo que quitarme de encima una carga que ya no puedo llevar. Yo maté a mi hermanita.»

El diario sigue narrando: «Fui hasta su cuarto y le dije que la quería mucho. Cubrí, entonces, su boca, y la sofoqué. Tú, mi querido diario, eres a quien primero le cuento. Gracias. Ahora me siento mejor.»

Ya hacía cinco meses que esta adolescente había matado a su hermanita de cuatro años de edad. Cuando hallaron el cuerpo de la chiquita, el médico forense determinó que era «muerte por asfixia traumática». La investigación no produjo ningún resultado. Pero sucedió que los padres de la hija mayor descubrieron su diario.

Por más que querramos callar la voz de nuestra conciencia, no podemos. Tarde o temprano su grito se oirá.

¿Qué está pasando en los hogares, en las familias, en los adolescentes? Esta joven no carecía de nada. Tenía buenos padres, buena casa, buen colegio, buenos amigos, buena ropa, buen calzado, buenas cosas. ¿Por qué, de un modo sorpresivo y brutal, mató a su hermanita?

En parte tiene que ver con la violencia que los adolescentes ven en la televisión, la cual se va acumulando en su psiquis. Cuando ésta se llena a más no poder, el adolescente no tarda en poner en práctica más de alguna de esas cosas.

Tampoco se descarta la posibilidad de los contactos con sectas extrañas. Lo que padres incautamente podrán llamar «chifladuras de adolescentes» puede que sean relaciones, incluso satánicas, cosa que está más extendida de lo que parece.

La fuerza moral más potente del mundo está en Jesucristo. Si nosotros, como padres, descuidamos nuestra propia vida espiritual, con eso dirigimos a nuestros hijos por el camino de la perdición.

Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida. Tanto nosotros como nuestros hijos necesitamos ese poder. Sólo Cristo nos pone a salvo de toda fuerza maligna. Él desea ser nuestro Señor. Coronémoslo Rey de nuestra vida hoy mismo.

Hermano Pablo

JESUS TE AMA

ALTAR FAMILIAR

A menudo, las oraciones nocturnas se limitan a recitar un poema o repetir una pequeña oración memorizada. Sin embargo, estas pueden convertirse en devociones familiares, si la familia completa se reúne, al lado de la cama del hijo que se acueste primero.
Cada miembro de la familia hace una sincera oración espontánea e improvisada. Uno o dos versos de las Escrituras, pueden ser leídos antes de ese tiempo. La idea no es que el niño sea obediente al decir una oración antes de dormir, sino que el corazón del chico se una al de Dios y al de cada miembro de la familia.
Las oraciones espontáneas e improvisadas, invitan al chico a compartir su corazón con el Señor. Cuando cada miembro de la familia ora, el niño puede vislumbrar el alma de ellos y aprender del ejemplo, cómo relacionarse con Dios, ofrecerle alabanza, y cómo exponer sus peticiones a un Padre amoroso.
Concluye esta noche con un altar familiar. Aun cuando no tengas hijos, es una oportunidad para pasar tiempo con tu Padre celestial y poner en orden el caos del día. Él te ayudará a situar las cosas en su debida perspectiva, para que puedas dormir en paz.
Mateo 6:6
Más tú, cuando ores… ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

CUMPLIDOS RECIBIDOS AQUI

“Y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” 1 Corintios 4:5
El artista Tom Greaves sabe cómo hacer cumplidos. Diseñó una caja de brillantes rayas rojas y blancas para una exhibición de arte en Washington, DC., llamada «La Máquina de los Cumplidos». Cuando la gente pasa por su lado, la máquina reparte cumplidos provenientes de un iPod interno. Dice cosas tales como, «tienes lindos ojos», «qué bien hueles» y «a las personas les atrae tu energía positiva».
Greaves no dirá que su motivación para haber creado la caja es otra que una respuesta a la cultura de sacarina en la que todos son especiales y no se critica a nadie, sin importar cómo se comporten las personas.
A todos nos encanta escuchar un cumplido de vez en cuando; por supuesto, si es auténtico. Tener la aprobación o la admiración de los demás nos hace sentirnos bien con nosotros mismos -al menos por unos cuantos minutos. Sin embargo, el apóstol Pablo consideraba lo que los demás pensaran de él o incluso lo que él pensara de sí mismo como «en muy poco» (1 Corintios 4:3). Él dijo, «el que me juzga es el Señor» (v. 4). Él sabía que un día nuestros corazones serán revelados «y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios» (v. 50).
No podrá haber mayor cumplido que el que recibiremos de nuestro Padre celestial cuando nos encontremos con Él: «Bien, buen siervo y fiel» (Mateo 24:23).
El trabajo bien hecho para Cristo recibirá un “bien hecho” de parte de Cristo.