domingo, 5 de julio de 2009

DETÉNGANME, ANTES QUE MATE OTRA VEZ


«Deténganme, antes que mate otra vez.» No eran los pensamientos de un asesino en potencia. Tampoco eran las palabras pronunciadas por un maniaco homicida hablando por teléfono con las autoridades. Ni era la súplica de un reo a los guardias de turno de la cárcel en que había estado encerrado porque ya no soportaba la vida al otro lado de las rejas. «Deténganme, antes que mate otra vez» es la frase que un criminal escribió en una pared con lápiz labial. Al hacerlo, se apoyó en la pared y dejó la huella de su mano, que condujo a su captura como sospechoso en el homicidio de una atractiva trigueña en un hotel de Nueva York.

La policía anunció que Hugh Kelly, un joven de diecinueve años de edad, fue detenido en relación con la muerte de Dolores Anderson. Al joven Kelly lo arrestaron al comprobar que sus huellas digitales correspondían a las dejadas en la pared. A la larga, el único indicio que orientó la investigación oficial del homicidio fue esa huella de su mano.

La pregunta que no podemos dejar de hacernos es esta: ¿Por qué quiso aquel joven que lo detuvieran aun cuando sabía que eso podía dar como resultado cadena perpetua? La respuesta, sin duda, tiene que ver con la lucha que se libra, dentro de cada uno de nosotros, entre la naturaleza pecaminosa y el Espíritu.

El apóstol Pablo describe esa lucha interna con el pecado en estos términos: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero....

»Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?»1

Ahora bien, si el venerado apóstol se encontró en semejante callejón sin aparente salida, ¿qué esperanza hay para nosotros? «Gracias a Dios —concluye aquel compañero de armas espirituales— por medio de Jesucristo nuestro Señor... ya no hay ninguna condenación... pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte»2

¿Qué esperamos, entonces? Acudamos a Cristo, como nos recomienda San Pablo, y digámosle: «Detenme, antes que peque otra vez. Y si caigo y vuelvo a pecar, perdóname y ayúdame a volver a levantarme, cada vez más fuerte en el poder de tu Espíritu.»

Carlos Rey

Ro 7:18-19, 21-24

Ro 7:25; 8:1,2

UNA CITA FINAL

Lleno de angustia y tristeza, pero sereno, el joven subió a su auto. Tenía una cita urgente. A las seis de la tarde, en la glorieta de la Fuente de Agua en la Avenida Palma de la Ciudad de México, tenía un último encuentro con su novia.

Lanzó su auto a toda velocidad. Corrió sin mirar el velocímetro, ni altos ni luces rojas. Al acercarse a la glorieta, divisó a la joven. El sólo verla acrecentó su dolor. Acelerando el vehículo a gran velocidad, se estrelló contra el monumento. El accidente fue horrible. El joven quedó muerto ahí mismo ante la mirada horrorizada de la mujer que lo había abandonado.

Las crónicas periodísticas traen de todo. Esta vez fue una historia romántica pero triste. Un joven, cuyo nombre no recogió la crónica, le pidió a su novia, que lo había dejado, una última cita. Una cita de despedida. Una cita que habría de ser la definitiva. Y, en efecto, fue la definitiva, porque incapaz de soportar el desengaño, el joven, en la forma más drástica, puso fin a sus días.

Muchas veces ocurren tragedias como esta en la problemática y azarosa vida humana. Cuando más creemos haber encontrado la completa felicidad, descubrimos que todo fue una ilusión, y la decepción nos mata. Cuando pensamos que ya tenemos la fortuna en las manos, algo nos hace perderlo todo y nos reduce a la pobreza. Cuando creemos alcanzar el triunfo artístico, o deportivo o político, nos vemos de pronto paladeando el amargo sabor de la derrota.

¿Qué hacer en esos momentos? ¿Cómo sobrellevar esas decepciones?

Muchos se entregan a la desesperación. Echan mano del veneno, o de la horca o de la pistola, y acaban con su vida. Otros se sumergen en un pozo de alcohol o de droga. Otros se vuelven eternos resentidos y amargados. Y aún otros entran en un profundo e interminable período de depresión.

¿Serán éstas las únicas opciones ante el fracaso? No, hay otra. Es la opción espiritual. Aun en medio del más espantoso fracaso o de la más triste decepción, siempre queda Dios.

Jesucristo, el Señor viviente, es el Salvador de los fracasados. Él está cerca de cada persona necesitada que invoca su presencia. Y Él está cerca de cada uno en este mismo momento.

