vino como siempre acompañado con su mujer y sus dos hijas
desde este blog queremos darle gracias a Dios por sus vidas
Ella era una osa, una enorme osa gris, del Parque Nacional de Montana, Estados Unidos. Cuando se ponía de pie, medía fácilmente dos metros y medio.
Él era Dean Lengkeek, un hombre de sesenta y cuatro años de edad que, acompañado de su esposa, tomaba un paseo por ese parque. El paseo era por un sector del bosque de pinos en la ladera de la montaña.
Cuando Dean y su esposa Lorraine estaban extasiados contemplando la creación de Dios, la osa atacó. Agarró al hombre con sus dientes y lo zamarreó como un trapo viejo. Dean y Lorraine hicieron lo que para ellos era normal: clamaron a Dios.
Nadie pudo comprobar científicamente qué fue lo que provocó la siguiente acción de la osa, pero ésta, de repente, soltó a Dean y se perdió en el bosque. Llevaron a su víctima al hospital, donde tuvieron que darle 200 puntadas. Su carne había sido desgarrada en todas partes. Lo que es cierto es que no quedó ninguna duda en la mente de Deane y de su esposa Lorraine de que fue Dios quien intervino para salvarle la vida.
Jesucristo caminaba un día por las calles de Jericó cuando dos ciegos que lo seguían le gritaron:
—¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!
Jesús les preguntó:
—¿Creen que puedo sanarlos?
—Sí, Señor —le respondieron.
Entonces Cristo les tocó los ojos y les dijo:
—Se hará con ustedes conforme a su fe.
En ese momento, dice el relato Bíblico, recobraron la vista (Mateo 9:27?30).
Así como con aquellos ciegos, se hará con nosotros conforme a nuestra fe. Si tenemos una relación establecida con el Señor, si Él vive en nuestro corazón, si estudiamos con interés su divina Palabra, si hablamos con Él diariamente por medio de la oración, si lo conocemos como amigo y sabemos que Él nos conoce a nosotros del mismo modo, podemos pedir de Él lo que necesitamos y saber que si lo que pedimos está dentro de su voluntad, lo tendremos. Y si no, podemos estar seguros de que Él sabe lo que nos conviene.
Para el que vive cerca de Dios, no hay ni temor ni desconfianza en clamar a Él cuando nos azotan las adversidades de la vida. Dios es un Padre amante que cuida de sus criaturas. Por eso siente compasión por nosotros cuando clamamos a Él. Esa confianza es nuestra cuando existe una genuina amistad entre Él y nosotros. Si esa relación no existe, no podemos clamar con fe. Pero Él nos invita, hoy mismo, a que le entreguemos nuestro corazón. Cristo quiere ser nuestro amigo.
Hermano Pablo.
Los Peregrinos que celebraron la primera acción de gracias en Plymouth en 1621, habían salido de Inglaterra para Holanda en 1608, perseguidos por sus creencias religiosas. En 1620 decidieron zarpar para la Colonia Virginia.
Al llegar a Plymouth, Massachussets, conocieron al indígena Squanto, quien les ayudó a sobrevivir el crudo invierno. Muchos murieron debido a la pulmonía y el escorbuto.
Al cosechar su primer maíz decidieron hacer una fiesta para celebrar. Los soldados desfilaron, tocaron trompetas, y dispararon cartuchos en blanco.
Invitaron a 90 indígenas, quienes compitieron con ellos en carreras y saltos, y llevaron cinco ciervos para la comida, que incluía pato, ganso, venado, mariscos, pan blanco, pan de maíz, y verduras. Según la historia, en esta primera celebración no se incluyó el pavo, ni la salsa de arándano, ni la torta de calabaza, que son los platos favoritos del Día de Acción de Gracias moderno.
Desde 1621 hasta 1863 se celebró esporádicamente y en distintas fechas, y por ser una celebración religiosa, algunos gobernadores consideraban que decretarla era interferencia estatal en la religión. Aunque el presidente Washington había emitido una proclama en 1789, fue el presidente Lincoln quien decretó el feriado nacional durante la Guerra Civil.
Esta fiesta se aprovecha para hacer grandes reuniones familiares. Por la mañana se acostumbra ver por televisión el gran desfile del Almacén Macy’s en Nueva York, el cual incluye bombas gigantescas, carrozas, bandas, figuras de los personajes más conocidos por los niños, y hasta Papá Noel, pues para muchos esta fecha marca el principio de la época navideña.
Las familias se reúnen para una comida opípara que incluye el pavo relleno, las batatas, la salsa de arándano, el puré con salsa de carne, el pan de maíz, la cebolla en salsa blanca, la torta de calabaza, y los pasteles de carne picada con frutas. Por la tarde se ven partidos de fútbol americano en estadios o por televisión. Los deportes han sido parte importante de esta celebración desde el principio.
Lo más importante de esta fecha es el enfásis que se ha puesto a los largo de los años, sobre la importancia de ser agradecidos. Agradecimiento es un elemento vital en la vida humana. Nunca dejes que se pierde el agradecimiento en tu vida.
Dad gracias al SEÑOR, invocad su nombre;dad a conocer sus obras entre los pueblos. 1 Crónicas 16:8
Y han de estar presentes cada mañana para dar gracias y para alabar al SEÑOR, y asimismo por la noche. 1 Crónicas 23:30
La policía halló a la recién nacida, Ascensión Meléndez, tirada en la basura. La madre vivía en una habitación pobre, sin luz, sin calor, sin muebles y sin servicios higiénicos. Tres niños pequeños, sucios y sin ropa, jugaban en el piso. Y otra criaturita de diez meses estaba descuidada en un rincón.
Al detener los agentes a la madre, Jésica Chávez, de veinticinco años de edad, ella dijo: «¿Qué puedo hacer? No tengo trabajo, no tengo dinero, no tengo marido. Y mis hijos, como quiera, no tienen otro destino que la basura.»
Cinco hijos. Cinco hermanos. Cinco niños. Todos con un solo destino: la basura. Así reflexiona esta pobre madre de apenas veinticinco años de edad.
El confrontarse con situaciones como ésta confunde a muchos. Cuando una madre siente que tiene que tirar sus hijos a la basura porque no tiene lo necesario para cuidar de ellos, algo en nuestra sociedad anda mal.
¿Quién tiene la culpa? ¿Será culpable la sociedad materialista, fría e implacable? ¿Será culpable el machismo, que tiene a la mujer sólo como un utensilio de placer y abuso? ¿Será culpable una religión sin fuerza espiritual, que sólo ofrece ceremonias inertes y creencias vacías? ¿Será culpable la familia, que no le da a los hijos la fuerza moral para vencer en la vida?
Lo más fácil, pero también lo más deshonesto, es buscar a quién echarle la culpa. Racionalizaciones y criterios hay muchos. Los gobiernos deben cuidar de sus pobres. Son muchos los necesitados y no hay manera de resolver los problemas de todos. Los hombres deben dejar el vicio y trabajar para que no exista tal indigencia. La vida es así, y nadie va a cambiarla.
Estas, y otras muchas razones como ellas que sólo son excusas, son las que pretendemos dar, y con esto aparentamos no ser responsables.
Un niñito andaba por la playa tirando de vuelta al mar, una por una, bastantes estrellas de mar que se habían encallado. Alguien le dijo:
—¿Crees tú que con eso podrás marcar una diferencia?
El niño miró al pez que tenía en la mano y contestó:
—Para éste sí.
Y con eso lo regresó al agua.
No seamos indiferentes ante el dolor del mundo. Si no fuera por la gracia de Dios, así seríamos todos. Tengamos compasión. Si no podemos solucionarlo todo, cuando menos resolvamos el problema del que está cerca de nosotros. Nosotros somos las únicas manos que Dios tiene en esta tierra. Hagamos lo que está a nuestro alcance.
HermanoPablo
La policía halló a la recién nacida, Ascensión Meléndez, tirada en la basura. La madre vivía en una habitación pobre, sin luz, sin calor, sin muebles y sin servicios higiénicos. Tres niños pequeños, sucios y sin ropa, jugaban en el piso. Y otra criaturita de diez meses estaba descuidada en un rincón.
Al detener los agentes a la madre, Jésica Chávez, de veinticinco años de edad, ella dijo: «¿Qué puedo hacer? No tengo trabajo, no tengo dinero, no tengo marido. Y mis hijos, como quiera, no tienen otro destino que la basura.»
Cinco hijos. Cinco hermanos. Cinco niños. Todos con un solo destino: la basura. Así reflexiona esta pobre madre de apenas veinticinco años de edad.
El confrontarse con situaciones como ésta confunde a muchos. Cuando una madre siente que tiene que tirar sus hijos a la basura porque no tiene lo necesario para cuidar de ellos, algo en nuestra sociedad anda mal.
¿Quién tiene la culpa? ¿Será culpable la sociedad materialista, fría e implacable? ¿Será culpable el machismo, que tiene a la mujer sólo como un utensilio de placer y abuso? ¿Será culpable una religión sin fuerza espiritual, que sólo ofrece ceremonias inertes y creencias vacías? ¿Será culpable la familia, que no le da a los hijos la fuerza moral para vencer en la vida?
Lo más fácil, pero también lo más deshonesto, es buscar a quién echarle la culpa. Racionalizaciones y criterios hay muchos. Los gobiernos deben cuidar de sus pobres. Son muchos los necesitados y no hay manera de resolver los problemas de todos. Los hombres deben dejar el vicio y trabajar para que no exista tal indigencia. La vida es así, y nadie va a cambiarla.
Estas, y otras muchas razones como ellas que sólo son excusas, son las que pretendemos dar, y con esto aparentamos no ser responsables.
Un niñito andaba por la playa tirando de vuelta al mar, una por una, bastantes estrellas de mar que se habían encallado. Alguien le dijo:
—¿Crees tú que con eso podrás marcar una diferencia?
El niño miró al pez que tenía en la mano y contestó:
—Para éste sí.
Y con eso lo regresó al agua.
No seamos indiferentes ante el dolor del mundo. Si no fuera por la gracia de Dios, así seríamos todos. Tengamos compasión. Si no podemos solucionarlo todo, cuando menos resolvamos el problema del que está cerca de nosotros. Nosotros somos las únicas manos que Dios tiene en esta tierra. Hagamos lo que está a nuestro alcance.
HermanoPablo