Clamemos a Cristo. Él nos responderá y nos levantará de la desesperación. Él nos dará la misma victoria que les ha dado a muchos otros, porque nunca falla. Cuando toda otra supuesta solución ha fracasado, siempre queda Dios.

Hermano Pablo

TERCER CIELO - LLUEVE



Colaboración de la hermana Estela Mar.
Y de parte de los que hacemos el blog muchas gracias por colaborar y que Dios te bendiga mas abundantemente.

jueves, 25 de junio de 2009

EN CARNE PROPIA

¡Cómo nos ingeniábamos para atrapar a los animales del bosque.Señuelos, silbatos, trampas, rejas, canastos tejidos en las caídas de agua para atrapar los peces.
Éramos chicos felices en medio de una naturaleza fértil y con riquezas naturales por todo el bosque.
Una de mis habilidades favoritas, era la de colocar trampas en el bosque.Con cuidado investigaba los caminos de los conejos, las liebres, los coipos o los zorros y, una vez convencido de su hábitat, montaba y disimulaba las trampas en el camino.
Luego, al otro día, tomaba mi bicicleta, y me internaba por los senderitos del bosque a revisar mi trabajo.
Un día, ¡qué fastidio! La cadena de mi bicicleta se cayó de sus engranajes; la coloqué y luego volvió a caer. Entonces molesto, volví a montarla en la punta del engranaje y dí una vuelta con fuerza al pedal para que se instalara completamente, pero, sea por mi apuro, por mi ira, o porque Dios quería darme una lección, mis dedos no alcanzaron a salir y ahí quedé con los dientes del engranaje enterrados en mis falanges. Mi bici era de freno al pedal, no podía volverla atrás, estaba solo, y mi única esperanza era dar una vuelta completa para liberar mis dedos en la otra punta. Así lo hice. Los pedazos de carne, quedaron entre los engranajes y la cadena. Mis huesos quedaron a la vista y, entonces pensé en los animalitos que yo cazaba con tanta alegría. Nunca mas coloqué una trampa. Yo experimenté en carne propia el dolor, supe lo que ellos sufrían y tuve compasión de ellos.
¿Entiendes querido amigo por qué nuestro Dios es diferente a todos los dioses ? Porque El fue tentado en todo según nuestra semejanza y, por eso, nos entiende y nos ama, y nos ayuda en nuestros dolores.Habla con El en una oración sencilla y verás que has encontrado un amigo que te entiende.
Osiel Ibáñez – Chile

Porque no tenemos un sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en según nuestra semejanza Hebreos 4:15

EN CUALQUIER MOMENTO,EN CUALQUIER LUGAR

Lectura: Efesios 2:11-19.
“Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” Efesios 2:18
Cuando Mike Marolt se encuentra fuera de la ciudad, entra a su computadora y sus archivos en su oficina por conexión remota. En un reciente viaje al extranjero, Marolt contestaba correos electrónicos y se mantenía en contacto con sus clientes usando su computadora portátil por medio de una conexión telefónica por satélite. Sin embargo, esta vez estaba sentado en una tienda de campaña en un campamento de base a 6 mil metros junto al Monte Everest. En estos días, ni siquiera eso nos sorprende porque nos hemos acostumbrado a la tecnología que ofrece acceso al resto del mundo en cualquier momento, en cualquier lugar.
También podemos desarrollar fácilmente una falta similar de asombro hacia la oración. ¿Hablar con Dios? «Por supuesto». No tenemos que esperar en línea, entrar en un edificio, o usar ropas elegantes. Podemos verter nuestros corazones delante de Dios en cualquier momento, en cualquier lugar. Es fácil perder el sentido de la maravilla de ello porque se ha vuelto algo muy familiar.
Pablo siempre parecía maravillarse ante la puerta abierta para entrar en la presencia de Dios. «En Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo» escribió. «Porque por medio de Él . . . tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:13, 18).
La puerta está abierta para todos. Dios les da la bienvenida a todos los que vienen por fe. Por medio de Cristo podemos entrar en Su presencia -en cualquier momento, en cualquier lugar. ¡Asombroso!.
No hay lugar ni momento en el que no podamos orar.

miércoles, 24 de junio de 2009

PLAGA UNIVERSAL DE DIVORCIOS

Vladimir y Ntieska, perdidamente enamorados, se dieron mutuamente el «sí» en un juzgado de Moscú. Antoine y Michelle, perdidamente enamorados, se dieron mutuamente el «sí» ante un juez en Basilea, Suiza. Steve y Melody, perdidamente enamorados, se dieron mutuamente el «sí» en un juzgado de Los Ángeles, California. Y Kang y Tanako, perdidamente enamorados, se dieron mutuamente el «sí» ante un juez en Osaka, Japón.

Antes de cumplirse el año de casados, Vladimir y Natieska, Antoine y Michelle, Steve y Melody, y Kang y Tanako —los ocho— se estaban divorciando en un juzgado en sus respectivos países: Rusia, Suiza, Estados Unidos y Japón.

«Dos de cada tres parejas se divorcian antes del año de casados en esos países —revela una ominosa estadística—, y la mayor causa del divorcio es el aburrimiento, acompañado de infidelidad y desavenencia.»

La causa de estos divorcios no era la pobreza: todas las parejas tenían buenos medios de subsistencia. Tampoco era la enfermedad: todas eran personas sanas, dadas al deporte. Ni era las diferencias ideológicas: todas creían lo mismo antes de casarse.

Tampoco tenía nada que ver la religión. Los rusos eran ateos, los suizos eran católicos, los norteamericanos eran protestantes, y los japoneses eran sintoístas. La religión de cada pareja no influyó de manera decisiva en su divorcio.

El problema fundamental —según afirman los psiquiatras y los sociólogos— es el aburrimiento, un aburrimiento fatal que empieza a invadir a las jóvenes parejas al mes de casados cuando comienzan a pasar tres o cuatro horas cada noche mirando juntos, insulsos, vacíos, rutinarios y aburridos programas de televisión.

¿Es la televisión un enemigo declarado de la felicidad matrimonial? Muchos psicólogos dicen que sí. Nuestros abuelos no tenían radio ni televisión, se alumbraban con velas, engendraban familiones enormes, y sin embargo nunca pensaban en el divorcio.

No obstante, las parejas jóvenes no necesitan volver a las velas de sebo y las lámparas de queroseno. Tienen en Cristo una fuente permanente e inagotable de vida, salud, dicha y satisfacción. Y con eso no caerán nunca en el aburrimiento, ni en la discordia ni en la infidelidad, y alejarán para siempre de su hogar el fantasma del divorcio.

Hermano Pablo.

ENSEÑANZA

“La enseñanza del sabio es fuente de vida, para apartarse de los lazos de la muerte.” Proverbios 13:14

Leí una historia de un médico que plantaba árboles. Su vecino lo venía cada semana plantando nuevos retoños. Pero pocas veces veía que los cuidaba, regaba o vigilaba su crecimiento. Durante meses, vio el accionar de su vecino, hasta que intrigado, le consultó: « ¿Por qué es que dedica tanto tiempo a plantar árboles y pocas veces riega los retoños o cuida las plantas que están creciendo? » y el médico le respondió: «Porque si lo hiciera, en lugar de beneficiarlos, los estaría dañando a futuro.

Si yo regara los retoños, acostumbraría a la planta a buscar agua en la superficie y no crecería para abajo. Sus raíces no se introducirían en la tierra y perderían profundidad. Y cuando las tormentas vengan, no podrán sostenerse. Es cierto que mi técnica les hace más difícil su vida, pero lo que es un sacrificio en estos primeros años, redundará en beneficios en el futuro.»

El vecino por cuestiones de trabajo tuvo que viajar a otro país, se quedó a vivir por más de veinte años. Pasado ese tiempo, regreso a su país de origen y quiso visitar su viejo barrio. Cuando llegó, no lo reconoció. Había un enorme bosque que antes no existía. El médico había hecho bien su trabajo. Pero notó algo más. Era un día muy destemplado, frío, con mucho viento y lluvia. Y muchos de los árboles del bosque se doblaban sin poder resistir el fuerte viento.

Sin embargo, los árboles que el médico había plantado en el parque de su casa, estaban todos erguidos y derechos. Resistían el fiero viento con hidalguía y robustez. Se notaba que tenían raíces bien profundas.

Dios no es malo cuando permite que la vida nos golpee. Igual que el médico, quiere fortalecer nuestras raíces para que podamos resistir las tormentas que van a venir. No se puede vivir siempre en el limbo de la despreocupación. Tarde o temprano la angustia, el dolor, el sufrimiento o la inquietud golpea la puerta de nuestra vida.

Para que el viento de la duda no derribe tu vida, Dios desea enseñarte en la aflicción cotidiana. Su enseñanza es fuente de vida. Lejos de querer destruirte, Él quiere fortalecerte para que puedas resistir de pie.

REFLEXIÓN -
Seguir firme tiene un costo, podéis pagarlo.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany